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Full text of "「 Osterhammel, Jürgen & Jansen, Jan C.」 Colonialismo ( Siglo XXI)"

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Jürgen  Osterhammel 
Jan  C.  Jansen 


Colonialismo 

Historia,  formas,  efectos 


StGLO 


>83 


Siglo  XXI  /  Serie  Historia 


Jürgen  Osterhammel  y  Jan  C.  Jansen 

Colonialismo 

Historia,  formas,  efectos 

Traducciön:  Juanmari  Madariaga 

SIGLO 

m 

iTlMklmi 


El  ejercicio  del  dominio  colonial  tiene  una  ünica  direccion,  de  los 
poderosos  a  los  colonizados.  El  desplegado  por  los  europeos  -y,  en  la 
primera  mitad  del  siglo  XX,  tambien  por  norteamericanos  y  japoneses-  fue 
caracteristica  sobresaliente  de  la  historia  del  mundo  desde  la  Edad 
Moderna.  Todavia  hoy  perduran  las  devastadoras  implicaciones  y  terribles 
consecuencias  del  colonialismo,  y  por  ello  es  mäs  necesario  que  nunca  una 
revision  no  solo  de  su  evolucion  espacial  y  cronologica,  sino  que  urge  un 
anälisis  de  la  variacion  de  las  formas  y  estructuras  que  el  sistema  colonial 
adopto  a  lo  largo  de  la  historia. 

En  Colonialismo.  Historia,  formas,  efectos,  se  presentan  los  metodos  de 
conquista,  soberania  y  explotacion  economica,  formas  de  resistencia,  el 
surgimiento  de  sociedades  coloniales  especiales,  variedades  de 
colonizacion  cultural  y  de  pensamiento  tanto  en  colonias  como  en 
metröpolis.  Jürgen  Osterhammel  y  Jan  C.  Jansen,  en  la  presente  obra,  no 
solo  arrojan  luz  para  comprender  la  actualidad,  sino  que  nos  permiten 
desentrahar  la  responsabilidad  de  nuestras  sociedades  para  con  el  resto  del 
mundo. 

«Colonialismo  no  es  solo  una  lectura  fundamental  por  su  amplia 
cobertura  de  las  consecuencias  politicas,  economicas  y  culturales,  sino 
que  resulta  imprescindible  para  cualquier  estudio  de  enfoque 
poscolonial.» 

SHELLEY  WALIA,  PANJAB  UNIVERSITY 

«Este  trabajo  es  valioso  no  solo  porque  desbroza  la  discusion  sobre  el 
tema,  sino  tambien  porque  resulta  absolutamente  imprescindible  para 
ubicar  la  discusion  en  el  contexto  adecuado.» 

MARTIN  RUBIN,  WASHINGTON  TIMES 

«Osterhammel  nos  obliga  a  repensar  los  problemas  actuales  desde  una 
mirada  histörica.» 

JOSEBA  LOUZAO  VILLAR,  ABC  CULTURAL 

Jürgen  Osterhammel,  profesor  de  historia  modema  en  la  Universidad  de  Constanza,  es  autor,  entre 
otros  titulos,  de  El  vuelo  del  äguila:  El  mundo  actual  en  una  perspectiva  histörica  (2019),  Unfahling 
the  East:  The  Enlightenment  ’s  Encounter  with  Asia  (2018),  La  transformaciön  del  mundo:  Una 
historia  global  del  siglo  XIX  (2015),  Glohalization:  A  Short  Historv  (2005)  o  Max  Weber  and  His 
Contemporaries  (editado  junto  a  Wolfgang  J.  Mommsen,  1987). 


Jan  C.  Jansen,  investigador  asociado  en  el  Instituto  Alemän  de  Historia  en  Washington,  es  autor, 
junto  a  Jürgen  Osterhammel,  de  Dekolonisation.  Das  Ende  der  Imperien  (2013). 


Diseno  de  portada 
RAG 

Reservados  todos  los  derechos.  De  acuerdo  a  lo  dispuesto  en  el  art.  270  del  Codigo  Penal,  podran  ser 
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plagien,  distribuyan  o  comuniquen  püblicamente,  en  todo  o  en  parte,  una  obra  literaria,  artistica  o  cientlfica, 
fijada  en  cualquier  tipo  de  soporte. 

Nota  editorial: 

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Nota  a  la  edicion  digital: 

Es  posible  que,  por  la  propia  naturaleza  de  la  red,  algunos  de  los  vmculos  a  päginas  web  contenidos  en  el 
libro  ya  no  sean  accesibles  en  el  momento  de  su  consulta.  No  obstante,  se  mantienen  las  referencias  por 
fidelidad  a  la  edicion  original. 

Tltulo  original 

Kolonialismus.  Geschichte,  Formen,  Folgen 

©  Verlag  C.  H.  Beck  o  HG,  1995 

©  Siglo  XXI  de  Espana  Editores,  S.  A.,  2019 
para  lengua  espanola 

Sector  Foresta,  1 
28760  Tres  Cantos 
Madrid  -  Espana 

Tel.:  918  061  996 
Fax:  918  044  028 

www.sigloxxieditores.com 


ISBN:  978-84-323-1960-0 


I.  «COLONIZACIÖN»  Y  «COLONIAS» 


El  «colonialismo»  aparece  hoy  mäs  presente  incluso  que  hace  un  tiempo.  En 
varios  palses  se  han  experimentado  recientemente  acontecimientos 
particularmente  violentos  que  recuerdan  poderosamente  el  pasado  colonial[l]. 
Aspectos  significativos  como  la  heteronomla,  el  racismo,  la  usurpaciön  violenta 
y  la  apropiaciön  ilegltima  tambien  marcan  el  uso  metaförico  del  «colonialismo» 
en  la  polemica  politica.  Deträs  se  esconde  la  valoraciön  negativa  de  todo  lo  que 
estä  relacionado  con  el  «colonialismo».  Pero  «-.que  es  lo  que  hay  que  entender  por 
«colonialismo»  en  una  descripciön  por  principio  neutra?  ^Cuäles  son  las 
caracteristicas  de  ese  fenömeno  que  lo  distinguen  de  la  multitud  de  relaciones  de 
dominaciön  y  procesos  de  expansiön  conocidos  en  la  historia  mundial?  Con 
otras  palabras:  ^cömo  hacer  suficientemente  distintivo  el  concepto  histörico  de 
«colonialismo»?  /.Como  situarlo  en  relaciön  con  los  terminos  «colonizaciön», 
«colonia»,  «imperialismo»  y  «expansiön  europea»?  i Como  hay  que  afrontar  la 
peculiaridad  de  la  colonizaciön  moderna  y  de  la  formaciön  de  colonias  en  una 
primera  aproximaciön  conceptual? 

Los  historiadores  estän  muy  lejos  de  un  acuerdo  sobre  estas  cuestiones;  ni 
siquiera  se  han  molestado  mucho  en  aclararlas.  A  diferencia  del  «imperialismo», 
hay  pocas  investigaciones  histöricas  conceptuales  sobre  las  ideas  modernas  y 
contemporäneas  del  «colonialismo»;  no  aparece  siquiera  entre  los  119 
«conceptos  histöricos  bäsicos»  del  diccionario  de  O.  Brunner,  W.  Conze  y  R. 
Koselleck[2]:  no  existe  nada  comparable  a  los  textos  canönicos  de  las  «teorias 
del  imperialismo»;  y  un  intento  de  conceptualizaciön  critica  particularmente 
ingenioso  proviene  no  de  un  estudioso  de  la  expansiön  ultramarina  de  Europa, 
sino  del  historiador  de  la  Antigüedad  sir  Moses  Finlev[3].  Fue  precisamente  este 
conocedor  de  la  fundaciön  de  ciudades  y  la  construcciön  de  imperios  en  la 
Antigüedad  quien  alegö  en  favor  de  una  determinaciön  conceptual  precisa  del 
colonialismo  especificamente  moderno,  considerando  problemätica  la  traslaciön 
apresurada  de  los  conceptos  aplicables  a  la  Antigüedad  y  la  Edad  Media[4], 

En  algün  momento  entre  1500  y  1920,  aproximadamente,  la  mayoria  de  los 
espacios  y  pueblos  de  la  tierra  quedaron  bajo  el  control,  al  menos  nominal,  de  los 
reinos  europeos:  toda  America,  toda  Äfrica,  casi  toda  Oceania  y  -teniendo  en 
cuenta  tambien  la  colonizaciön  rasa  de  Siberia-  la  mayor  parte  del  continente 
asiätico.  La  realidad  colonial  era  abigarrada,  multifacetica,  rebelde  a  las 


presuntuosas  estrategias  imperiales,  caracterizada  por  las  condiciones  locales  en 
Ultramar,  por  las  intenciones  y  posibilidades  de  las  potencias  coloniales 
individuales,  por  las  grandes  tendencias  en  el  sistema  internacional.  El 
colonialismo  debe  contemplarse  desde  todos  estos  aspectos,  y  tambien 
directamente  desde  la  perspectiva  de  los  involucrados  y  afectados  a  nivel  local. 
Pero  incluso  si  se  simplifica  y  se  acepta  la  equiparaciön  convencional  entre 
colonialismo  y  polüica  colonial  (europca)£5J,  se  pierde  y  confunde  la 
complejidad  de  los  dispositivos  coloniales.  Hasta  el  mäs  completo  de  todos  los 
imperios  mundiales  modernos,  el  Imperio  britänico,  fue  el  resultado  del 
solapamiento  de  improvisaciones  y  adaptaciones  ad  hoc  a  circunstancias 
especiales  «on  the  spot»;  e  incluso  sobre  el  Imperio  colonial  frances, 
supuestamente  construido  de  acuerdo  con  el  patrön  mäs  cartesiano  posible,  pudo 
decir  uno  de  sus  historiadores  mäs  respetados:  «En  realidad,  solo  era  un  sistema 
colonial  sobre  el  papel»[6],  La  colonizaciön  es,  por  lo  tanto,  un  fenomeno  de 
colosal  ambigüedad. 


FORMAS  DE  EXPANSION  EN  LA  HISTORIA 

La  «colonizaciön»  se  refiere  a  un  proceso  de  conquista  y  apropiaciön  de 
tierras;  «colonia»,  a  un  tipo  especial  de  grupo  politico-social  de  personas;  y 
«colonialismo»,  a  una  relaciön  de  dominio  o  senorio.  La  base  de  los  tres 
conceptos  es  la  nociön  de  expansiön  de  una  sociedad  mäs  allä  de  su  espacio  vital 
tradicional.  Tales  procesos  expansivos  son  un  fenomeno  fundamental  de  la 
historia  mundial.  Se  producen  en  seis  formas  principales: 

1)  La  migraciön  total  de  pueblos  y  sociedades  enteras:  grandes  colectivos 
humanos,  en  principio  de  naturaleza  sedentaria,  por  lo  que  normalmente  no 
practican  grandes  traslados  como  los  cazadores  o  pastores  nömadas,  abandonan 
sus  asentamientos  tradicionales,  sin  dejar  aträs  una  parte  apreciable  de  la 
sociedad  matriz.  Esa  expansiön  suele  estar  relacionada  con  la  conquista  militar  y 
el  sometimiento  de  los  pueblos  de  la  regiön,  y  a  veces  tambien  con  su  expulsiön 
forzada.  Sus  causas  son  variadas:  superpoblaciön,  cuellos  de  botella  ecolögicos, 
la  presiön  de  vecinos  expansivos,  persecuciön  etnica  o  religiosa,  la  atracciön  de 
centros  de  civilizaciön  mäs  ricos,  etc.  Esa  migraciön  del  tipo  exodo,  conocida  en 
todos  los  continentes,  dio  lugar  a  menudo,  en  el  mundo  todavia  no  dividido  en 
Estados-naciön,  a  la  formaciön  de  nuevos  ämbitos  de  poder  de  duraciön  variable. 


Por  defmiciön,  no  son  colonias,  porque  no  se  remiten  a  un  centro  de  expansion 
original.  Las  migraciones  totales  son  raras  en  la  historia  de  los  siglos  XIX  y  XX; 
como  caso  especial  se  pueden  mencionar  las  deportaciones,  esto  es,  traslados 
obligados,  de  pueblos  enteros  bajo  el  estalinismo  a  principios  de  la  decada  de  los 
cuarenta  del  siglo  pasado.  Un  ejemplo  relativamente  tardio  de  migraciön 
colectiva  voluntaria  seria  el  de  los  boers  de  El  Cabo  hacia  el  interior  de 
Sudäfrica  en  el  Gran  Trek  (1834-1854),  con  la  subsiguiente  fundaciön  del  Estado 
Libre  de  Orange  y  la  Repüblica  de  Transvaal;  pero  no  se  puede  considerar  un 
caso  puro,  ya  que  la  mayoria  de  los  boers  siguieron  residiendo  en  la  colonia 
britänica  de  El  Cabo,  desvinculändose  del  grapo  de  emigrados  en  el  Gran  Trek. 

2)  Migraciön  individual  masiva,  la  cläsica  «emigraciön»  en  el  sentido  mäs 
amplio.  Individuos,  familias  y  pequenos  grupos  abandonan  sus  äreas  de 
residencia  original  por  motivos  principalmente  econömicos,  sin  intenciön  de 
retornar  a  ellas.  A  diferencia  de  la  migraciön  total,  las  sociedades  originales 
permanecen  estructuralmente  intactas.  La  migraciön  individual  suele  tener  lugar 
como  una  expansion  de  segundo  nivel  dentro  de  las  estructuras  politicas  y 
econömicas  mundiales  ya  establecidas.  Los  emigrantes  no  constituyen  nuevas 
colonias,  sino  que  se  insertan  de  diversos  modos  en  sociedades  multietnicas  ya 
existentes.  A  menudo  se  reünen  en  «colonias»  en  un  sentido  amplio,  enclaves 
socioculturales  que  preservan  su  identidad,  cuya  forma  mäs  desarrollada  es  la 
Chinatown  americana.  El  grado  de  voluntariedad  o  coacciön  en  tales 
migraciones  es  una  variable  a  considerar  dentro  de  este  tipo,  que  incluye  no  solo 
la  emigraciön  al  Nuevo  Mundo  y  diversas  colonias  britänicas  de  asentamiento 
durante  los  siglos  XIX  y  XX,  sino  tambien  la  migraciön  de  africanos  forzada  por 
la  trata  de  esclavos,  asi  como  el  «träfico  de  culies»  principalmente  chinos  en  la 
regiön  del  Pacifico  y  el  asentamiento  de  indios  en  Africa  Oriental  y  Meridional  y 
en  el  Caribe. 

3)  Colonizaciön  fronteriza.  En  la  mayoria  de  los  espacios  civilizados  se  conoce 
asi  la  ampliaciön  extensa  del  territorio  para  su  uso  humano,  desplazando  el 
limite  de  la  zona  poblada  («frontera»)  en  el  «desierto»  con  destino  a  la 
agricultura,  la  ganaderia  o  la  extracciön  de  minerales.  Tal  colonizaciön  estä 
intrinsecamente  ligada  al  asentamiento;  econömicamente  considerada,  se  trata  de 
un  traslado  de  los  factores  de  producciön  möviles  (mano  de  obra  y  Capital)  a  un 
lugar  donde  abundan  determinados  recursos  naturales [7].  Con  ese  tipo  de 
colonizaciön  rara  vez  se  trata  de  establecer  colonias  como  nuevas  unidades 


politicas,  ya  que  en  general  se  sitüan  junto  a  asentamientos  ya  existentes.  Un 
ejemplo  es  la  expansiön  paulatina  de  la  zona  de  cultivo  han  a  costa  de  la 
economia  pastoril  de  Asia  Central,  que  alcanzö  su  punto  culminante  durante  el 
siglo  XIX  y  a  principios  del  XX.  Sin  embargo,  dicha  colonizaciön  tambien 
puede  estar  asociada  secundariamente  con  nücleos  de  reasentamiento  en  el 
extranjero.  El  ejemplo  mäs  conocido  es  la  ampliaciön  del  territorio  colonizado 
en  el  continente  norteamericano  desde  su  costa  oriental.  La  tecnologia  industrial 
ha  acrecentado  enormemente  el  alcance  -y  el  efecto  destructivo  sobre  la 
naturaleza-  de  la  colonizaciön.  El  ferrocarril,  sobre  todo,  reforzö  el  papel  del 
Estado  en  un  proceso  que  histöricamente  habian  realizado  en  su  mayor  parte 
comunidades  no  organizadas  estatalmente.  La  colonizaciön  ferroviaria  mäs 
completa  dirigida  por  el  Estado  fue  la  de  la  Rusia  asiätica  desde  finales  del  siglo 
XIX[8J. 

4)  Colonizaciön  de  asentamiento  en  Ultramar.  Es  un  tipo  especial  de 
colonizaciön  fronteriza,  cuya  primera  manifestaciön  tuvo  lugar  en  el  movimiento 
colonizador  de  la  antigua  Grecia  (y  anteriormente  de  los  fenicios):  se  llevaba  a 
cabo  mediante  la  «siembra»  de  pequenos  nücleos  de  poblaciön  en  zonas  al  otro 
lado  del  mar  en  las  que  por  lo  general  solo  se  necesitaba  un  despliegue 
relativamente  pequeno  de  fuerza  militar.  Pero  no  solo  en  la  Antigüedad,  sino 
tambien  en  las  condiciones  de  principios  de  la  Era  Moderna,  la  logistica 
representaba  la  diferencia  decisiva  para  una  autentica  colonizaciön  fronteriza 
Continental.  La  distancia  inducia  a  que  de  la  colonizaciön  surgieran  autenticas 
colonias  en  el  sentido  no  solo  de  asentamientos  fronterizos,  sino  de  nuevas 
comunidades.  El  caso  cläsico  es  el  comienzo  de  la  colonizaciön  britänica  en 
America  del  Norte.  Los  grupos  fundadores  de  colonias  de  asentamiento 
-«plantaciones»  en  el  lenguaje  de  la  epoca[9]-  trataron  de  constituirse  como 
cabezas  de  puente  econömicamente  autosuficientes,  que  no  dependian 
existencialmente  de  la  protecciön  del  pais  de  origen  ni  del  comercio  con  el 
medio  ambiente  circundante.  El  territorio  se  consideraba  «despoblado»,  sin 
someter  a  la  poblaciön  indigena  y  sin  tratar  de  integrarla  en  un  estatus 
subordinado,  como  en  la  America  espanola,  sino  reprimiendola  violentamente  y 
superando  su  resistencia.  Los  häbitats  de  los  colonos  y  de  la  poblaciön  local 
quedaban  separados  territorial  y  socialmente.  A  diferencia  de  lo  sucedido  con  los 
romanos  en  Egipto,  los  britänicos  en  la  India  y  en  parte  los  espanoles  y 
portugueses  en  America  Central  y  del  Sur,  los  europeos  no  encontraron  en 
Norteamerica,  o  mäs  tarde  por  ejemplo  en  Australia,  sistemas  agricolas  eficaces 


cuyos  excedentes,  sometidos  a  tributo,  hubieran  podido  sostener  un  aparato 
militar  de  dominio,  por  lo  que  no  era  posible  traspasar  a  los  nuevos  senores  un 
gravamen  del  que  antes  se  hubiera  beneficiado  una  clase  privilegiada.  Ademäs, 
la  poblaciön  amerindia  era  poco  propicia  a  rendir  obligatoriamente  una 
productividad  minima  en  una  agricultura  de  tipo  europeo.  Esas  circunstancias 
dieron  lugar  a  un  primer  tipo  de  desarrollo  de  colonizacion  por  asentimiento  de 
una  poblaciön  agraria,  el  «neoingles»,  cuya  necesidad  de  mano  de  obra  se  cubria 
con  el  propio  crecimiento  vegetativo  y  mediante  la  incorporaciön  de  «sirvientes 
por  deudas»  europeos  («indentured  servants»),  desplazando  implacablemente  del 
territorio  colonizado  a  la  poblaciön  autöctona,  inservible  econömicamente  y 
demogräficamente  debil.  De  esa  manera  surgieron  en  torno  a  1750  en 
Norteamerica  -hasta  entonces  solo  alli  en  el  mundo  no  europeo-  äreas 
europeizadas  altamente  homogeneas  social  y  etnicamente,  como  nücleos  de  una 
construcciön  nacional  neoeuropea.  En  Australia,  con  la  particularidad  de  una 
migrraciön  al  principio  forzada  de  convictos,  y  mäs  tarde  tambien  en  Nueva 
Zelanda,  venciendo  la  fuerte  oposiciön  de  los  maories  indigenas,  los  britänicos 
siguieron  ese  mismo  modelo  de  colonizacion. 

Un  segundo  tipo  de  colonizacion  por  asentamiento  en  Ultramar  se  da  alli  donde 
una  minoria  politicamente  dominante  de  colonos  asentados  puede  arrebatar  - 
generalmente  con  la  ayuda  del  Estado  colonial-  las  mejores  tierras  a  la  mayoria 
indigena  que  tradicionalmente  las  cultivaba,  aunque  esta  siga  dependiendo  del 
producto  de  su  trabajo  y  compitiendo  con  los  recien  llegados  por  un  suelo 
escaso.  A  diferencia  del  tipo  «neoingles»,  los  colonos  de  este  segundo  tipo,  a  los 
que  se  puede  llamar  « africanos »  por  sus  manifestaciones  contemporäneas  mäs 
importantes  (Argelia,  Rhodesia,  Kenia,  Äfrica  del  Sur)  dependen 
econömicamente  de  la  poblaciön  indigena[10].  lo  que  explica  la  la  inestabilidad 
de  este  segundo  tipo.  Solo  la  colonizacion  europea  de  Norteamerica,  Australia  y 
Nueva  Zelanda  se  ha  convertido  en  irreversible,  mientras  que  en  las  colonias  de 
asentamiento  africanas  se  produjo  una  descolonizaciön  particularmente  violenta. 

Un  tercer  tipo  de  colonizacion  por  asentamiento  regula  el  suministro  de  fuerza 
de  trabajo  despues  de  la  expulsiön  o  aniquilaciön  de  la  poblaciön  original 
mediante  la  importaciön  forzada  de  esclavos  y  su  empleo  en  una  economia  de 
plantaciones  de  tamano  medio  o  grande.  Debido  al  lugar  en  que  se  dio  su 
manifestaciön  mäs  clara,  hablamos  del  tipo  «caribeno»,  aunque  tambien  se  dio, 
con  menor  preeeminencia,  en  la  Norteamerica  britänica.  Una  variable  importante 
es  la  proporciön  demogräfica  entre  los  distintos  grupos  de  la  poblaciön.  En  el 
Caribe  britänico  los  negros  suponian  alrededor  de  1770  un  90  por  100  de  la 


poblaciön  total;  en  las  colonias  septentrionales  de  lo  que  luego  serlan  los  Estados 
Unidos  solo  el  22  por  100;  y  en  las  meridionales  no  mäs  del  40  por  100JJJJ. 

5)  Guerras  de  conquista:  la  forma  cläsica  -«romana»-  de  instauraciön  del 
dominio  de  un  pueblo  sobre  otro.  En  este  caso  permanece  como  ultima  fuente  de 
los  medios  de  poder  y  legitimidad  un  centro  imperial,  aunque  la  expansiön 
militar  se  alimente  principalmente  de  los  recursos  que  encuentra  sobre  el  terreno 
durante  su  avance.  Pero  no  en  todos  los  casos  se  mantiene  el  mismo  centro  de 
poder  centralizado:  la  expansiön  ärabe-musulmana  del  siglo  Vlll  llevö 
räpidamente  a  un  policentrismo  de  autoridades  particulares;  el  Imperio  mongol 
de  Gengis  Kan  se  desintegrö  despues  de  dos  generaciones  repartiendose  entre 
varios  herederos;  e  incluso  el  moderno  Imperio  britänico  constaba  en  su 
momento  de  mäximo  esplendor  de  tres  esferas  vagamente  relacionadas  entre  si: 
los  dominios  «blancos»,  las  colonias  «dependientes»  y  el  «Imperio»  de  la  India, 
cuyo  gobierno  mantenia  sus  propios  intereses  «subimperialistas».  La 
construcciön  del  imperio  militar  no  se  dio  en  general  mediante  la  conquista  de 
territorios  «vacios»,  sino  por  la  subordinaciön  de  instituciones  estatales  y 
sociales  ya  existentes,  que  respondian  a  las  necesidades  de  los  conquistadores  y 
que  no  fueron  totalmente  destruidas.  Una  aniquilaciön  repentina  y  completa  del 
sistema  anterior  de  gobierno,  como  en  el  caso  de  la  invasiön  espanola  de 
Mexico,  fue  la  excepciön  y  no  la  regia.  En  la  historia  de  la  expansiön  moderna, 
la  conquista  fue  a  menudo  un  proceso  prolongado  despues  de  unos  primeros 
contactos  en  los  que  los  europeos  podian  ser  socios  de  igual  nivel  o  incluso 
menores.  Los  conquistadores  militares  se  comportaron  de  manera  paräsita  con 
respecto  a  la  economia  dominada;  las  principales  funciones  de  los  örganos  de 
autoridad  fueron,  junto  al  aseguramiento  del  orden  y  la  facilitaciön  del  comercio 
exterior,  la  reorganizaciön  de  la  recaudaciön  de  impuestos,  que  solia  ser  una  de 
las  primeras  tareas  de  una  potencia  colonial.  La  conquista  militar  llevö  consigo 
en  casos  excepcionales  -partes  del  Imperio  romano,  Irlanda,  Argelia-  el 
establecimiento  de  colonos  y  con  el  expropiaciones  de  terrenos  a  gran  escala  y  la 
transferencia  directa  parcial  de  la  producciön  agricola  a  los  extranjeros  recien 
llegados.  El  producto  moderno  cläsico  de  un  imperialismo  militar,  que  sirviö  de 
modelo  para  el  mundo  tropical,  la  India  britänica,  nunca  fue  un  territorio  de 
asentamiento  de  colonos.  En  general,  este  tipo  de  expansiön  daba  como 
resultado  el  dominio  colonial  sin  colonizaciön.  Hablamos  en  este  caso  de 
colonias  por  dominio/control,  concepto  que  hay  que  preferir  al  de  «dominaciön 
colonial»  porque  el  dominio  se  ejerce  en  cada  tipo  de  colonia.  Un  caso  especial 


es  el  de  Hispanoamerica.  Alli  llegö  una  considerable  inmigraciön  de  Europa  y,  a 
diferencia  de  colonias  del  tipo  de  la  India,  se  constituyö  una  capa  de  poblaciön 
«criolla»  capaz  de  autorreproducirse  demogräficamente.  A  diferencia  de 
Norteamerica,  en  Sudamerica  el  objetivo  principal  de  la  colonizacion  no  era  el 
desplazamiento  de  la  poblaciön  autöctona;  la  mayoria  de  los  inmigrantes  se 
establecieron  en  ciudades  y  nunca  como  una  mayoria  de  la  poblaciön:  en  torno  a 
1790,  esto  es,  hacia  el  final  del  periodo  colonial,  los  inmigrantes  de  primera 
generaciön  y  criollos  de  origen  espanol  no  constituian  mäs  que  una  cuarta  parte 
de  la  poblaciön  total  de  Hispanoamerica[  1 2] . 

La  expansiön  mediante  las  guerras  de  conquista  llevö  a  diferentes  formas  de 
integraciön  de  las  regiones  sometidas  en  las  distintas  configuraciones  imperiales. 
En  cada  caso,  eso  dependia  de  las  tradiciones  politicas  del  poder  conquistador. 
En  los  imperios  premodernos  era  habitual  la  incorporaciön  de  las  regiones  recien 
conquistadas  al  gobierno  territorial  del  imperio  existente,  en  forma  de  provincia. 
Los  imperios  de  la  Era  Moderna  conocen  principalmente  autoridades  coloniales 
separadas  en  la  metröpoli,  que  supervisan  la  administraciön  en  la  periferia.  Esto 
se  aplica,  por  cierto,  no  solo  en  los  imperios  europeos:  tambien  la  dinastia 
manchü  Qing  en  China  (1644-1911)  gobernaba  las  regiones  anexionadas  en  Asia 
Central  (Mongolia,  Tibet,  Turquestän/Xinjiang)  mediante  una  «administraciön 
de  bärbaros»  especial  (Lifan  Yuan).  El  diplomätico  y  politölogo  estadounidense 
Paul  Reinsch  veia  en  esas  autoridades  especiales  la  definiciön  politica  y  formal 
caracteristica  de  una  «colonia»:  se  trataba  de  «una  posesiön  extranjera  de  un 
Estado  nacional,  administrada  por  un  aparato  separado  del  gobierno  del  territorio 
nacional,  pero  subordinado  a  el»[13], 

6)  Conexiön  a  partir  de  un  punto  de  apoyo.  Esta  forma  de  expansiön  maritima 
consiste  en  la  construcciön  planeada  de  factorias  comerciales  militarmente 
protegidas,  desde  las  que  ni  se  emprenden  esfuerzos  de  colonizacion  tierra 
adentro  ni  parten  impulsos  dignos  de  menciön  a  una  conquista  militar  de 
territorio  mäs  amplia  (la  ampliaciön  del  poder  britänico  a  partir  de  Calcuta, 
Bombay  y  Madras  es  atipica,  al  menos  antes  de  1 820).  El  propösito  es  asegurar 
una  hegemonia  comercial,  en  principio  mediante  bases  maritimas  laxamente 
vinculadas  como  las  de  la  Repüblica  de  Genova  en  el  Mediterräneo,  luego  de 
forma  mäs  planeada  y  organizada  como  las  del  Imperio  comercial  portugues 
(Mozambique,  Goa,  Malaca,  Macao)  y  los  Paises  Bajos  (Batavia,  Ceilän, 
Nagasaki).  Cuando  se  iniciö  en  el  siglo  XV11I  la  era  de  la  politica  mundial, 
ganaron  un  peso  propio  estrategico  global  enclaves  costeros  mutuamente  ligados 


de  la  principal  potencia  maritima  de  la  epoca,  Gran  Bretana,  mäs  allä  de  la 
protecciön  de  los  intereses  comerciales.  Tales  puntos  de  conexiön  para  la  flota 
(Bermuda,  Malta,  Chipre,  Alejandria/Suez,  Aden,  Ciudad  del  Cabo,  Gibraltar)  e 
importantes  «colonias  portuarias»  militares[14]  (Singapur,  Hong  Kong)  se 
encontraban  entre  los  componentes  mäs  longevos  y  mäs  firmemente  defendidos 
del  Imperio  britänico.  Como  tipo  de  colonia,  el  punto  de  apoyo  militar  era 
susceptible  de  modernizaciön  al  largo  plazo.  Se  desarrollö  de  nuevo  a  partir  de  la 
era  de  los  canoneros  en  relaciön  con  las  täcticas  de  las  fuerzas  aereas. 


COLONIAS:  UNA  CLASIFICACIÖN 

Los  terminos  «colonizaciön»  y  «colonia»  no  deberian  identificarse  entre  si 
demasiado  estrechamente,  como  se  verä  a  partir  de  este  intento  de 
caracterizaciön  tipolögica.  Hay  colonizaciön  sin  formaciön  de  colonias,  en  la 
situaciön  que  aparece  con  frecuencia  en  la  historia  de  la  colonizaciön  fronteriza; 
pero  tambien  hay  formaciön  de  colonias  que  no  derivan  de  una  colonizaciön, 
sino  de  una  conquista  militar,  basada  en  la  espada  y  no  en  el  arado.  Entre  ambos 
casos  «ideotipicamente»  puros  estä  la  colonizaciön  de  asentamiento  del  tipo 
«africano»  (como  la  practicada  con  mayor  notoriedad  en  Argelia),  en  el  que  la 
conquista  creö  las  condiciones  para  el  asentamiento  a  gran  escala.  En  general,  no 
debe  pasarse  por  alto  que  los  colonos  tambien  estän  armados;  solo  que  la 
violencia  que  ejercen,  por  lo  menos  en  las  primeras  etapas  de  la  colonizaciön,  no 
es  una  violencia  estatal. 

Una  defmiciön  de  «colonia»  välida  para  los  tiempos  modernos,  a  partir  de  estas 
reflexiones,  deberia  ser  lo  bastante  estricta  como  para  excluir  situaciones 
histöricas  como  la  ocupaciön  militar  temporal  o  la  anexiön  violenta  de  äreas 
fronterizas  a  Estados  nacionales  modernos.  La  siguiente  sugerencia  deberia 
satisfacer  esa  condiciön;  su  prolijidad  casi  juridica  es  un  sacrificio  que  la 
precisiön  del  uso  del  lenguaje  cientifico  debe  arrostrar: 


Una  colonia  es  una  entidad  politica  de  nueva  creaciön  a  partir  de  una  situaciön  precolonial,  realizada 
mediante  la  invasiön  (conquista  o  colonizaciön  de  asentamiento),  cuyos  gobemantes  extranjeros 
mantienen  una  relaciön  de  dependencia  duradera  con  una  «madre  patria»  o  centro  imperial  alejado 
espacialmente,  que  reclama  derechos  de  «propiedad»  exclusiva  sobre  la  colonia. 


Las  colonias  solian  estar  integradas  en  un  imperio  colonial  que  abarcaba 
varias;  las  relaciones  entre  las  colonias  de  un  imperio  permanecian  en  general 
subordinadas  a  la  «relacion  primaria»  entre  colonias  y  metröpoli[15].  La 
asimetria  bäsica  en  la  relacion  entre  colonia  y  metröpoli  no  excluye  su 
reciprocidad.  Sus  consecuencias  y  efectos  no  iban  en  una  sola  direcciön,  desde 
un  «centro»  (productivo)  a  «la  periferia»  (receptivo).  Las  posesiones  coloniales 
tenian  mäs  bien  multiples  repercusiones  sobre  la  «madre  patria»,  no  siempre 
pretendidas. 

En  la  Era  Moderna  surgieron,  a  raiz  de  la  expansiön  de  los  Estados  europeos, 
de  Estados  Unidos  y  de  Japön,  los  siguientes  tipos  principales  de  colonias  (asi  se 
pueden  resumir  en  relacion  con  las  seis  formas  de  expansiön): 

1)  Colonias  de  dominaciön 

-  resultado,  en  la  mayoria  de  los  casos,  de  una  conquista  militar,  a  menudo 
despues  de  largas  fases  de  un  contacto  no  agresivo; 

-  objetivos:  explotaciön  econömica  (mediante  monopolios  comerciales, 
aprovechamiento  de  recursos  minerales,  recaudaciön  de  tributos), 
aseguramiento  estrategico  de  la  politica  imperial,  obtenciön  de  mayor 
prestigio; 

-  presencia  colonial,  relativamente  insignificante  desde  el  punto  de  vista 
numerico,  principalmente  en  forma  de  enviados,  buröcratas  civiles  que 
vuelven  a  la  «madre  patria»  tras  completar  su  actividad,  soldados  y 
hombres  de  negocios  (no  colonos  asentados); 

-  gobierno  autocrätico  de  la  metröpoli  (sistema  de  gobernadores),  con 
elementos  de  asistencia  paternalista  a  la  poblaciön  indigena. 

Ejemplos:  la  India  britänica,  Indochina  (fr.),  Egipto  (brit.),  Togo  (alem.), 

Filipinas  (estadoun.),  Taiwan  (jap.). 

Variante  hispanoamericana:  la  inmigraciön  europea  lleva  a  una  sociedad 

urbana  mixta  con  minoria  criolla  dominante. 

2)  Colonias  a  partir  de  un  punto  de  apoyo 

-  resultado  de  la  acciön  de  las  flotas; 

-  objetivos:  aprovechamiento  comercial  indirecto  del  interior  de  un  pais  o 
contribuciön  a  la  logistica  del  desarrollo  de  una  potencia  maritima  y  control 
informal  de  estados  formalmente  independientes  («politica  de  las 
canoneras»). 

Ejemplos:  Malaca  (port.),  Batavia  (neerl.),  Hong  Kong,  Singapur,  Aden 

(todos  brit.),  Shanghai  (internacional). 


3)  Colonias  de  asentamiento 

-  resultado  de  procesos  de  colonizaciön  amparados  militarmente; 

-  objetivos:  uso  de  tierras  y  mano  de  obra  (extranjera)  baratas,  practica  de 
formas  de  vida  socio-culturales  minoritarias,  cuestionadas  en  la  «madre 
patria»; 

-  presencia  colonial,  principalmente  en  forma  de  granjeros  y  plantadores 
permanentemente  residentes; 

-  primeros  intentos  de  autogobierno  de  los  colonos  «blancos»  desatendiendo 
a  los  derechos  e  intereses  de  la  poblaciön  indigena. 

Variantes: 

a)  tipo  «neoingles»:  desplazamiento  y  destrucciön  parcial  de  la  poblaciön 
indigena  econömicamente  prescindible;  ejemplos:  las  colonias  britänicas  de 
Nueva  lnglaterra,  Canadä  (frances/britänico),  Australia; 

b)  tipo  «africano»:  dependencia  econömica  de  la  fuerza  de  trabajo  nativa; 
ejemplos:  Argelia  (fr.),  Rhodesia  del  Sur  (brit.),  Sudäfrica; 

c)  tipo  «caribeno»:  importaciön  de  mano  de  obra  esclava  extranjera; 
ejemplos:  Barbados  (brit.),  Jamaica  (brit.),  Saint-Domingue  (fr.),  Virginia 
(brit.),  Cuba  (esp.),  Brasil  (port.). 


[1]  Para  un  repaso  de  los  principales  debates  al  respecto,  vease  D.  Rothermund,  «The  Self-Consciousness 
of  Post-Imperial  Nations:  A  Cross-national  Comparison»,  en  India  Quarterly  67  (2011),  pp.  1-18. 

[2]  Vease  O.  Brunner,  W.  Conze  y  R.  Koselleck  (eds.),  Geschichtliche  Grundbegriffe.  Historisches 
Lexikon  zur  politisch-sozialen  Sprache  in  Deutschland,  7  vols.,  Stuttgart,  1972-1992,  y  en  particular  el 
articulo  sobre  «Imperialismo»  de  J.  Fisch  et  al.  (Vol.  3,  1982,  pp.  171-236). 

£31  M.  I.  Finley,  Colonies:  An  Attempt  at  a  Typology,  en  Transactions  of  the  Royal  Historical  Society,  5.“ 
Serie,  26(1976),  pp.  167-188. 

[4]  Por  ejemplo,  W.  Y.  Adams,  «The  First  Colonial  Empire:  Egypt  in  Nubia,  3200-1200  B.  C.»,  en 
Comparative  Studies  in  Society  and  History  26  (1984),  pp.  36-71;  J.  Prawer,  The  Crusaders’  Kingdom: 
European  Colonialism  in  the  Middle  Ages,  nueva  ed.,  Londres,  2001. 

[5]  Vease,  por  ejemplo,  Duden.  Fremdwörterbuch,  Mannheim,  2005,  p.  551. 

£6]  H.  Brunschwig,  Noirs  et  blancs  dans  l’Afrique  noire  frangaise,  Paris,  1983,  p.  209. 

[7]  Vease  la  defmicion  teorica  de  J.  J.  McCusker  y  R.  R.  Menard  en  The  Economy  of  British  America, 
1607-1789,  Chapel  Hill,  1985,  p.  21. 

[8]  Vease  S.  G.  Marks,  Road  to  Power:  The  Trans-Siberian  Railroad  and  the  Colonization  of  Asian 
Russia,  1850-1917,  Ithaca  1991,  pp.  196  y  ss. 

£9]  Vease  F.  Bacon,  «Of  Plantations»  [1625],  en  The  Essays,  ed.  de  J.  Pitcher,  Harmondsworth,  1985,  pp. 
162-164. 

[10]  Veanse  P.  Mosley,  The  Settier  Economies:  Studies  in  the  Economic  History  of  Kenya  and  Southern 
Rhodesia,  1900-1963,  Cambridge,  1983,  pp.  5-8  y  237,  y  tambien  Ch.  Marx,  «Siedlerkolonien  in  Afrika  - 
Versuch  einer  Typologie»,  en  F.  Becker  (ed.),  Rassenmischehen  -  Mischlinge  -  Rassentrennung.  Zur  Politik 
der  Rasse  im  deutschen  Kolonialreich,  Stuttgart,  2004,  pp.  82-96. 


[11]  R.  W.  Fogel,  Without  Consent  or  Contract:  The  Rise  and  Fall  of  American  Slavery,  Nueva  York, 
1989,  pp.  30  y  ss. 

[12]  M.  A.  Burkholder  y  L.  L.  Johnson,  Colonial  Latin  America,  Nueva  York,  2010,  p.  132. 

[13]  R  S.  Reinsch,  Colonial  Government:  An  Introduction  to  the  Study  of  Colonial  Institutions,  Nueva 
York,  1902,  p.  16. 

[14]  Sobre  los  tipos  de  colonias  portuarias,  vease  E.  Grünfeld,  Hafenkolonien  und  kolonieähnliche 
Verhältnisse  in  China,  Japan  und  Korea,  Jena,  1913. 

[15]  Como  introduccion  a  la  investigacion  sobre  los  imperios  cabe  mencionar  S.  Howe,  Empire:  A  Very 
Short  Introduction,  Oxford,  2002. 


II.  «COLONIALISMO»  E  «IMPERIOS  COLONIALES» 


COLONI ALISMO :  UNA  DEFINICIÖN 

Pero  «-.que  es  el  «colonialismo»?  «^Cörno  se  puede  precisar  el  concepto 
independientemente  del  de  las  colonias  concretas?  El  historiador  africano  Philip 
Curtin  habla  muy  en  general  de  «dominio  por  un  pueblo  de  otra  cultura»[l].  Esta 
formulaciön  contiene  los  dos  elementos  cruciales,  «dominaciön»  y  «cultura 
ajena»,  pero  debe  especificarse  aün  mäs.  No  todo  dominio  por  extranjeros  ha 
sido  entendido  siempre  por  los  sometidos  a  el  como  algo  ilegitimo  y  rechazable. 
Egipto,  por  ejemplo,  permaneciö  entre  1517  y  1798  como  provincia  del  Imperio 
otomano  bajo  la  dominaciön  turca,  sin  que  esta  fuera  entendida  en  general  por  la 
poblaciön  nativa  de  lengua  ärabe  como  una  opresiön  que  debiera  combatir[2].  La 
extranjeridad  lingüistica  se  veia  compensada  en  aquel  caso  por  el 
reconocimiento  comün  del  islam  y  con  el  de  las  ideas  islämicas  sobre  lo  que 
podia  o  debia  ser  un  gobierno  justo. 

Para  precisar  la  peculiaridad  histörica  del  colonialismo  moderno,  habria  que 
complementar  la  förmula  bäsica  de  Curtin  con  tres  componentes:  en  primer 
lugar,  el  colonialismo  no  es  una  relaciön  cualquiera  entre  sehores  y  siervos,  sino 
una  relaciön  en  la  que  a  toda  una  sociedad  se  le  roba,  controla  externamente  y 
trastoca  su  propio  desarrollo,  en  beneficio  de  las  necesidades  e  intereses  - 
principalmente  econömicos-  de  los  amos  coloniales.  Que  los  gobiernos 
coloniales  rara  vez  hayan  alcanzado  en  la  practica  tan  ambicioso  objetivo,  que  a 
menudo  les  faltaran  los  medios  para  ello,  es  algo  de  segundo  orden  en  cuanto  a 
la  adecuaciön  teörica  del  concepto.  El  colonialismo  moderno  se  basa  en  la 
voluntad  de  poner  a  las  sociedades  «perifericas»  al  servicio  de  las  «metröpolis». 

En  segundo  lugar,  el  tipo  de  extranjeridad  entre  colonizadores  y  colonizados  es 
de  gran  importancia.  Es  caracteristico  del  colonialismo  moderno  la  rara  falta  de 
voluntad  de  los  nuevos  amos,  desde  el  punto  de  vista  histörico,  de  tratar  con 
deferencia  cultural  a  las  sociedades  sometidas.  La  expansiön  europea  nunca 
produjo  una  sintesis  cultural  «helenistica».  De  los  colonizados  se  esperaba  y 
pretendia  una  aculturaciön  extensiva  y  una  conversiön  a  los  valores  y  häbitos 
präcticos  de  Europa;  rara  vez  hubo  una  contra-aculturaciön  significativa  del 
colonizador  mediante  su  adquisiciön  e  incorporaciön  de  elementos  de  las 


civilizaciones  dominadas.  En  el  siglo  XIX  la  imposibilidad  de  tales 
aproximaciones  se  basaba  en  la  existencia  de  jerarquias  «raciales» 
supuestamente  insuperables.  Una  defmiciön  del  colonialismo  debe  tener  en 
cuenta  la  falta  de  adaptabilidad  de  los  amos  coloniales. 

En  tercer  lugar,  el  colonialismo  moderno  no  es  solo  una  relaciön  de  dominio 
descriptible  como  «estractural  e  histörica»,  sino  al  mismo  tiempo  una 
interpretaciön  especial  de  esa  relaciön.  En  su  esencia  hay  una  actitud  especifica 
de  la  conciencia;  incluso  se  ha  dicho  que  se  acciona  mediante  un  «programa 
ideolögico»[3].  Desde  los  teöricos  coloniales  ibericos  e  ingleses  del  siglo  XVI, 
la  expansiön  europea  se  presentö  grandiosamente  como  el  cumplimiento  de  una 
misiön  universal;  como  una  contribuciön  a  un  plan  divino  que  habia  que  ejecutar 
entre  los  paganos,  como  un  mandato  secular  para  que  el  colonialismo 
«civilizara»  a  los  «bärbaros»  o  «salvajes»,  como  «carga  privilegiada  del  hombre 
blanco»,  etc.  Siempre  aducia  como  razön  la  convicciön  de  la  propia  superioridad 
cultural.  Tambien  el  colonialismo  estadounidense  y  el  japones  se  sirvieron 
abundantemente  de  tal  retörica  ideolögica  de  la  misiön.  Las  culturas 
tradicionales,  como  la  china,  partian  de  su  propio  patrön  de  ejemplaridad  e 
insuperabilidad  civilizatoria,  pero  sin  pretender  imponerla  a  sus  vecinos.  Solo  en 
el  colonialismo  moderno  tomö  tal  arrogancia  etnocentrica  un  cariz  agresivo- 
expansionista,  solo  entonces  quedaron  los  muchos  sometidos  al  «yugo 
espiritual»  de  los  pocos[4],  Por  eso  las  estructuras  de  dependencia  colonialistas, 
quedan  insuficientemente  caracterizadas  sin  el  «espiritu  del  colonialismo»  que 
las  alienta.  Ese  espiritu  (o  antiespiritu),  sobreviviö  en  general  a  la  realidad  de  la 
era  colonial. 

Asi  pues,  se  puede  definir: 


El  colonialismo  es  una  relaciön  de  dominio  entre  colectivos,  en  la  que  las  decisiones  fundamentales 
sobre  la  forma  de  vida  de  los  colonizados  son  tomadas  y  hechas  cumplir  por  una  minorla  cultural 
diferente  y  poco  dispuesta  a  la  conciliaciön  de  amos  coloniales  que  dan  prioridad  a  sus  intereses 
extemos.  Esto  se  vincula  usualmente  en  los  tiempos  modernos  con  doctrinas  justificativas  ideolögicas 
del  tipo  misionero,  que  se  basan  en  la  convicciön  de  los  amos  coloniales  de  su  propia  superioridad 
cultural. 


A  pesar  de  su  extranjeridad  cultural,  no  se  deberia  deducir  en  absoluto  una 
relaciön  de  dominaciön  impermeable,  estrictamente  «maniquea»,  entre 
colonizadores  y  colonizados.  Como  otras  formas  de  dominio,  la  practica  de  la 


dominacion  colonial  da  lugar  a  un  «campo  de  fuerzas»,  «en  el  que  los  agentes  en 
relaciön  avanzan  y  retroceden,  e  interactuan  entre  si  aunque  traten  de  evitarse 
mutuamente  o  de  ignorarse»[5].  Entre  colonizadores  y  colonizados  se  dan 
interacciones  y  gradaciones  jerärquicas.  El  grado  de  polarizaciön  y  la 
permeabilidad  de  la  relaciön  de  dominacion  varia  segün  cada  situaciön  histörica. 

El  intento  de  derivar  el  «colonialismo»,  no  del  concepto  antes  definido  de 
«colonia»,  sino  definiendolo  independientemente,  lleva  a  la  cuestiön  concluyente 
de  si  ambos  fenömenos  tienen  algo  que  ver  entre  si.  Las  colonias  y  el 
colonialismo  suelen  ir  de  la  mano;  pero  hay  casos  de  falta  de  congruencia.  Uno 
es  el  de  las  colonias  sin  colonialismo.  Se  encuentra  alli  donde  faltaba,  dentro  de 
las  sociedades  coloniales,  una  mayoria  indigena  de  la  poblaciön,  por  lo  que  esas 
sociedades  eran  homogeneamente  «blancas».  Tambien  para  sus  contemporäneos 
aparecian  como  «Estados-plantados»  por  europeos  en  tierras  «vacias».  Esto  se 
aplica  principalmente  a  las  colonias  de  asentamiento  del  tipo  «neoingles»,  en  las 
que  se  practica  una  colonizaciön  (fronteriza)  abundante,  y  con  ella  el 
aprovechamiento  agrario  de  los  «desiertos»  del  interior  y  la  destrucciön  de  los 
cazadores  y  pastores  indigenas  de  ese  espacio  vital.  Sin  embargo,  la  ausencia  de 
sübditos  «nativos»  no  podia  determinar  la  relaciön  de  dominacion  constitutiva 
del  colonialismo.  Esas  sociedades,  por  tanto,  no  han  sido  «descolonizadas» 
mediante  el  derrocamiento  y  expulsiön  de  los  colonos,  tal  como  sucediö  por 
ejemplo  en  Argelia.  Su  independencia  como  Estados-naciön  la  obtuvieron  como 
resultado  de  una  secesiön  abrupta-revolucionaria  (las  13  colonias  que 
constituyeron  a  continuaciön  los  Estados  Unidos)  o  mediante  un  alejamiento 
paulatino  y  ampliamente  consensuado  (Canadä,  Australia)  del  centro  del 
imperio. 

En  el  otro  extremo  del  espectro  se  debe  tener  en  cuenta  la  posibilidad  de  un 
colonialismo  sin  colonias,  es  decir,  de  situaciones  en  las  que  las  relaciones  de 
dependencia  de  tipo  «colonial»  no  responden  a  las  que  habria  entre  una  «madre 
patria»  y  una  colonia  espacialmente  distante,  sino  entre  «centros»  dominantes  y 
«periferias»  dependientes  en  el  interior  de  Estados-naciön  o  imperios 
territoriales  unidos.  Nos  vemos  ahi  con  la  construcciön  teörica  del  «colonialismo 
interno»,  y  en  particular,  como  ejemplo,  de  la  relaciön  entre  Inglaterra  y  el 
«borde  celta»  de  las  Isias  Britänicas  (Gales,  Escocia,  Irlanda).  En  un  sentido 
parecido  se  ha  mencionado  recientemente  la  politica  alemana  (prusiana)  hacia 
los  territorios  del  este,  sobre  todo  Polonia,  y  su  posible  caräcter  «colonial» [6], 

Se  puede  discutir  al  respecto  si  el  concepto  de  colonialismo  no  se  exagera 
metaföricamente  o  se  reduce  a  la  dimensiön  de  la  percepciön  (extranjera).  Menos 


problemätica  es  la  idea  de  las  relaciones  subcoloniales  dentro  de  imperios 
coloniales  ordenados  jerärquicamente:  la  relacion  colonialista  primaria  se  da 
entonces  no  entre  una  colonia  y  la  metropoli,  sino  entre  ella  y  otra  colonia  del 
imperio.  Asi  se  puede  entender  a  veces  a  Angola  como  uns  subcolonia  de  Brasil, 
asi  como  Filipinas  estuvo  en  algunos  aspectos  subordinada  a  Mexico.  La  India 
estaba  rodeada  por  todo  un  circulo  de  satelites,  y  el  hecho  de  que  durante  la 
decada  de  los  veinte  del  siglo  pasado  no  se  produjera  en  Kenia  una  toma  del 
poder  de  los  colonos  blancos  como  en  Rhodesia  del  Sur  se  debio  esencialmente 
al  hecho  de  que  el  gobierno  de  la  India  britänica  extendiö  du  mano  protectora 
hacia  la  poblacion  inmigrante  india  en  Äfrica  Oriental. 


IMPERIOS  COLONIALES  E  «IMPERIO  INFORMAL» 

En  la  Era  Moderna  la  mayoria  de  las  colonias  formaban  parte  de  imperios 
coloniales.  La  idea  de  imperio  implica  que  estän  subordinadas  a  su  centro,  en 
una  configuraciön  en  forma  de  estrella,  varias  «periferias»,  que  en  general 
tambien  mantienen  relaciones  entre  si,  aunque  mäs  debiles  que  las  relaciones 
respectivas  con  el  centro.  En  algunos  casos,  la  «masa  critica»  de  posesiones 
coloniales  no  alcanza  para  hablar  de  un  imperio  colonial:  Belgica  poseia 
ünicamente  dos  colonias  en  el  Äfrica  Centro-Oriental:  el  Congo  Belga  (1885- 
1960)  y  Ruanda  Burundi  (1916-1962).  Las  ünicas  colonias  territoriales  de 
Estados  Unidos  fueron  Filipinas  (1898-1946)  y  Puerto  Rico  (1898-1952).  El 
imperio  colonial  espanol,  en  el  que  hubo  una  epoca  en  la  que  «no  se  ponia  el 
sol»,  quedö  reducido,  como  consecuencia  primero  de  la  independencia  de  los 
paises  latinoamericanos,  y  luego  de  la  derrota  en  la  Guerra  Hispano-Americana 
de  1898,  a  un  punado  de  minimas  posesiones  en  el  norte  de  Äfrica,  de  modo  que 
en  el  siglo  XX  ya  no  se  podia  hablar  de  un  «Imperio»  espanol.  En  todos  esos 
casos  nos  encontramos  con  posesiones  coloniales  sin  un  imperio  colonial.  Tal 
vez  se  puede  decir  lo  mismo  del  Imperio  neerlandes,  que  tras  la  perdida  de 
Ceilän  (1796)  y  del  Cabo  de  Buena  Esperanza  (1794-1806)  se  redujo  a  Surinam 
junto  a  las  Indias  Orientales  holandesas  (Indonesia),  aunque  estas  ültimas  fueran 
una  colonia  importantisima  para  la  metropoli,  tanto  por  el  tamano  de  su 
poblacion  como  econömicamente. 

Los  imperios  de  Ultramar  europeos  en  la  Era  Moderna  eran,  tanto  en  su  esencia 
como  de  hecho,  casi  exclusivamente  imperios  coloniales.  Esto  cambio  desde 
finales  del  siglo  XVIII  con  la  creciente  distancia  en  el  rendimiento  economico 


entre  las  economlas  desarrolladas  de  Europa  y  el  mundo  ultramarino,  con  la 
concentracion  de  las  relaciones  economicas  mundiales,  con  la  mejora  a  escala 
mundial  de  los  medios  de  intervenciön  militar  dispuestos  para  ser  usados  en 
cualquier  momento,  y  con  el  advenimiento  de  un  pensamiento  polltico  de 
dimensiön  estrategica  global.  En  particular,  para  Gran  Bretaria,  que  entre  1815  y 
1880  aproximadamente  fue  la  primera  potencia  economica  y  naval  internacional, 
se  abrio  ahora,  junto  a  la  adquisiciön  de  colonias,  una  gran  variedad  de 
posibilidades  de  hacer  frente  a  sus  propios  intereses  economicos  y  estrategicos. 
En  muchos  casos  bastaba  que  Estados  pollticamente  independientes  en  Ultramar 
(Imperio  otomano,  palses  de  America  Latina,  China,  Japon,  Tailandia,  Iran,  etc.) 
mantuvieran  abiertos  sus  mercados  para  los  productos  de  la  industria  britänica  y 
ofrecieran  garantias  de  proteccion  de  la  propiedad  extranjera.  Para  ese  proposito 
servian  la  presiön  diplomätica,  las  amenazas  militares  y  quizä  intervenciones 
puntuales  de  la  flota  como  en  la  «guerra  del  opio»  contra  el  Imperio  chino  en 
1842.  La  dominaciön  colonial  habria  sido  en  todos  esos  casos  demasiado  cara  y 
habria  conllevado  responsabilidades  politicas  innecesarias;  el  gobierno  formal 
quedaba  por  ello  en  manos  de  diversos  aliados  locales,  con  cuya  «colaboracion» 
entusiasta  cabia  contar  de  antemano. 

Esta  distinciön  entre  el  aseguramiento  «formal»  e  «informal»  de  intereses 
frente  a  paises  militarmente  mäs  debiles  y  economicamente  -como  se  dice  hoy 
todavia-  «subdesarrollados»,  entre  «imperio  formal»  e  «imperio  informal» [7]  se 
puede  aplicar  no  solo  al  Imperio  britänico,  sino  tambien  en  buena  medida,  al 
menos,  a  Estados  Unidos  y  Japon.  Cuba,  por  ejemplo,  que  hasta  1898  habia  sido 
una  colonia  espanola,  fue  oficialmente  una  repüblica  independiente  entre  1902  y 
la  toma  del  poder  por  Fidel  Castro  en  1959,  pero  casi  toda  su  economia  estaba  en 
manos  estadounidenses,  y  el  gobierno  estadounidense  intervenia  descaradamente 
en  la  politica  interna  cubana.  Se  trataba  pues  de  un  ärea  de  explotaciön 
semisoberana  bajo  el  dominio  estadounidense:  un  caso  cläsico  de  imperio 
informal.  Los  japoneses,  a  su  vez,  fueron  completando  desde  1905  su  imperio 
formal,  que  consistia  principalmente  en  las  colonias  inmensamente  rentables  de 
Taiwan  (1895-1945),  Corea  (1910-1945)  y  el  Estado  titere  de  facto  colonial  de 
«Manchukuo»  (en  las  tres  provincias  nororientales  de  China,  1931-1945)  con  un 
ärea  de  influencia  cada  vez  mäs  amplia  y  profunda  en  la  propia  China[8], 
Tambien  el  Reich  alemän  emprendiö  antes  de  1914  una  politica  de  construcciön 
de  un  Imperio  informal  en  China,  America  Latina  y  el  Imperio  otomano. 

Se  pueden  entonces  distinguir  como  resumen,  para  los  siglos  XIX  y  XX,  tres 
grados  de  aseguramiento  de  los  intereses  de  los  «Hermanos  Mayores»  frente  a 


los  «hermanos  menores»: 


1)  Dominaciön  colonial  (=  imperio  formal).  Las  autoridades  locales  son 
sustituidas  por  extranjeros  (por  ejemplo,  un  sultän  malayo  por  un  gobernador 
britänico).  El  orden  polltico  precolonial  deja  de  existir  o  al  menos  de  funcionar 
sin  obstäculos.  Los  representantes  del  poder  colonial  ejercen  las  funciones 
centrales  de  la  autoridad,  como  la  recaudaciön  de  impuestos,  la  justicia,  la  fuerza 
policial  y  militar.  Todas  las  relaciones  externas  de  los  colonizados  son 
monopolizadas  por  la  potencia  colonial.  En  todo  lo  demäs  se  aplican  las 
definiciones  propuestas  mäs  aträs  de  «colonia»  y  «colonialismo». 

2)  Control  cuasi-colonial  (=  imperio  informal).  El  estado  mäs  debil  permanece 
como  una  comunidad  independiente  con  su  propio  sistema  politico.  Puede 
conducir  su  propia  politica  exterior  ademäs  de  regulär  por  su  cuenta  los  asuntos 
internos  de  rutina.  No  hay  una  administracion  colonial,  pero  si  a  veces  - 
especialmente  en  el  campo  de  las  fmanzas-  autoridades  mixtas  extranjeras- 
propias  (como  el  departamento  de  aduanas  maritimas  en  el  Imperio  chino).  Sin 
embargo,  el  Estado  mäs  debil  solo  es  parcialmente  soberano.  El  «Hermano 
Mayor»  ha  impuesto,  como  consecuencia  de  una  presiön  aplicada  selectivamente 
(«diplomacia  canonera»),  privilegios  reconocidos  en  «tratados  desiguales»,  cuyo 
contenido  es  sobre  todo  la  proteccion  de  los  extranjeros  frente  a  la  aplicacion  de 
las  leyes  propias  mediante  la  jurisdiccion  consular  y  la  extraterritorialidad,  el 
reconocimiento  de  un  regimen  de  libre  comercio  (bajos  aranceles  aduaneros  o 
ausencia  de  jurisdiccion  aduanera),  el  derecho  de  estacionamiento  de  tropas 
extranjeras  en  las  aguas  territoriales  y  en  bases  concertadas  terrestres.  El 
«Hermano  Mayor»  es  representado  por  consules,  diplomäticos  o  «asesores 
residentes»,  que  «aconsejan»  en  la  politica  interna,  especialmente  en  las 
contiendas  sucesorias,  y  confieren  enfasis  a  sus  «consejos»,  si  es  preciso 
mediante  la  amenaza  de  intervenciön  militar.  En  casos  extremos,  los 
funcionarios  nativos  son  titeres  sin  voluntad;  normalmente  tienen  empero  cierto 
margen  de  maniobra,  a  veces  considerable.  La  «elite  colaboradora»  ideal, 
inevitablemente  presente  en  el  imperio  informal,  debe  poseer  suficiente 
legitimidad  y  capacidad  de  conviccion  para  ser  eficaz  en  la  defensa  de  los 
intereses  del  «Hermano  Mayor».  El  imperio  informal  rara  vez  estä  motivado 
estrategicamente  o  por  consideraciones  de  prestigio.  Casi  siempre  es  un  medio 
para  garantizar  los  intereses  de  importantes  agentes  economicos  (comercio, 
inversiön  directa,  bonos)  que  se  defienden  en  general  sin  apoyo  politico.  A 


diferencia  del  imperio  formal,  el  imperio  informal  requiere  una  clara 
superioridad  economica  del  Hermano  Mayor.  Debe  tener  la  capacidad  de 
«penetracion»  en  las  economias  politicas  extranjeras.  A  diferencia  del  imperio 
formal,  en  el  que  la  dominaciön  colonial  sobre  un  determinado  territorio  es 
indivisible  y  exclusiva,  en  el  caso  del  imperio  informal  puede  haber  varios 
Hermanos  Mayores,  que  comparten  el  principio  de  «puertas  abiertas»  con 
igualdad  de  oportunidades  para  todos,  o  que  se  ponen  de  acuerdo  en  el  reparto  de 
las  respectivas  «zonas  de  influencia». 

3)  Influencia  «determinante»  no  colonial.  Entre  el  «Hermano  Mayor»  y  el 
«hermano  menor»  no  hay  en  este  caso  ninguna  relaciön  de  dominaciön  colonial. 
Ademäs,  no  hay  derechos  especiales  codificados  en  «contratos  desiguales».  La 
superioridad  economica  del  socio  estatalmente  mäs  fuerte  o  de  sus  instituciones 
privadas  en  el  sector  empresarial  (por  ejemplo,  empresas  multinacionales)  o  de 
su  protecciön  militar,  le  otorga  no  obstante  posibilidades  de  intervenciön  en  la 
politica  de  los  socios  mäs  debiles  que  no  poseen  las  de  ese  vecino  «normal». 
Este  es  un  tipico  patrön  de  relaciones  internacionales  asimetricas  en  el  mundo 
poscolonial. 


IMPERI  ALI  SMO 

El  Imperio  britänico  de  los  siglos  XIX  y  XX,  y  algunos  otros  imperios 
modernos  podian  ejercer  por  tanto  en  su  ärea  de  influencia  politica  y  economica 
un  efecto  que  iba  mäs  allä  de  su  componente  colonial  en  sentido  estricto.  En 
algunas  partes  del  mundo  ejercian  un  dominio  colonial  formal,  en  otras  se 
conformaban  con  las  posibilidades  de  control  informal  y  la  salvaguardia  de  sus 
intereses;  y  a  veces  bastaba  ser  un  vecino  fuerte.  El  punto  crucial  es  que  en  la 
mayoria  de  los  casos  se  podian  lograr  resultados  similares  por  diferentes  vias.  En 
cuanto  a  las  consecuencias  economic as  de  la  presencia  extranjera  en  un  pais 
lejano,  en  general  no  habia  gran  diferencia  en  si  se  trataba  de  una  colonia  o  de  un 
Estado  cuasi-colonial,  solo  nominalmente  soberano,  obligado  a  respetar 
determinados  intereses  econömicos  «casi»  libremente  y  que  por  si  mismo  no 
poseia  casi  ninguna  influencia  sobre  las  decisiones  de  politica  economica  interior 
o  exterior. 

«Imperialismo»  es  el  termino  que  resume  todas  las  fuerzas  y  actividades  que 
contribuyeron  a  la  construcciön  y  mantenimiento  de  tales  imperios 


tr ans  coloniales.  Al  imperialismo  corresponden  tambien  la  voluntad  y  la 
capacidad  de  cada  centro  imperial  para  definir  sus  propios  intereses  de  Estado- 
naciön  como  imperiales  y  hacerlos  respetar  en  la  anarquia  del  sistema 
internacional.  El  imperialismo  implica  por  tanto  no  solo  una  politica  colonial, 
sino  una  «politica  mundial»,  para  la  que  las  colonias  no  son  solo  objetivos  en  si 
mismas,  sino  tambien  instramentos  en  los  juegos  de  poder  globales.  La  idea  tan 
acariciada  por  las  grandes  potencias  desde  el  ultimo  tercio  del  siglo  XIX  de 
instituir  la  compensaciön  del  equilibrio  de  poder  internacional,  preferentemente 
intraeuropeo,  mediante  el  intercambio  de  colonias  (por  ejemplo,  las  islas 
Heligoland  por  Zanzibar,  1890),  reconociendo  las  pretensiones  geopoliticas  de 
terceras  potencias,  «poniendo  al  dia»  sus  propias  reclamaciones  coloniales,  etc., 
era  tipicamente  «imperialista»  y  ajena  a  un  pensamiento  «colonialista»,  que 
considera  que  las  colonias  han  sido  «adquiridas»  como  algo  «confiado»  de 
forma  pennanente.  El  imperialismo  es  planeado  y  realizado  por  las  Cancillerias 
de  Estado,  los  Ministerios  de  Asuntos  Exteriores  y  de  la  Guerra;  el  colonialismo, 
por  las  autoridades  coloniales  y  los  « men  on  the  spot».  Esa  politica  mundial 
cuajada  de  acontecimientos  histöricos  debe  verse  no  obstante  siempre  1)  a  la  luz 
de  la  apariciön  de  un  sistema  mundial  de  Estados  y  2)  en  el  marco  de  estructuras 
desiguales  lentamente  desarrolladas  en  la  circulacion  economica  entre  los 
espacios  geogräficos  del  planeta. 

«Imperialismo»  y  colonialismo»  no  son  pues  lo  mismo.  Frente  a  la  tendencia  a 
restringir  el  «imperialismo»  a  una  epoca  comprendida  entre  1880  y  la  Primera 
Guerra  Mundial,  en  muchos  sentidos  es  un  concepto  cargado  con  un  significado 
mäs  amplio;  el  «colonialismo»  casi  parece  un  caso  especial.  Eso  se  puede  decir 
con  buenas  razones  del  Imperio  britänico  desde  alrededor  de  1780.  Sin  embargo, 
como  el  «imperialismo»  implica  la  posibilidad  de  una  percepcion  de  los 
intereses  a  escala  mundial  y  de  una  penetraciön  capitalista,  «informalmente» 
apoyada,  en  grandes  äreas  de  actividad  economica,  la  utilizacion  del  termino 
para  los  primeros  imperios  coloniales  modernos,  que  aün  no  contaban  con  eilas, 
es  dudosa  y  solo  cabria  con  la  salvedad  del  «imperialismo  espanol».  Solo  Gran 
Bretana  y  Estados  Unidos  han  sido  en  algün  momento  potencias  imperialistas  en 
el  sentido  plenamente  desarrollado,  aunque  en  el  caso  de  Estados  Unidos  se 
tratara,  por  supuesto,  de  un  caso  de  imperialismo  sin  imperio  colonial.  Francia, 
Alemania,  Rusia  (o  la  Union  Sovietica)  y  Japon  fueron  en  diversos  momentos 
portadoras  del  imperialismo  en  un  sentido  limitado:  o  bien  no  mantuvieron 
realmente  una  presencia  mundial  a  largo  plazo,  o  (como  la  Union  Sovietica  en  el 
momento  de  apogeo  de  su  fuerza  militar)  eran  economicamente  demasiado 


debiles  para  controlar  economias  lejanas.  Los  imperios  coloniales  sin 
imperialismo  fueron  la  regia  durante  la  primeras  fase  de  la  expansiön  europea; 
solo  los  Paises  Bajos  en  el  siglo  XVII  podrian  considerarse  una  excepcion.  Sin 
embargo,  en  los  siglos  XIX  y  XX  fueron  precisamente  los  Paises  Bajos  los  que 
ilustraron  de  forma  particularmente  luminosa  este  caso.  Entre  las  Guerras 
Mundiales  fueron  sin  duda,  despues  de  Gran  Bretana  y  Francia,  la  tercera 
potencia  colonial  europea;  pero  al  mismo  tiempo  no  eran,  en  modo  alguno,  una 
potencia  imperialista:  carecian  de  ambiciones  politicas  y  medios  de  poder  a 
escala  mundial,  y  de  posibilidades  de  aparecer  «informalmente»  mäs  allä  de  su 
propia  colonia  de  Indonesia[9]. 


[1]  Ph.  D.  Curtin,  «The  Black  Experience  of  Colonialism  and  Imperialism»,  en  S.  W.  Mintz  (ed.),  Slavery, 
Colonialism,  and  Racism,  Nueva  York,  1974,  p.  23. 

[2]  Vease  M.  Winter,  Egyptian  Society  under  Ottoman  Rule  1517-1798,  Londres,  1992,  p.  30. 

[3]  E.  W.  Said,  Kultur  und  Imperialismus.  Einbildungskraft  und  Politik  im  Zeitalter  der  Macht,  Francfort, 
1994,  p.  44  [ed.  cast.:  Cultura  e  imperialismo,  Barcelona,  Debate,  2018], 

[4]  P.  Mason,  «A  spiritual  yoke»,  Patterns  of  Dominance,  Londres,  1970,  p.  274. 

[5]  A.  Lüdtke,  «Einleitung:  Herrschaft  als  soziale  Praxis»,  en  A.  Lüdtke  (ed.),  Herrschaft  als  soziale 
Praxis.  Historische  und  sozial-anthropologische  Studien,  Gotinga,  1991,  p.  12. 

[6]  Vease  P.  Ther,  «Deutsche  Geschichte  als  imperiale  Geschichte.  Polen,  slawophone  Minderheiten  und 
das  Kaiserreich  als  kontinentales  Empire»,  en  S.  Conrad  y  J.  Osterhammel  (eds.),  Das  Kaiserreich 
transnational.  Deutschland  in  der  Welt  1871-1914,  Gotinga,  2004,  pp.  129-148. 

[7]  Las  sugerencias  fundamentales  al  respecto  proceden  de  R.  E.  Robinson  y  J.  A.  Gallagher.  Vease  W.  R. 
Louis  (ed.),  Imperialism:  The  Robinson  and  Gallagher  Controversv,  Nueva  York,  1976;  R.  E.  Robinson, 
«The  Excentric  Idea  of  Empire  -  with  or  without  Imperialism»,  en  W.  J.  Mommsen  y  J.  Osterhammel 
(eds.),  Imperialism  and  After:  Continuities  and  Discontinuities,  Londres,  1986,  pp.  267-289.  Vease  tambien 
M.  W.  Doyle,  Empires,  Ithaca,  1986,  pp.  19-47. 

[8]  Veanse  los  tltulos  de  Myers  y  Peattie,  y  Beasley  en  la  «Bibliografla»,  asl  como  P.  Duus  et  al.  (eds.), 
The  Japanese  Informal  Empire  in  China,  1895-1937,  Princeton,  1989. 

[9]  Vease  J.  van  Goor,  «Imperialisme  in  de  marge?»,  en  J.  van  Goor  (ed.),  Imperialisme  in  de  marge:  De 
afronding  van  Nederlands-Indie,  Utrecht,  1986,  p.  9. 


III.  EPOCAS  DEL  COLONIALISMO 


PROBLEMAS  DE  UNA  HISTORIA  DEL  COLONIALISMO]!] 


Poco  despues  de  la  Primera  Guerra  Mundial  el  economista  frances  Arthur 
Girault  llego  a  la  conclusiön  de  que  la  mitad  aproximadamente  de  la  superflcie 
terrestre  correspondla  a  colonias  de  las  potencias  europeas.  Mas  de  600  millones 
de  personas,  esto  es,  aproximadamente  dos  quintas  partes  de  la  poblaciön 
mundial,  estaban  sometidas  al  dominio  colonial:  440  millones  en  Asia,  120 
millones  en  Africa,  60  millones  en  Oceania  y  14  millones  en  America[2]. 

No  era  ningün  proceso  historico  unificado  y  lineal  lo  que  habia  llevado, 
durante  los  cuatro  siglos  transcurridos  desde  la  conquista  iberica  de  America 
Central  y  del  Sur,  a  esa  difusion  mäxima  en  la  historia  mundial  de  las  relaciones 
coloniales.  No  existe  una  historia  ünica  del  colonialismo,  sino  una  multitud  de 
historias  de  colonialismos  individuales.  Durante  mucho  tiempo  la  historiografia 
se  ha  ocupado  casi  exclusivamente  de  la  historia  de  los  imperios  coloniales 
nacionales.  Tal  punto  de  vista  solo  se  puede  mantener,  no  obstante,  de  forma 
limitada,  por  cuatro  razones:  primera,  no  es  necesario  ser  partidario  de  la  teoria 
de  una  evoluciön  en  concordancia  de  fase  de  un  «sistema  mundial  moderno» 
(Immanuel  Wallerstein)  para  reconocer  que  hay  ciertos  paralelismos  y  armonias 
en  el  desarrollo  de  los  imperios  coloniales.  Por  ejemplo,  en  el  desarrollo  de  cada 
imperio  colonial  suena  inevitablemente,  en  algün  momento,  la  «hora  de  los 
burocratas»,  el  momento  en  que  los  conquistadores,  los  piratas  y  los  pioneros  del 
asentamiento  de  los  primeros  dias  son  dominados  o  reemplazados  por 
funcionarios  y  en  lugar  del  botin  salvaje  se  impone  la  administraciön  regulär  y  la 
valorizaciön  programada  de  la  correspondiente  colonia. 

En  segundo  lugar,  el  colonialismo  se  habia  convertido  en  un  factor  importante 
en  una  historia  mäs  completa  de  las  redes  globales]!].  Los  imperios  coloniales 
modernos  hicieron  mäs  espaciosas  las  äreas  de  ejercicio  del  poder.  Incluyeron 
diferentes  partes  del  mundo  en  una  amplia  gama  de  espacios  de  interacciön  y 
comunicaciön.  El  dominio  colonial  promoviö  -y  canalizö-  la  circulaciön  de 
bienes  de  todo  tipo  por  el  mundo  entero:  desde  mercancias  y  Capital  hasta  ideas  y 
präcticas  culturales,  pasando  por  plantas,  animales  y  enfermedades.  Por  ultimo, 
pero  no  menos  importante,  los  imperios  coloniales  a  menudo  se  convirtieron  en 


marco  para  la  movilidad  global  de  personas,  tanto  en  sus  variantes  voluntarias 
(como  la  migraciön  laboral)  como  en  las  involuntarias  (como  el  exilio,  la 
deportacion,  la  trata  de  esclavos)[4]. 

En  tercer  lugar,  los  imperios  coloniales  de  los  tiempos  modernos  no  eran 
unidades  hermeticas  aisladas.  Las  fronteras  externas  entre  imperios  a  menudo 
eran  permeables.  Entre  los  poderes  coloniales  habia  transferencias, 
negociaciones  e  intercambios.  Tampoco  su  personal  en  un  lugar  determinado  era 
nacionalmente  homogeneo:  tripulaciones  navales,  tropas  coloniales  y  sociedades 
misioneras  provenian  de  muchas  nacionalidades.  La  clase  de  productores  que 
dominaban  en  el  siglo  XVlii  las  islas  azucareras  del  Caribe  era,  por  su  origen  y 
su  vision  del  mundo,  paneuropea[5],  En  condiciones  de  libre  comercio,  como  las 
que  se  habian  impuesto  en  el  transcurso  del  siglo  XIX  en  el  mundo  colonial,  las 
relaciones  de  comercio  e  inversiön  atravesaban  las  fronteras  politicas,  de  modo 
que  antes  de  1914  grandes  capitales  alemanes  se  habian  invertido  en  el  Imperio 
britänico  y  la  expansiön  de  Rusia  en  gran  medida  fue  fmanciada  por  inversores 
franceses.  Uno  de  los  analistas  mäs  perspicaces  del  colonialismo, 
moderadamente  adepto,  ofreciö  esta  förmula:  «La  colonizaciön  moderna  no  es 
una  cuestiön  de  personas,  sino  de  Capital,  y  el  Capital  no  conoce  patria»[6], 

En  cuarto  lugar,  y  este  es  el  punto  mäs  importante,  la  vision  desde  las  atalayas 
de  Madrid,  Amsterdam  o  Londres  pasa  por  alto  la  continuidad  de  las 
experiencias  de  los  colonizados.  Estos  podian  cambiar  a  veces  de  amos 
coloniales,  como  pasö  con  los  cingaleses,  que  despues  de  su  primer  encuentro 
con  los  portugueses  conocieron  a  neerlandeses  y  britänicos;  o  los  filipinos,  que 
despues  de  la  dominacion  espahola  conocieron  la  estadounidense.  Lo  que 
quedaba  igual,  por  debajo  de  eso,  era  la  «Situation  colonial»:  el  inconfundible 
complejo  de  dominacion,  explotaciön  y  conflicto  cultural  en  entidades  politicas 
etnicamente  heterogeneas  surgidas  por  iniciativa  de  potencias  externas [7].  El 
origen  de  los  amos  coloniales  no  carecia  de  importancia,  pero  esta  era 
secundaria. 

Una  historiografia  colonial  no  eurocentrica,  por  tanto,  en  lugar  de  la  politica  de 
las  potencias  coloniales  deberia  tener  como  tema  principal  el  äuge  y  caida  de 
formas  sociales  especiales,  en  concreto  de  las  sociedades  coloniales,  por  muy 
discutible  que  pueda  ser  el  alcance  del  influjo  del  colonialismo  sobre  las 
regiones  no  europeas.  La  historiografia  colonial  mäs  antigua  daba  por  supuesto 
que  la  presencia  de  extranjeros  era  siempre  el  factor  decisivo  en  la  historia  de  un 
pais  colonizado,  de  modo  que  la  historia  de  la  India  en  el  siglo  XIX  se  ha  escrito, 
en  consecuencia,  como  la  historia  del  poder  britänico  en  la  India.  Para  casi 


cualquier  otra  colonia  se  pueden  encontrar  ejemplos  similares.  El  motivo 
principal  de  tales  representaciones  es  siempre  la  creaciön  del  orden  sobre  el 
caos,  de  la  cultura  sobre  la  naturaleza  a  partir  de  la  energica  intervenciön  de  los 
europeos  armados  del  pensamiento  racional  y  de  sus  buenas  intenciones[8].  La 
temprana  historiografia  nacional  en  los  pueblos  poscoloniales  del  «Tercer 
Mundo»,  amparada  por  los  teöricos  neomarxistas,  a  menudo  retoma  la  tesis  de  la 
superioridad  abramadora  de  los  colonialistas  y  se  limita  a  invertir  su  valoraciön: 
ahora  es  un  colonialismo  demonizado  el  supuesto  responsable  de  todas  las 
deficiencias  en  el  desarrollo.  En  una  tercera  fase,  a  continuaciön,  historiadores 
del  «Sur»  y  algunos  del  «norte»  acuerdan  que  el  colonialismo  fue,  despues  de 
todo,  un  fenömeno  marginal,  y  que  desde  el  punto  de  vista  de  la  larga 
perspectiva  histörica  no  es  mäs  que  una  nota  a  pie  de  pägina  en  la  historia  de 
Asia,  Africa  y  America. 

Tambien  es  habitual  exagerar  cuando  se  habla  con  ese  nivel  de  generalidad. 
Pero  ahi  se  plantea  la  cuestiön  central  del  tema  de  la  historia  del  colonialismo. 
Investigaciones  especiales,  muchas  de  ellas  a  partir  de  fuentes  locales  no 
provenientes  de  los  amos  coloniales,  han  sondeado  la  libertad  de  acciön  de  los 
colonizados  en  determinadas  situaciones  coloniales.  Una  formulaciön  del 
historiador  nigeriano  J.  F.  Ade  Ajayi  presenta  un  punto  medio  razonable  entre  la 
dramatizaciön  y  la  trivializaciön  de  los  efectos  de  la  dominaciön  colonial:  «A 
pesar  de  que  los  europeos  eran  en  general  los  amos  de  la  situaciön  colonial  y 
disponian  de  la  soberania  politica  asi  como  del  predominio  cultural  y  econömico, 
durante  el  periodo  colonial  no  tenian  el  monopolio  de  la  iniciativa»[9],  Tambien 
cabe  plantearse  quien,  cuando  y  en  que  condiciones  mantuvo  cada  uno  la 
iniciativa  histörica.  Esto  coloca  un  signo  de  interrogaciön  tras  el  esquema  de 
acciön-reacciön  establecido  hace  tanto  tiempo,  segün  el  que  siempre  eran  los 
representantes  dinämicos  de  Occidente  los  que  actuaban,  mientras  que  los 
nativos  locales  se  limitaban  a  reaccionar.  En  realidad,  la  situaciön  colonial  dibuja 
una  lucha  continua  de  todos  los  participantes  sobre  las  posibilidades  de  acciön. 
Entre  los  colonizados  era  siempre  un  combate  sobre  la  dignidad  humana. 


REMODELACIONES  COLONIALES:  UNA  PERIODIZACIÖN 

Una  rejilla  temporal,  por  tosca  que  sea,  es  un  recurso  indispensable  para  una 
orientaciön  sobre  la  diversidad  de  colonialismos  y  los  rasgos  de  la  situaciön 
colonial  durante  los  Ultimos  cinco  siglos.  Ningün  fenömeno  histörico  ha  dado 


lugar  a  tantas  interpretaciones  y  tan  diferentes.  Por  eso,  la  mayoria  de  los 
historiadores  de  la  expansion  europea  han  renunciado  prudentemente  a  los 
medios  esquemäticos  tan  necesarios  de  la  periodizacion  expllcita.  Una 
periodizacion  de  ese  tipo  es  tanto  mäs  dificil,  cuanto  menos  fiable  es  la  fuerza 
expresiva  de  los  datos  enciclopedicos  sobre  la  fundacion  y  «adquisicion»  de  las 
colonias.  Tales  datos  originales  son  a  menudo  eventos  historicamente 
indiscutibles:  estä  por  ejemplo  garantizado,  fuera  de  toda  duda,  que  el  14  de  julio 
de  1884  el  comisario  del  Reich  Gustav  Nachtigal  proclamo  el  «protectorado» 
alemän  sobre  la  region  de  Cameran.  Pero  ^que  nos  dicen  esos  datos?  Un 
ejemplo:  el  colonialismo  neerlandes  en  Indonesia  comienza,  segün  la  opiniön 
convencional,  con  la  fundacion  de  la  ciudad  de  Batavia  (Yakarta)  en  1619;  el 
frances  en  Marruecos  con  la  declaracion  del  pais  como  protectorado  en  1912. 
Ambos  paises  parecen  pues  pertenecer  a  periodos  bastante  diferentes  de  la 
historia  colonial.  Pero  el  intervalo  temporal  se  reduce  si  se  pregunta  uno  por  el 
principio  de  un  dominio  präctico  intensivo  de  las  zonas  del  interior  del  pais  por 
fuerzas  politicas  y  econömicas  exögenas,  que  cabe  datar  hacia  1830  tanto  para 
Indonesia  (mäs  precisamente,  Java)  como  para  Marruecos,  donde  la  «toma  del 
poder  imperial»  fue  el  ultimo  paso  de  un  largo  proceso  de  penetracion  informal; 
en  Indonesia  se  mantuvieron  präcticamente  incölumes  y  sin  influencias  externas 
grandes  zonas  del  pais  hasta  dos  siglos  despues  de  la  llegada  de  los 
neerlandeses[10]. 

La  historia  de  los  colonialismos  no  es  pues  solo  -y  ni  siquiera  principalmente- 
una  historia  de  conquistas,  adquisiciones  e  izado  de  banderas.  Es  una  historia  de 
la  construcciön  lenta  de  estructuras  de  poder  y  formas  sociales  y  de  su  extensiön 
espacial  o  lo  contrario  en  el  interior  de  territorios  nominalmente  reclamados. 
Mäs  fuerte  que  los  Estados-naciön  asentados  de  Europa,  que  eran  parecidamente 
gobernados,  y  en  los  que  el  poder  del  Estado  estaba  en  principio  presente  en 
todas  partes  dentro  de  las  fronteras  del  pais,  las  colonias  estaban  a  menudo 
marcadas  por  estructuras  del  tipo  centro-periferia.  Por  todas  partes  habia 
montanas  y  bosques,  estepas  y  desiertos,  que  durante  mucho  tiempo  o  para 
siempre  quedaban  fuera  del  control  del  centro.  Territorios  fronterizos  «dificiles 
de  pacificar»,  regiones  economicamente  poco  interesante  para  el  colonialista  o 
terrenos  baldios,  que  sin  embargo  estaban  a  menudo  poblados  por  gente  local.  El 
colonialismo  frances  tenia  un  aspecto  diferente  en  Argei  que  en  el  Atlas,  el 
espanol  no  era  el  mismo  en  el  centro  de  Mexico  que  en  el  Yucatän.  En  general, 
es  decir,  dentro  de  los  imperios,  se  encontraban  diferencias  similares  entre 
posesiones  importantes  y  regiones  remotas.  Habia  todo  un  mundo  de  distancia 


entre  un  virrey  de  la  India  y  un  gobernador  de  la  Honduras  britänica  (Belice).  En 
tales  «imperial  backwaters»  se  mantenian  formas  antiguas  de  colonialismo  que 
en  otros  lugares  ya  habian  desaparecido. 

Hay  pues  muchas  dificultades  para  una  periodizaciön  de  la  experiencia 
colonial:  la  diversidad  espacial,  la  extraordinaria  multiplicidad  de  las  culturas 
colonizadas,  la  pluralidad  de  las  potencias  coloniales  y  de  las  formas  de 
dominacion  y  de  colonizaciön,  asi  como  las  distancias  y  los  desplazamientos 
entre  nücleos  y  märgenes. 

A  continuacion  distinguiremos  seis  periodos  por  sus  remodelaciones  coloniales 
de  la  continuidad  de  la  expansiön  histörica  moderna.  Los  aspectos  mäs  amplios, 
no  coloniales,  del  desarrollo  del  sistema-mundo  moderno  son  solo  esbozados 
como  fondo. 

1)  1520-1570.  Construcciön  del  sistema  colonial  espanol.  Ya  antes  de  las 
conquistas  en  America  (1521  del  Imperio  azteca,  1533  del  Imperio  inca), 
algunos  experimentos  europeos  en  Ultramar  anticipaban  elementos  de  un  futuro 
colonialismo  territorial:  Venecia  en  el  Mediterräneo  oriental,  Portugal  en  la  costa 
de  Guinea  o  Espana  en  las  Isias  Canarias.  En  las  primeras  decadas  del  siglo  XVI, 
no  obstante,  se  produjo,  como  consecuencia  de  circunstancias  que  nadie  habia 
podido  prever,  la  bifurcaciön  simultänea  de  la  expansiön  europea  en  un 
«proyecto  comercial»  -como  lo  llamo  Adam  Smith  en  1776-  en  el  Oceano 
Indico  y  un  «proyecto  de  conquista»  en  AmcricaJJJJ.  El  comercio  europeo  en 
Asia  fue  desde  el  principio  (alrededor  de  1505)  un  comercio  armado.  Tanto  los 
portugueses  en  la  epoca  de  su  supremacia  comercial  como  los  neerlandeses,  que 
despegaron  en  torno  a  1620,  y  fmalmente  tambien  los  britänicos,  que  desde  1740 
aproximadamente  se  convirtieron  en  la  principal  potencia  comercial  europea  en 
los  mares  de  Oriente,  se  manifestaron  como  guerreros  mercantes  en  sus 
relaciones  comerciales  asiäticas,  que  solo  lograron  imponer  paulatinamente. 
Durante  un  tiempo  fundaron  y  defendieron  bases  costeras  fortificadas,  que  solo 
en  unos  pocos  casos  se  desarrollaron  antes  del  ultimo  tercio  del  siglo  XVIII 
hasta  convertirse  en  un  dominio  colonial  territorial:  en  Ceilän,  en  Java 
Occidental  y  en  el  centro  de  la  isla  filipina  de  Luzon.  Mäs  de  dos  siglos  y  medio 
despues  de  las  primeras  exploraciones  de  Vasco  da  Gama,  no  habia  todavia  en 
Asia  ningün  otro  dominio  colonial  europeo  sobre  una  poblaciön  significativa. 

Algo  tenian  en  comün  los  avances  europeos  en  el  Viejo  y  en  el  Nuevo  Mundo: 
en  ambos  casos  se  emplearon  y  desarrollaron  procedimientos  avanzados  de 
organizaciön  burocrätica.  En  Oriente  fueron  las  Companias  de  las  Indias 


Orientales,  especialmente  la  neerlandesa  y  la  britänica,  que  se  convirtieron  en 
aparatos  gigantescos  en  la  cima  de  su  eficiencia  como  organizaciones 
«modernas»  del  mundo.  En  Occidente  la  corona  espanola  se  vio,  como  resultado 
del  räpido  colapso  de  los  Imperios  azteca  e  inca,  ante  retos  inesperados.  «Hasta 
aquel  momento  -nos  dice  el  historiador  sir  John  Elliott-,  nunca  se  habia  visto 
una  sociedad  europea  ante  una  tarea  administrativa  de  tal  magnitud  y 
complejidad»[12].  Las  conquistas  de  Mexico  y  Peru  fueron  realizadas  en  gran 
medida  bajo  el  impulso  caballeresco-feudal  de  la  Reconquista,  esto  es,  la  lucha 
contra  los  moros  espanoles,  por  lo  que  la  construccion  de  una  administracion 
territorial  colonial,  que  al  principio  era  esencialmente  un  instrumento  estatal  de 
domesticaciön  al  servicio  de  conquistadores  y  colonos,  solo  se  podia  basar  en 
modelos  medievales.  El  resultado  fue  una  masa  sin  precedentes  de  präcticas 
juridicas  de  dominacion  y  «un  gobierno  mediante  papeles  que  la  historia  europea 
no  habia  conocido  hasta  entonces»[13],  Aunque  no  se  debe  sobrestimar  el 
caräcter  «racional»  de  la  burocracia  colonial  espanola,  sobre  todo  mäs  allä  de  su 
momento  de  mäximo  esplendor  en  el  siglo  XVI,  su  construccion  fue,  se  mire 
como  se  mire,  un  logro  notable,  cuyas  estructuras  de  poder,  establecidas  antes  de 
1570,  duraron  en  sus  rasgos  fundamentales  mäs  de  dos  siglos. 

2)  1630-1680.  Establecimiento  de  las  bases  de  la  economla  de  plantaciones  en 
el  Caribe.  Una  segunda  innovacion  en  el  siglo  XVI  en  Iberoamerica,  con  un 
prometedor  futuro,  fue  la  integracion  de  las  comarcas  colonizadas  en  la 
estructura  comercial  intercontinental,  como  productoras  para  la  exportacion. 
America  fue  mucho  antes  que  Asia,  como  ha  explicado  Immanuel  Wallerstein,  la 
primera  «periferia»  en  Ultramar  de  la  «economia-mundo  europea»,  es  decir,  un 
espacio  complementario  dependiente  que  le  atribuia,  en  la  di vision  del  trabajo  a 
escala  mundial,  la  funciön  de  la  generacion  de  los  metales  preciosos  y  productos 
agricolas  tropicales[14],  Habia  dos  cosas  decisivas  a  ese  respecto:  1)  La  creaciön 
de  los  sectores  manufactureros  orientados  a  la  exportacion  (y  los  europeos  no  se 
limitaron  a  «apoderarse»  simplemente  de  fuentes  ya  existentes  de  materias 
primas  y  productos  terminados,  como  hicieron  tipicamente  en  Asia)  y  2)  con  ese 
propösito,  introdujeron  o  perfeccionaron  formas  de  trabajo  forzado.  Se  puede 
poner  como  ejemplo  la  mineria  de  la  plata  boliviana  e  incluso,  mäs  claramente, 
la  produccion  de  azücar  en  el  Brasil  portugues,  descubierto  en  1500  y  que 
despues  de  un  periodo  inicial  de  comercio  «de  factorias»,  desde  la  decada  de 
1530  fue  colonizado  gradualmente  por  europeos. 

Desde  1570  se  propago  alli  la  forma  empresarial  de  la  plantaciön,  en  la  que 


esclavos  importados  de  Äfrica  generaban  productos  para  el  mercado  europeo.  La 
expansiön  de  neerlandeses,  britänicos  y  franceses  en  el  Caribe  antes  dominado 
por  Espana  tuvo  como  causas  originarias  las  rivalidades  entre  las  potencias 
europeas,  pero  sobre  todo  el  deseo  de  emular  el  exito  de  la  industria 
azucarera[15].  Los  neerlandeses,  que  desde  1637  hasta  1654  poseyeron  una 
colonia  en  el  norte  de  Brasil  (Pernambuco),  llevaron  desde  alli  la  «revoluciön 
azucarera»  a  las  Antillas.  En  el  Caribe  la  colonizaciön  tambien  comenzö  con  una 
fase  «salvaje».  La  pirateria  dominante  al  principio  se  contuvo  no  obstante  a 
partir  de  la  decada  de  1 640,  cuando  las  mayores  islas  quedaron  en  manos  de  los 
britänicos  (Barbados  en  1627,  Jamaica  en  1655)  o  los  franceses  (Guadalupe  y 
Martinica  en  1635,  Saint-Domingue  [la  mitad  Occidental  de  la  isla  llamada 
Hispaniola]  en  1664).  Solo  en  Cuba  se  mantuvieron  firmes  los  espanoles.  En 
todas  las  islas  se  crearon  plantaciones,  y  alrededor  de  1680  ya  estaban 
establecidas  sus  estructuras  tecnicas  y  sociales.  Hasta  1700  se  transportaron  por 
la  fuerza  al  Caribe  no  espanol  unos  450.000  africanos,  y  unos  600.000  a  Brasil. 
En  el  siglo  XV111  fueron  las  islas  britänicas,  francesas  y  neerlandesas  del  Caribe 
las  mayores  importadoras  de  esclavos  (unos  3.300.0001[16].  Las  mercancias 
coloniales  producidas  por  esclavos  dominaron  el  comercio  mundial  del  siglo 
XVIII.  Jamaica  y  Saint-Domingue  eran  entonces,  con  diferencia,  las  posesiones 
tropicales  mäs  productivas  de  sus  metröpolis;  Saint-Domingue,  el  mayor 
productor  de  azucar  y  cafe  del  mundo,  debia  de  producir  en  torno  a  1780  mäs 
riqueza  que  todo  el  resto  de  Hispanoamerica[  1 7] .  Antes  del  sistema  fabril 
mecanizado  de  la  Revoluciön  industrial,  puede  que  la  plantaciön  de  esclavos 
americana  fuera  la  forma  econömicamente  mäs  eficiente  de  producciön  de 
mercancias  a  gran  escala.  Al  mismo  tiempo  las  sociedades  coloniales  del  Caribe, 
como  artefactos  recien  surgidos  del  entorno  despoblado,  eran  el  experimento  de 
ingenieria  social  mäs  radical  de  la  epoca.  El  punto  mäs  avanzado  del 
colonialismo  mundial  entre  mediados  del  siglo  XVII  y  finales  del  XVIII  eran  las 
«Indias  Occidentales». 

3)  1760-1830.  Inicios  de  la  dominaciön  territorial  europea  en  Asia.  Esas 
decadas  constituyeron  un  periodo  de  desplazamientos  de  fuerzas  y  cambios 
estructurales  globales  sin  precedentes.  Tanto  en  la  America  espanola  como  en  la 
britänica  las  mayores  exigencias  de  la  metröpoli  provocaron  esfuerzos 
independentistas  exitosos  de  las  elites  coloniales  de  origen  europeo;  sin 
embargo,  la  formaciön  de  nuevos  Estados  nacionales  no  cambiö  drästicamente  la 
forma  en  que  se  integraban  esas  äreas  en  la  economia  global.  Muy  distinta  fue  la 


revoluciön  de  los  esclavos  en  Saint-Domingue,  que  en  1 804  llevo  a  la  fundaciön 
del  Estado  de  Haiti,  asi  como  a  la  eliminaciön  gradual  de  la  trata  de  esclavos  y 
de  la  esclavitud  que  acabö  poniendo  fm  en  la  regiön  atläntica  a  la  edad  de  oro  de 
los  intereses  azucareros  de  las  Indias  Occidentales.  A  diferencia  de  Espana  y 
Francia,  Gran  Bretana  pudo  compensar  sus  perdidas  coloniales.  No  solo  su 
industrializaciön,  sino  tambien  el  establecimiento  de  un  «Estado  fiscal- 
militar»[18].  le  permitieron  realizar  una  intervenciön  militar  mundial.  La  Guerra 
de  los  Siete  Anos,  que  cabe  considerar  como  la  primera  guerra  mundial,  llevo  al 
colapso  de  las  posiciones  francesas  en  Canadä  y  en  la  India[19],  La  expediciön 
de  Bonaparte  a  Egipto  en  1798  tuvo  notables  efectos  en  el  mundo  musulmän, 
pero  no  trajo  consigo  la  fundaciön  de  un  nuevo  Imperio  frances  en  Oriente,  algo 
que  no  comenzö  en  realidad  hasta  la  ocupaciön  de  Argei  en  1830.  De  la 
competiciön  maritima  con  Francia  durante  la  «segunda  era  de  los 
descubrimientos»  solo  Reino  Unido  obtuvo  ganancias  territoriales  dignas  de 
menciön:  desde  1788  se  fue  asentando  una  poblaciön  colonial  en  Australia,  al 
principio  como  colonia  penal;  la  conquista  y  colonizaciön  de  Nueva  Zelanda, 
que  James  Cook  habia  reclamado  en  la  decada  de  1770  para  la  corona  britänica, 
no  comenzö  hasta  1 840. 

La  novedad  colonial  mäs  importante  de  la  epoca  fue  la  obtenciön  de  la 
posiciön  predominante  britänica  en  la  India.  La  Compania  Britänica  de  las 
Indias  Orientales  se  habia  constituido  al  principio  como  red  de  bases  portuarias 
comerciales,  interfiriendo  luego  cada  vez  mäs  en  la  politica  interna  de  la  India, 
en  la  fase  de  declive  del  Imperio  mogul,  en  los  antagonismos  que  enfrentaban  a 
diversos  principes  regionales.  A  diferencia  de  los  espanoles  en  America  Central, 
al  principio  los  britänicos  no  tenian  en  la  India  planes  de  conquista,  y  mucho 
menos  de  misiön  religiosa  evangelizadora;  hasta  mediados  de  siglo  tambien 
estaban  muy  lejos  de  una  ventaja  militar  decisiva  sobre  los  Estados  indios.  En 
Bengala,  donde  se  concentraban  cada  vez  mäs  los  intereses  comerciales 
britänicos,  se  habia  llegado  a  una  componenda  con  el  principe  regional  o  nabab 
que,  en  principio,  parecia  satisfacer  a  ambas  partes.  Solo  el  colapso  de  esa 
«colaboraciön»  como  consecuencia  de  diversas  causas  planteö  la  idea  de  la 
dominaciön  territorial.  En  1755  Robert  Clive,  el  futuro  conquistador  de  Bengala, 
expresö  lo  que  hasta  entonces  era  impensable:  «Debemos  convertirnos  en  el 
propio  nabab» [20],  A  partir  de  entonces  los  britänicos  desarrollaron  dentro  del 
sistema  estatal  policentrico  indio  una  estrategia  de  sometimiento,  aunque  se 
fuera  realizando  paulatinamente,  atravesando  fases  de  estancamiento  y  de 
consolidaciön.  Al  final  del  periodo  colonial,  en  1947,  se  mantenian  cientos  de 


estados  principescos  supuestamente  autönomos,  pero  en  1818  los  britänicos 
podlan  ya  considerarse  como  «poder  supremo»,  con  una  supremacia  indiscutible 
en  el  subcontinente. 

La  Compania  Britänica  de  las  Indias  Orientales  continuö  desempenando  su 
doble  papel  como  empresa  de  negocios  y  poder  estatal.  Bajo  la  supervisiön 
constante  y  cada  vez  mäs  estrecha  del  gobierno  de  Londres,  uniö  a  la  expansiön 
militar  de  su  dominaciön  una  «construccion  imperial  interna»  que,  dicho 
esquemäticamente,  comprendia  una  secuencia  especifica  de  pasos:  1)  obtenciön 
de  un  monopolio  comercial  eficaz;  2)  afianzamiento  de  un  dominio  militar  y 
desarme  de  los  poderes  locales  subordinados;  3)  ratificaciön  de  los  ingresos 
fiscales;  4)  estabilizaciön  mediante  normas  legales  integrales  y  construccion  de 
una  administraciön  burocrätica;  y  5)  intervenciones  con  propuestas  de  reforma 
en  la  sociedad  indigena.  Esta  quinta  etapa  se  alcanzö  a  principios  de  la  decada  de 
1830,  con  la  que  no  solo  comenzö  la  era  del  dominio  europeo  sobre  las 
sociedades  asiäticas  de  «alta  cultura»,  sino  que  se  creö  el  prototipo  de  una 
colonia  de  control  sin  asentamiento  de  colonos,  modelo  para  la  expansiön 
britänica  en  otras  regiones  de  Asia  y  Africa. 

4)  1830-1900.  Nueva  formaciön  de  colonias  en  el  Viejo  Mundo.  La  epoca  entre 
1830  y  1880  no  fue  un  intervalo  de  sosiego  total  en  la  historia  de  la  expansiön 
europea.  Solo  el  otrora  rico  Caribe  se  convirtiö  en  un  «rincön  desplazado  u 
olvidado  del  mundo»[21].  Como  signo  del  «imperialismo  de  libre  comercio»  los 
europeos  obligaron  a  China,  Japön,  Siam  (Tailandia)  y  en  mayor  medida  que 
antes  al  Imperio  otomano,  asi  como  a  Egipto,  independizado  de  hecho,  a  abrir 
sus  economias;  se  les  impusieron  las  restricciones  de  soberania  caracteristicas 
del  imperio  informal [22].  La  Latinoamerica  ya  no  colonial  y  el  Africa 
Occidental  liberada  del  träfico  de  esclavos  pero  todavla  no  colonizada,  se 
insertaron  mäs  profundamente  en  la  economia  mundial  como  productoras  para  la 
exportaciön.  En  Java,  la  isla  principal  de  las  Indias  neerlandesas,  comenzö 
despues  de  1830  la  intervenciön  colonial  directa  en  el  uso  de  la  tierra;  las  islas 
exteriores  de  Indonesia  fueron  sometidas  gradualmente  en  los  anos  siguientes.  El 
sudeste  asiätico  Continental  fue  asediado  por  las  potencias  imperialistas  desde 
alrededor  de  1820.  Primero  cayeron  en  manos  extranjeras  las  tierras  bajas 
costeras:  en  1852-1853  la  Baja  Birmania  con  Rangun,  en  1857  Cochinchina  con 
Saigon.  Alrededor  de  1870  eran  ya  claramente  visibles  los  limites  coloniales 
posteriores.  Durante  todo  ese  periodo  el  Imperio  zarista  invadiö  militarmente  el 
Cäucaso  y  Asia  Central,  y  con  medios  mäs  diplomäticos  el  Lejano  Oriente.  Asi 


se  agudizö  cada  vez  mäs  la  larga  «guerra  fria»  entre  las  dos  principales  potencias 
imperialistas  en  Asia,  Rusia  y  Gran  Bretana,  el  llamado  «Gran  Juego». 

Aunque  esas  continuidades  en  la  conquista  europea  del  mundo  y  muchas 
conexiones  entre  la  diplomacia  europea  cläsica  y  las  del  «alto  imperialismo» 
hablan  en  su  favor,  hacia  1870-1880  se  puede  hablar  de  un  hiato  entre  dos  fases. 
La  mayorla  de  las  razones  para  esto  se  encuentra  en  el  entorno  imperialista  mäs 
amplio  del  colonialismo,  es  decir,  en  los  cambios  estructurales  de  la  economla  y 
el  sistema  interestatal  mundiales.  Visto  desde  la  historia  colonial,  el 
acontecimiento  decisivo  determinante  de  las  dos  ültimas  decadas  del  siglo  XIX 
es  la  ocupaciön  europea  de  Äfrica:  un  proceso  ünico  de  expropiaciön  de  todo  un 
continente.  La  palabra  clave  al  respecto  es  el  «reparto  de  Äfrica».  En  visperas  de 
ese  proceso  solo  habia  dos  grandes  äreas  de  colonizaciön  europea  en  el 
continente:  Sudäfrica  (desde  1652)  y  Argelia  (desde  1830),  a  las  que  se  podian 
anadir  algunas  contribuciones  selectivas  de  los  portugueses  (Angola, 
Mozambique),  franceses  (Senegal)  y  britänicos  (Sierra  Leona,  Lagos).  En  total 
vivian  entonces  hacia  1870  en  Argelia  y  Sudäfrica  (incluidas  las  dos  repüblicas 
böer)  alrededor  de  245.000  blancos[23],  A  la  ocupaciön  de  Äfrica  en  el  ultimo 
cuarto  de  siglo  pertenece  tambien  la  expansiön  de  esos  nücleos  de  colonizaciön 
en  el  norte  y  en  el  sur.  El  descubrimiento  de  depösitos  de  diamantes  en  1867  y  de 
vetas  de  oro  en  1886  desencadenö  un  desarrollo  que  convirtiö  Sudäfrica  en  un 
centro  de  crecimiento  capitalista,  un  imän  para  el  Capital  internacional,  que 
transformö  y  al  mismo  tiempo  consolidö  la  dominaciön  blanca[24].  En  Argelia 
se  produjo  en  esa  misma  epoca,  aunque  en  condiciones  casi  puramente  agrarias, 
un  resultado  similar  como  consecuencia  de  grandes  transferencias  de  tierras  de  la 
poblaciön  indigena  a  la  cantidad  räpidamente  creciente  de  colonos  asentados. 

El  autentico  «reparto»  de  Äfrica  en  el  periodo  comprendido  entre  la  ocupaciön 
de  Tünez  por  los  franceses  en  1881  y  la  de  Egipto  por  los  britänicos  en  1882, 
como  inicio,  y  la  Guerra  de  los  Böers  en  1899-1902  como  final,  fue  al  principio 
un  proceso  mäs  bien  simbölico.  Mediante  acuerdos  reciprocos,  las  grandes 
potencias  europeas  se  comprometieron  al  reconocimiento  mutuo  de  las  colonias, 
protectorados  y  esferas  de  influencia.  La  «paper  partition»  se  convirtiö,  lenta  y 
fragmentariamente,  en  «partition  on  the  ground»,  en  ocupaciön  efectiva.  Se 
establecieron  entonces  fronteras  que  han  permanecido  hasta  hoy  como  tales  para 
los  Estados-naciön  africanos  independientes.  El  llamado  «reparto»  de  su 
continente  significö  a  menudo  para  los  africanos  la  separaciön  entre  grupos  que 
habian  compartido  tradiciones  durante  siglos,  y  muchas  otras  veces  lo  contrario: 
«un  acto  imprudente  de  fusiön  politica  entre  mäs  de  diez  mil  unidades  [politicas] 


reducidas  a  unas  cuarenta»[25].  En  el  Norte  de  Äfrica  islämico  en  particular 
(Egipto,  Marraecos,  Tünez  y  Argelia)  y  tambien  en  partes  de  Asia  (Vietnam, 
Corea,  Birmania)  el  colonialismo  dio  lugar  a  una  formaciön  compleja  de  Estados 
independientes.  A  ese  respecto  se  percibia  como  particularmente  ilegitimo  el 
dominio  colonial. 

5)  1900-1930.  Desarrollo  de  las  economlas  exportadoras  coloniales.  Aunque 
la  «era  del  imperialismo»  acabo  en  muchos  sentidos  en  1914,  los  pueblos 
colonizados  no  lo  experimentaron  asi  en  un  principio.  Solo  en  Egipto  se  produjo 
una  retirada  limitada  del  poder  colonial  en  el  periodo  de  posguerra,  compensada 
por  un  nuevo  empuje  colonizador:  la  subordinaciön  de  las  antiguas  provincias 
ärabes  del  Imperio  otomano  al  dominio  frances  (Siria,  Libano)  y  britänico 
(Palestina,  Transjordania,  Iraq).  Ademäs,  ninguna  de  las  antiguas  posesiones  del 
Imperio  alemän  alcanzö  la  independencia;  simplemente  cambiaron  de  amo 
colonial.  Todo  esto  ocurrio  bajo  la  förmula  legal  de  los  «mandatos»  de  la  recien 
formada  Sociedad  de  Naciones  y  el  compromiso  de  los  mandatarios  a  una 
rendiciön  de  cuentas  publica.  Como  obstinada  actuaciön  educativa  hacia  los 
pueblos  todavia  inmaduros  fuera  de  Europa  -«pueblos  que  bajo  las  duras 
condiciones  del  mundo  moderno  aün  no  son  capaces  de  acceder  a  la  indepen- 
dencia»[26]-  un  colonialismo  suave  debia  prolongarse  hasta  que  un  futuro 
indefmido  lo  hiciera  innccesario[27].  La  retörica  benevolente  de  1919,  en  la 
tradiciön  del  «imperialismo  liberal»  de  antes  de  la  guerra,  no  podia  sin  embargo 
encubrir  las  realidades  coloniales.  Muy  poco  era  lo  que  habia  cambiado  en  las 
posiciones  fundamentales  de  las  grandes  potencias  «blancas»,  como  demuestra 
mejor  que  nada  el  hecho  de  que  la  gran  potencia  de  «color»  japonesa  fracasara 
en  su  peticiön  de  inclusiön  de  una  clausula  sobre  la  igualdad  racial  en  el  Tratado 
de  constituciön  de  la  Sociedad  de  Naciones  [28],  El  propio  Japön  practicaba  por 
lo  demäs  en  Taiwan,  en  Corea  y  mäs  tarde  en  China  un  colonialismo  muy  rigido, 
en  cuyo  repertorio  de  justificaciones  no  faltaban  tonos  racistas. 

Especialmente  rico  en  consecuencias  fue  el  establecimiento  de  mandatos  en  el 
Proximo  Oriente.  El  dominio  turco  no  habia  sido  en  general  demasiado  severo 
para  los  pueblos  de  la  regiön;  no  era  tampoco  percibido  necesariamente  como  un 
dominio  extranjero.  Las  elites  politicas  de  esas  naciones  tampoco  entendian  por 
que  no  debian  gobernarse  a  si  mismas.  En  Siria  se  constituyo  desde  octubre  de 
1918  un  gobierno  nacional  que  pretendia  proclamar  su  propio  Estado,  algo  que 
impidiö  el  desembarco  frances,  autorizado  por  la  Sociedad  de  Naciones,  en  julio 
de  1920.  Dado  que  los  franceses  y  britänicos,  inspirados  por  sus  propias 


ilusiones  imperialistas  en  el  mundo  ärabe,  no  mostraron  ningün  respeto  por  las 
aspiraciones  y  sentimientos  regionales  y  se  dejaron  llevar  por  sus  propios 
intereses  egoistas,  nunca  podrian  haber  obtenido  la  legitimidad  que  ostentaba  el 
sultän  turco[29].  A  una  explosiva  zona  conflictiva  en  el  Imperio  britänico, 
todavia  mäs  amenazado  entonces  por  el  independentismo  indio,  se  sumö  en  la 
decada  de  los  treinta  del  pasado  siglo  el  Mandato  de  Palestina. 

El  mundo  colonial  alcanzö  su  mäxima  expansiön  histörica  en  la  decada  de  los 
veinte  del  siglo  XX.  La  ampliaciön  en  extensiön  del  colonialismo  correspondiö  a 
su  intensificaciön,  que  ya  habia  comenzado  en  muchas  zonas  alrededor  del 
cambio  de  siglo.  Las  potencias  coloniales  trataron  de  sistematizar,  codificar  con 
metodo,  e  incluso  de  ratificar  el  «caräcter  cientifico»  de  sus  administraciones. 
Tras  la  fase  de  un  imperialismo  combatiente  debia  llegar  ahora  de  un  disfrute 
pacifico  de  los  frutos  coloniales.  El  fin  del  sistema  colonial  era  inimaginable 
para  la  mayoria  de  los  politicos  metropolitanos  y  para  la  opiniön  publica  mäs 
entusiasta  con  la  Propaganda  del  imperio.  Los  magnificos  edificios  e 

instalaciones  urbanas  que  ahora  surgian  en  todas  partes  en  el  mundo  colonial 
estaban  obviamente  pensados  para  la  eternidad. 

Lue  en  aquel  momento  cuando  se  emprendiö  el  desarrollo  infraestructural  de 
muchas  äreas  coloniales.  A  la  epoca  de  la  construcciön  de  las  grandes  vias 
ferroviarias  le  siguiö  la  de  las  autopistas  para  los  automöviles.  Con  ello  cambio 
la  logistica  de  la  seguridad  colonial:  ahora  las  fuerzas  de  seguridad  podrian  ser 
transportadas  mäs  räpidamente  y  de  forma  mäs  flexible  a  los  puntos 

problemäticos.  Adicionalmente  mejoraron  y  se  abarataron  las  nuevas 

posibilidades  tecnicas  de  «vigilancia  aerea»:  los  movimientos  de  resistencia 
podian  ser  ahora  controlados  y  atacados  desde  el  aire[30].  Por  otra  parte,  la 
circulaciön  de  camiones  hacia  accesibles  las  zonas  mäs  remotas  y  establecia  al 
mismo  tiempo  las  bases  para  la  constituciön  de  empresas  de  transporte  locales. 

La  caracteristica  quizä  mäs  importante  del  periodo  entre  el  final  del  reparto  del 
mundo  en  torno  al  cambio  de  siglo  y  el  comienzo  de  la  crisis  econömica  mundial 
de  1929  fue  la  expansiön  de  la  economia  exportadora  colonial[31].  Se 

desarrollaron  nuevos  sectores  y  se  expandieron  hacia  el  interior  los  enclaves 
existentes  de  producciön  para  la  exportaciön.  Las  corporaciones  europeas  de 
nuevo  tamano  y  poder  (por  ejemplo,  Lever  Brothers/Unilever)  se  apoderaron  de 
una  parte  considerable  del  comercio  exterior.  Algunas  äreas,  tales  como  la 
producciön  de  cobre  en  el  Congo  belga  o  la  producciön  de  petröleo  en  Iraq, 
permanecian,  como  antes  los  negocios  de  oro  y  diamantes  en  Sudäfrica,  bajo  el 
control  de  grandes  empresas.  En  Asia  se  desarrollo  un  tipo  de  sociedades 


coloniales  totalmente  acordes  con  la  producciön  capitalista  para  la  exportacion, 
especialmente  llamativa  en  las  posesiones  britänicas  de  Ceilän  y  Malasia  y  en  la 
isla  de  Taiwan  dominada  por  los  japoneses.  La  Gran  Depresiön  de  la  decada  de 
los  treinta  del  siglo  XX  interrumpio  casi  en  todas  partes  el  äuge  de  las 
exportaciones.  Hizo  dramäticamente  evidente  el  nuevo  nivel  de  dependencia 
externa  de  los  paises  perifericos,  tanto  de  los  formalmente  dominados  como  los 
informalmente  controlados. 

6)  1945-1960.  La  «segunda  ocupaciön  colonial»  de  Africa.  La  epoca  posterior 
a  la  Segunda  Guerra  Mundial  no  aparece  bajo  el  signo  de  la  recomposiciön 
colonial,  sino  de  la  descolonizacion,  con  lo  que  se  alude  a  lo  que  propiamente 
habria  que  llamar  tercera  oleada  de  deconstruccion  de  la  dominaciön 
colonial[32].  La  primera  descolonizacion  seria  entonces  la  emancipacion 
nacional  de  la  mayoria  de  las  posesiones  europeas  en  el  Nuevo  Mundo  entre 
1776  y  1825;  la  segunda,  la  lenta  transformaciön  iniciada  en  Canadä  en  1839  de 
las  colonias  de  asentamiento  del  tipo  «neoingles»  en  Estados  de  hecho 
autönomos,  «dominios»  (como  se  conocian  comünmente  desde  1907)  dentro  del 
Imperio  britänico.  Constitucionalmente,  este  proceso  fue  completado  por  el 
Estatuto  de  Westminster  de  1931,  por  el  que  Canadä,  Australia  y  Nueva  Zelanda 
podian  llegar  a  ser  «tan  soberanos  como  desearan»[33]. 

No  estä  del  todo  claro  cuändo  comenzö  la  tercera  descolonizacion.  Se  podria 
considerar  la  aplicaciön  en  1922  de  la  «Home  Rule»  en  lrlanda  -que  fue  durante 
siglos  algo  asi  como  una  colonia  inglesa-  como  el  primer  gran  acto  de  liberaciön 
colonial  del  siglo  XX.  La  emancipacion  del  «mundo  de  color»  entrö  oficialmente 
en  la  agenda  histörica  cuando  el  Congreso  estadounidense  aceptö  en  1933  que 
Filipinas  seria  independiente  al  cabo  de  un  periodo  de  transiciön  de  diez  anos.  La 
Guerra  del  Pacifico  iniciada  por  Japon  fruströ  ese  cronograma,  pero  acelero  el 
final  de  los  imperios  coloniales  en  Asia.  El  Imperio  japones  colapso  en  1945. 
Despues  de  Iraq  (1932)  se  abrogaron  entre  1944  y  1948  los  restantes  mandatos 
de  las  Naciones  Unidas/ONU  aunque  los  paises  en  cuestiön  (excepto  Israel) 
todavia  estaban  lejos  de  una  libertad  de  accion  soberana  efectiva.  Las  colonias 
estadounidenses,  neerlandesas  y  britänicas  en  Asia  (con  la  excepcion  de  Malasia 
y  Singapur)  obtuvieron  su  independencia  antes  de  1949;  pero  para  la  Indochina 
francesa  la  independencia  nominal  reconocida  en  1954  solo  significo  el 
comienzo  de  una  fase  de  nuevas  intervenciones  que  no  acabo  hasta  la  derrota  y 
retirada  de  las  tropas  estadounidenses  en  1975. 

La  descolonizacion  de  Africa  comenzo  con  la  retirada  italiana  de  Libia  en 


1951.  En  1956  la  crisis  de  Suez  condujo  al  colapso  de  los  privilegios  militares  y 
los  intereses  economicos  que  Gran  Bretana  habla  conservado  en  Egipto.  Entre 
ese  ano  y  1964  se  independizö  la  mayor  parte  de  Äfrica.  Portugal  pudo  mantener 
sus  colonias  hasta  1974-1975;  en  Rhodesia/Zimbabue  los  colonos  blancos 
declararon  unilateralmente  su  independencia  de  la  corona  britänica  en  1965; 
hasta  1980  no  se  llego  a  un  gobierno  de  mayoria  nativa.  Ese  proceso  termino  con 
la  transicion  de  Sudäfrica  a  la  democracia  en  1994. 

La  descolonizaciön  puede  parecer  retrospectivamente  como  un 
desmoronamiento  de  los  «dominios»  en  un  proceso  imparable,  pero  para  muchos 
contemporäneos  no  fue  asi  en  absoluto.  Los  estrategas  del  Imperio  britänico  se 
sobrepusieron  con  relativa  facilidad  a  la  perdida  de  la  «joya  de  la  corona»  india, 
que  la  antigua  potencia  colonial  consiguio  mantener  estrechamente  vinculada  a 
su  orbita  econömica  despues  de  1947.  Hasta  la  crisis  de  Suez  de  1956  se  habian 
depositado  grandes  esperanzas  en  la  consolidacion  del  imperio  informal  en  el 
Oriente  Medio  y  Proximo.  Despues  quedaba  al  menos  Äfrica,  a  la  que  se  habia 
prestado,  tambien  desde  el  lado  frances,  una  inmensa  atencion  desde  la  decada 
de  los  cuarenta  del  pasado  siglo. 

Se  puede  hablar  a  este  respecto  de  una  ultima  fase  de  reconstruccion  colonial 
interna.  Hasta  1945  Äfrica  nunca  habia  sido  tan  importante  para  las  potencias 
europeas  como  en  la  decada  y  media  posterior,  especialmente,  en  un  sentido 
estrictamente  econömico,  para  la  potencia  colonial  mäs  antigua  de  Äfrica: 
Portugal.  En  Francia,  como  en  Gran  Bretana,  se  opto  por  primera  vez  por  un 
colonialismo  desarrollista  a  base  de  grandes  inversiones  püblicas  sin  reparar  en 
gastos,  que  debia  aportar  beneficios  directos  a  las  metröpolis  y  a  los  africanos  la 
«madurez»  necesaria  para  una  proxima  independencia.  Para  el  Äfrica  britänica 
se  hablo  incluso  de  una  «segunda  ocupaciön  colonial»:  una  inflaciön  sin  par  de 
la  burocracia  colonial  y  una  expansiön  sin  precedentes  de  la  actividad  estatal, 
tambien  en  problemas  locales.  Nunca  antes  habian  estado  tantos  africanos  en  un 
contacto  tan  directo  con  representantes  de  la  potencia  colonial  como  en  los 
Ultimos  anos  del  Imperio [3 4],  Precisamente  ese  tardio  esfuerzo  colonial  provoco 
el  desmoronamiento  de  todo  el  sistema,  dado  que  las  promesas  de  desarrollo 
despertaron  en  muchos  africanos  expectativas  que  nunca  se  podrian  cumplir, 
sobre  todo  porque  los  apuros  economicos  de  Reino  Unido  parecian  justificar  de 
nuevo  que  las  decisiones  de  politica  comercial  y  monetaria  corrieran  a  expensas 
de  las  colonias [3 5],  Por  otra  parte,  esa  ultima  fase  del  colonialismo  desarrollista 
dejö  profundas  huellas  que  sobrevivieron  a  la  conclusiön  de  la  dominaciön 
colonial  formal. 


[1]  Vease,  en  general,  W.  Reinhard,  Geschichte  der  europäischen  Expansion,  4  vols.,  Stuttgart,  1983- 
1990,  asl  como  Kleine  Geschichte  des  Kolonialismus,  Stuttgart,  2008. 

[2]  A.  Girault,  Principes  de  colonisation  et  de  legislation  coloniale,  vol.  1,  Paris,  1921,  p.  17. 

[3]  Vease  por  ejemplo  los  tltulos  de  Osterhammel  y  Petersson,  y  Wendt  en  la  «Bibliografia»,  asl  como  G. 
B.  Magee  y  A.  S.  Thompson,  Empire  and  Globalisation:  Networks  of  People,  Goods  and  Capital  in  the 
British  World,  c.  1850-1914,  Cambridge,  2010. 

[4]  Veanse,  por  ejemplo,  M.  Harper  y  S.  Constantine  (eds.),  Migration  and  Empire,  Oxford,  2010;  D. 
Hoerder,  Cultures  in  Contact:  World  Migration  in  the  Second  Millenium,  Durham  (NC),  2002. 

[5]  D.  Lowenthal,  West  Indian  Societies,  Nueva  York,  1972,  p.  29. 

[6]  J.  S.  Fumivall,  Colonial  Policy  and  Practice:  A  Comparative  Study  of  Burma  and  Netherlands  India, 
Cambridge,  1948,  p.  5. 

[7]  Vease  el  clasico  ensayo  de  G.  Balandier,  «Die  koloniale  Situation:  Ein  theoretischer  Ansatz»  [1952], 
en  R.  v.  Albertini  (ed.),  Moderne  Kolonialgeschichte,  Köln,  1970,  pp.  106-124.  Sobre  las  respuestas:  F. 
Cooper,  Colonialism  in  Question:  Theory  Knowledge,  History  Berkeley,  2005,  pp.  33-55. 

[8]  Vease  P.  Carter,  The  Road  to  Botanv  Bav:  An  Exploration  of  Landscape  and  History,  Nueva  York, 
1988,  p.  XVI. 

[9]  J.  F.  A.  Ajayi,  «Colonialism:  An  Episode  in  African  History»,  en  L.  H.  Gann  y  P.  Duignan  (eds.), 
Colonialism  in  Africa  1870-1960,  vol.  1,  Cambridge,  1969,  p.  505. 

[10]  El  caso  lo  menciona  C.  Geertz,  Religiöse  Entwicklungen  im  islam.  Beobachtet  in  Marokko  und 
Indonesien,  Francfort,  1991,  pp.  97  y  ss. 

[11]  A.  Smith,  An  Inquiry  into  the  Nature  and  Causes  of  the  Wealth  of  Nations,  Oxford  University  Press, 
1976,  vol.  2,  p.  564  [ed.  cast.:  Una  investigaciön  sobre  la  naturaleza y  causas  de  la  riqueza  de  las  naciones, 
Madrid,  Tecnos,  2009]. 

[12]  J.  H.  Elliott,  Spain  and  Its  World  1500-1700:  Selected  Essays,  New  Haven,  1989,  p.  13  [ed.  cast.: 
Espahay  su  mundo  (1500-1700),  Madrid,  Taurus,  2007]. 

£13]  Ibid.,  p.  15. 

[14]  I.  Wallerstein,  The  Modern  World-System.  Vol.  1:  Capitalist  Agriculture  and  the  Origins  of  the 
European  World-Economy  in  the  Sixteenth  Century,  Nueva  York,  1974,  p.  336  [ed.  cast.:  El  moderno 
sistema  mundial  I  -  La  agricultura  capitalista  y  los  orlgenes  de  la  economia-mundo  europea  en  el  siglo 
XVI,  Madrid,  Siglo  XXI  de  Espana,  2016], 

[15]  Vease  J.  H.  Galloway,  The  Sugar  Cane  Industry:  An  Historical  Geography  from  its  Origins  to  1914, 
Cambridge,  1989;  S.  W.  Mintz,  Die  süße  Macht.  Kulturgeschichte  des  Zuckers,  Fräncfort,  2007. 

[16]  Cifras  ofrecidas  por  Ph.  D.  Curtin,  The  Atlantic  Slave  Trade:  A  Census,  Madison  (WI),  1969,  p.  268 
(Tab.  77).  D.  Eltis  y  D.  Richardson,  Atlas  of  the  Transatlantic  Slave  Trade,  New  Haven,  2010,  pp.  200-203. 

[17]  Vease  J.  E.  McClellan,  Colonialism  and  Science:  Saint  Domin gue  in  the  Old  Regime,  Baltimore, 
1992,  p.  2. 

[18]  Veanse  J.  Brewer,  The  Sinews  of  Power:  War,  Monev  and  the  English  State,  1688-1783,  Nueva  York, 
1989;  y  P.  J.  Cain  y  A.  G.  Hopkins,  British  Imperialism,  Londres,  2001,  pp.  71-84. 

[19]  Vease  M.  Füssel,  Der  Siebenjährige  Krieg.  Ein  Weltkrieg  im  18.  Jahrhundert,  Munich,  2010. 

[20]  Cit.  en  P.  Spear,  Master  of  Bengal:  Clive  and  His  India,  Londres,  1975,  p.  146. 

[21]  G.  K.  Lewis,  The  Growth  of  the  Modern  West  Indies,  Nueva  York,  1968,  p.  63. 

[22]  Sobre  el  ejemplo  de  China:  J.  Osterhammel,  China  und  die  Weltgesellschaft.  Vom  18.  Jahrhundert 
bis  in  unsere  Zeit,  Munich,  1989,  pp.  139-201. 

[23]  Cifras  ofrecidas  por  C.-R.  Ageron,  Histoire  de  l’Algerie  contemporaine.  Vol.  2:  De  l’insurrection  de 
1871  au  declenchement  de  la  guerre  de  liberation  (1954),  Paris,  1979,  p.  119;  J.  Fisch,  Geschichte 
Südafrikas,  Munich,  1991,  p.  144. 

[24]  Vease  C.  H.  Feinstein,  An  Economic  Histoiy  of  South  Africa:  Conquest,  Discrimination  and 
Development,  Cambridge,  2005. 

[25]  R.  Oliver,  The  African  Experience,  ed.  rev.,  Londres,  1999,  p.  211. 

[26]  Art.  22.1  del  Tratado  de  la  Sociedad  de  Naciones,  en  R.  B.  Henig  (ed.),  The  League  of  Nations, 


Edimburgo,  1973,  p.  186. 

[27]  Vease  W.  R.  Louis,  «The  Era  of  the  Mandates  System  and  the  Non-European  World»,  en  H.  Bull  y 
A.  Watson  (eds.),  The  Expansion  of  International  Society,  Oxford,  1984,  pp.  201-213;  N.  Meouchy  y  R 
Sluglett  (eds.),  The  British  and  French  Mandates  in  Comparative  Perspectives,  Leiden,  2004. 

[28]  Vease  N.  Shimazu,  Japan,  Race  and  Equality:  The  Racial  Equalitv  Propos al  of  1919,  Londres, 
1998. 

[29]  Vease  P.  S.  Khoury:  Syria  and  the  French  Mandate:  The  Politics  of  Arab  Nationalism,  1920-1945, 
Londres,  1989,  especialmente  pp.  27-94. 

[30]  Vease  D.  E.  Omissi,  Air  Power  and  Colonial  Control:  The  Royal  Air  Force  1919-1939,  Manchester, 
1990. 

[31]  Hay  mucho  material  al  respecto  en  la  gran  panorämica  de  R.  von  Albertini,  Europäische 
Kolonialherrschaft  1880-1940,  Stuttgart,  41997. 

[32]  Vease  Reinhard,  Geschichte  der  europäischen  Expansion,  op.  cit.,  vol.  2,  pp.  203  y  ss. 

[33]  W.  D.  Mclntyre,  The  Signißcance  of  the  Commonwealth,  1965-1990,  Basingstoke,  1991,  p.  15. 

[34]  D.  A.  Low,  Eclipse  of  Empire,  Cambridge,  1991,  pp.  173-176. 

[35]  Vease  D.  K.  Fieldhouse,  Black  Africa,  1945-1980:  Economic  Decolonization  and  Arrested 
Development,  Londres,  1986,  p.  23. 


IV.  CONQUISTA,  RESISTENCIA  Y  COLABORACIÖN 


El  dominio  colonial  casi  nunca  resulta  de  un  ataque  fulminante  sobre  victimas 
completamente  desprevenidas;  la  invasiön  del  Imperio  azteca  por  Hernän  Cortes 
es  quizä  la  gran  excepciön.  Por  lo  general,  el  colonialismo  se  ha  constraido 
gradualmente  tras  un  primer  «descubrimiento»  y  contactos  iniciales  afianzados 
poco  a  poco.  El  geögrafo  Donald  W.  Meinig  establece  como  modelo  para 
America  un  proceso  en  ocho  fases:  1)  exploraciön  de  un  terreno  desconocido;  2) 
recolecciön  de  recursos  en  la  costa;  3)  trueque  con  los  lugarenos;  4)  saqueos  y 
primeras  acciones  militares  tierra  adentro;  5)  reforzamiento  de  la  seguridad  de 
los  puntos  avanzados;  6)  apropiaciön  imperial  (mediante  presentaciön  simbölica 
de  las  proclamaciones  de  dominaciön  y  el  estacionamiento  de  los  primeros 
representantes  oficiales);  7)  asentamiento  de  los  primeros  inmigrantes  no 
militares  y  fundaciön  de  una  colonia  autosuficiente;  y  8)  construcciön  de  un 
aparato  de  dominaciön  colonial  completo[l]. 

Como  todos  los  modelos  «ideotipicos»,  tambien  este  confirma  su  utilidad  al 
permitir  desviaciones  de  la  realidad  histörica  para  ponerla  mäs  de  relieve  y  hacer 
resaltar  sus  detalles.  Lo  mäs  probable  es  que  esa  sucesiön  se  adecue  a  Brasil, 
Norteamerica,  parte  del  Caribe  y  algunas  islas  del  sur  del  Pacifico,  mientras  que 
en  Asia  y  grandes  äreas  de  Äfrica  habria  que  modificarla.  Alli  donde  los 
europeos  tuvieron  que  enfrentarse  a  verdaderos  gobernantes,  donde  sus  objetivos 
se  limitaron  desde  el  principio  al  comercio  y  donde  el  clima  y  las  enfermedades 
tropicales  hacian  menos  aconsejable  el  asentamiento,  el  proceso  se  interrumpiö 
entre  las  fases  6)  y  7)  o  se  produjo  -en  el  caso  de  las  colonias  de  dominaciön- 
una  transiciön  directa  de  la  6)  a  la  8)  durante  un  periodo  mäs  o  menos  largo. 
Hubo  pues  fases  intermedias  en  las  que  los  europeos  establecieron,  a  menudo 
mediante  tratados,  un  modus  vivendi  con  las  autoridades  autöctonas.  Incluso  en 
los  casos  en  que,  como  en  las  irrupciones  portuguesa  y  neerlandesa  en  el  Oceano 
Indico,  los  europeos  establecieron  sus  primeros  enclaves  en  los  bordes  de  los 
imperios  asiäticos  mediante  un  bandidaje  terrorista  violento,  siguiö  en  pie  la 
necesidad  de  llegar  a  algün  tipo  de  acuerdo  con  el  entorno  circundante.  En  varios 
lugares  de  Asia  los  europeos  dependian  explicitamente  de  la  tolerancia  de  los 
gobernantes  locales.  En  1662,  en  su  momento  de  apogeo  como  potencia  naval, 
los  neerlandeses  fueron  expulsados  de  la  isla  de  Taiwän,  y  no  por  el  emperador 
chino,  sino  por  el  senor  de  la  guerra  regional  Zheng  Chenggong  (Koxinga). 


Taiwan  permaneciö  asi  sin  colonizar  hasta  1895. 


VIOLENCIA  FRONTERIZA  E  IN VASIONES  MILITARES 

La  constituciön  real  de  colonias,  ya  fueran  de  asentamiento  o  de  dominaciön, 
siempre  ha  estado  asociada  al  empleo  de  la  violencia.  En  el  primer  caso  solo  se 
manifiestan  fases  especiales  de  enfrentamiento  belico  abierto  en  la  continua 
relaciön  violenta  entre  colonos  armados  y  «nativos»  a  lo  largo  de  la  frontera  del 
asentamiento.  En  el  interior  de  Brasil,  pasajeramente  en  Australia  y  siempre  en 
la  frontera  amerindia  de  Norteamerica,  prevalecia  la  ley  irrestricta  del  mäs 
fuerte.  En  la  lucha  permanente  contra  los  «salvajes»  tratando  de  desplazarlos 
parecia  siempre  licito  cualquier  medio,  hasta  el  genocidio,  empleado  por 
comandos  paramilitares  de  los  colonos  (como  los  bandeirantes  brasilenos).  Los 
crimenes  de  los  conquistadores  espaholes  en  el  Nuevo  Mundo,  que  han 
permanecido  grabados  durante  siglos  en  la  conciencia  histörica  como  «leyenda 
negra»  a  cargo  de  la  Propaganda  antiespahola,  no  bastaban  para  ocultar  que  la 
forma  estructuralmente  mäs  violenta  de  la  expansiön  europea  era  la  colonizacion 
por  asentamiento  del  tipo  «neoingles».  Ahi  se  unian  en  una  explosiva 
disposiciön  a  la  violencia  cotidiana  el  hambre  de  tierras,  el  desinteres  de  los 
colonos  por  los  trabajadores  nativos,  la  indiferencia  de  las  autoridades  coloniales 
hacia  sujetos  indigenas  a  los  que  no  cabia  imponer  un  tributo,  y  una  teologia 
implacable  de  la  predestinaciön  y  la  condena,  no  mitigada  por  ninguna  ley 
natural,  segün  la  cual  los  indios  no  eran  cristianizables  o  civilizables.  En  general 
la  concepciön  espanola  de  la  colonizacion  era  menos  inhumana,  al  menos  en 
teoria,  que  la  britänico-puritana:  esta  atahia  sobre  todo  al  control  de  la  tierra  y  el 
suelo,  que  habia  que  limpiar  tanto  de  las  malas  hierbas  como  de  los  «salvajes»;  o 
dicho  de  otro  modo,  a  la  dominaciön  sobre  los  habitantes  del  pais,  cuya  fuerza  de 
trabajo  habia  que  aprovechar  para  que  rindiera  un  beneficio[2]. 

Con  la  apariciön  de  las  colonias  de  dominaciön  la  salvaje  brutalidad  de  los 
combatientes  anärquicos  de  primera  linea  fue  sustituida  por  la  violencia  mäs 
regulada  de  los  Estados  metropolitanos,  de  modo  que  se  puede  hablar  de  una 
nueva  versiön  mäs  estilizada  del  modelo  de  Meinig  que  distingue  tres  fases:  1) 
contacto  inicial  o  asentamiento,  2)  conquista  y  3)  consolidaciön.  Las  diferencias 
concretas  dentro  de  tales  categorias  mäs  amplias  son  sin  embargo  considerables, 
especialmente  en  lo  que  se  refiere  al  termino  «conquista»,  que  puede  ser 
extraordinariamente  diverso.  Mientras  que  el  Imperio  azteca  fue  invadido  y 


destraido,  la  penetraciön  espanola  en  las  äreas  mayas  vecinas  del  Yucatan  se 
produjo  mäs  bien  como  una  lenta  infiltraciön.  Buena  parte  del  Africa 
subsahariana  no  fue  nunca  sometida  en  campanas  militares  directas,  sino 
mediante  una  violencia,  por  asi  decirlo,  «oportunista».  La  primera  «conquista» 
alemana  en  el  Africa  Oriental  desde  1887  puede  considerarse  incluso  como  «una 
ampliacion  de  las  guerras  tribales,  que  dieron  a  los  alemanes  la  oportunidad  de 
participar  en  el  reparto  del  botin»£3].  En  otros  casos,  como  la  gran  expediciön 
francesa  a  Madagascar  en  1895,  se  alcanzo  efectivamente  una  räpida  «victoria» 
sellada  por  la  anexion,  pero  tras  ella  se  mantuvo  una  prolongada  guerra  de 
guerrillas. 

Aunque  las  guerras  coloniales  de  conquista  se  pueden  distinguir,  por  un  lado, 
de  la  violencia  extraestatal  de  los  colonos,  por  otro  lado  se  diferencian  del  arte 
de  la  guerra  tal  como  se  practicaba  en  el  interior  de  Europa.  Las  guerras 
coloniales  tenian,  dejando  a  un  lado  las  «acciones  punitivas»  limitadas  (contra 
Egipto  en  1840  o  contra  China  en  1858-1860),  un  objetivo  claro:  la  victoria  total, 
el  sometimiento  permanente  de  la  poblaciön  derrotada  y  el  establecimiento  de 
una  paz  colonial  permanente.  Consideradas  militarmente,  no  eran  un  simple 
paseo;  se  llevaban  a  cabo  en  condiciones  menos  calculables  que  las  guerras 
intraeuropeas.  Territorios  desconocidos,  un  clima  desacostumbrado,  enemigos  y 
medios  de  lucha  extranos,  daban  lugar  a  veces  a  dinämicas  propias  que  hacian 
dificil  planear  el  transcurso  y  resultado  de  las  guerras  de  conquista.  El  ataque 
frances  contra  el  gobierno  turco  de  Argei  en  1830,  por  ejemplo,  fue 
originalmente  concebido  como  una  accion  militar  puntual;  la  combinaciön  de  la 
resistencia  local,  los  intereses  privados  de  los  colonos,  las  decisiones  por  cuenta 
propia  o  dictadas  por  razones  de  prestigio  nacional  de  las  autoridades,  la 
convirtieron  en  cambio  en  una  prolongada  guerra  de  conquista  sobre  la  que  se 
asento  la  colonia  francesa  mäs  importante  de  los  siglos  XIX  y  XX.  Mäs 
peligrosa  que  el  enemigo  era  a  menudo  la  naturaleza:  entre  1793  y  1798 
murieron  en  Saint-Domingue,  como  consecuencia  de  la  fiebre  amarilla,  mäs  del 
60  por  100  de  los  miembros  de  un  cuerpo  expedicionario  britänico;  en  1895 
sucumbieron  en  Madagascar,  de  18.000  soldados  franceses,  25  por  las  armas  de 
los  malgaches  y  5.756  por  la  malaria  u  otras  enfermedades[4]. 

Las  guerras  coloniales  eran  en  su  mayoria  «pequenas  guerras»;  pequenas  en  el 
sentido  de  las  bandas  o  formas  de  combate  de  los  «guerrilleros»  con  las  que 
tenian  que  enfrentarse  los  invasores  y  de  las  que  ellos  mismos  a  veces  se  servian, 
pero  tambien  porque  los  medios  utilizados  solian  ser  limitados.  Campanas 
complicadas  y  costosas  como  la  guerra  de  conquista  britänica  en  la  India  en 


1798-1819,  las  diversas  expediciones  francesas  a  Argelia  en  1830-1857  o  la 
invasiön  de  Etiopia  por  Mussolini  en  1935-1936,  eran  excepcionales.  Pero 
incluso  esas  «pequenas»  guerras  suponian  una  pesada  carga  para  la  poblacion  no 
combatiente.  Especialmente  en  Africa  se  obligaba  a  miles  y  miles  de  personas  a 
servir  a  los  invasores  y  como  material  humano  anönimo.  Las  tropas  coloniales 
reclutadas  sobre  el  lugar,  que  a  menudo  representaban  la  mayoria  de  los  soldados 
ordinarios  (como  en  el  caso  de  los  indios,  cameraneses  y  muchos  otros,  ya 
vencidos  en  cierto  modo),  debian  ser  mejor  tratadas  para  que  fueran  ütiles.  Cada 
imperio  mantenia  tropas  de  elite  de  color  que  podian  utilizarse  en  las  zonas 
conflictivas:  en  el  britänico,  por  ejemplo,  destacaban  los  sijs  de  Punjab,  los 
gurjas  nepalies  y  los  King’s  African  Rifles,  en  su  mayoria  procedentes  de  Sudan. 

Cuanto  mäs  se  afianzaba  en  el  siglo  XIX  un  pensamiento  socialdarvinista,  mäs 
se  consideraban  los  conflictos  coloniales  como  guerras  para  extender  la 
«civilizaciön»  contra  adversarios  que  no  estaban  dispuestos  a  admitir  las  reglas 
civilizadas  del  trato  entre  humanos.  Una  guerra  colonial,  tal  como  la  definia  el 
coronel  Charles  Callwell  en  un  manual  publicado  por  el  Ministerio  de  la  Guerra 
britänico,  era  «una  expedicion  de  soldados  disciplinados  contra  razas  salvajes  y 
semicivilizadas»[5].  Frente  a  un  enemigo  que  no  parecia  entender  el  mismo 
cödigo  cultural,  resultaban  legitimos  metodos  de  guerra  que  en  Europa  no  se 
consideraban  moral  o  legalmente  justificados.  Hasta  los  pacifistas  parecian 
ocasionalmente  dispuestos  a  justificar  ese  «otro»  tipo  de  guerra.  Dado  que  casi 
nadie  en  Asia  y  Africa  -los  autores  del  genocidio  alemän  de  los  herero  y  los 
nama  en  el  suroeste  de  Africa  en  1904-1907  eran  una  excepciön  extrema- 
pensaba  en  el  exterminio  planificado  de  naciones  enteras,  el  argumento  parecia 
implicar  que  se  estaba  obligado  a  emprender  «savage  wars  of  peace»  (Rudyard 
Kipling)  para  liberar  a  los  salvajes  y  a  los  orientales  amantes  de  la  paz  de  los 
despotas  y  saqueadores  nativos.  Este  planteamiento  tenia  al  menos  cierto  nücleo 
verdadero,  ya  que  los  europeos  a  menudo  no  irrumpian  en  sosegadas 
comunidades  idilicas,  sino  en  sociedades  con  un  alto  nivel  de  violencia 
precolonial.  La  acusaciön  de  «salvajismo»  se  podia  aplicar,  por  supuesto,  en 
cualquier  direcciön.  Desde  el  punto  de  vista  de  los  aztecas,  por  ejemplo,  que 
sacrificaban  ritualmente  a  los  prisioneros  de  tribus  vecinas  caidos  en  cautiverio, 
los  espanoles  de  Cortes  aparecian  como  gente  que  combatia  suciamente,  ya  que 
atacaban  las  aldeas  sin  previo  aviso  en  medio  de  la  noche,  maltrataban  a  los 
emisarios  enviados  a  parlamentar  y  utilizaban  el  hambre  como  arma  de 
guerra[6], 

A  veces  los  europeos  sufrian  derrotas:  los  franceses  en  1836  en  Argelia,  los 


britänicos  en  1842  en  Afganistan  y  en  1885  en  Sudan,  los  italianos  en  1896  en 
Etiopia.  Las  derrotas  en  el  siglo  XX  se  multiplicaron  en  el  segundo  tipo  de 
guerra  que  produjo  el  colonialismo:  la  lucha  de  liberaciön  nacional.  En  general, 
no  obstante,  los  conquistadores  solian  alcanzar  sus  objetivos,  aunque  tampoco  se 
puede  explicar  genericamente  sin  mäs  detalles  esa  desproporciön.  La 
superioridad  tecnica  de  su  armamento  no  siempre  desempeno  un  papel  tan 
destacado  como  en  la  batalla  de  Karari  (Omdurman)  en  1898,  cuando  sus  armas 
automäticas  pennitieron  a  los  britänicos  matar  a  unos  11.000  sudaneses 
sufriendo  solo  49  bajas[7J.  Un  segundo  elemento  de  la  explicaciön  es  la  habil 
manipulaciön  de  los  simbolos  locales  en  un  contexto  cognitivamente  inmovil, 
una  Propaganda  ad  hoc  en  cierto  modo  superior,  como  la  que  pudo  emplear  en  su 
favor  Hernän  Cortes[8].  Este  pensamiento  fascinante,  en  principio  eurocentrico, 
solo  pudo  generalizarse  paulatinamente.  Pocas  civilizaciones  no  europeas 
estaban  dotadas  tan  insuficientemente  frente  a  los  conquistadores  extranjeros 
como  la  azteca,  y  menos  aün  mantenian  ideas  tan  extravagantes  como  la  famosa 
expectativa  de  los  «dioses  blancos»  de  la  que  se  aprovecharon  los  espanoles. 
Una  parälisis  cultural  de  las  victimas,  que  quedaban  inmovilizadas  frente  a  la 
mirada  hipnötica  de  la  serpiente  imperial,  era  la  excepciön  y  no  la  regia.  Los 
maories  de  Nueva  Zelanda,  por  ejemplo,  «salvajes  desnudos»  para  las  categorias 
de  los  victorianos  ingleses,  demostraron  una  enorme  habilidad  y  capacidad  de 
aprender  que  les  permitio  defenderse  desde  1845  hasta  1869  contra  la  inmensa 
supremacia  militar  de  los  conquistadores  [9], 

En  general,  mäs  importantes  que  las  desventajas  culturales  de  los  pueblos 
ultramarinos  fueron  ciertas  ventajas  organizativas  de  los  europeos:  una 
organizaciön  militar  con  estructuras  de  mando  claras  y  que  prescindia  de  las 
cuestiones  de  prestigio,  compacta  y  estrictamente  dirigida,  en  la  que  cada  oficial 
con  mando  podia  ser  reemplazado  instantäneamente,  asi  como  la  disposiciön  y 
capacidad  «maquiavelica»  inserta  en  el  sistema  estatal  europeo  que  le  permitia 
cualquier  cambio  täctico  y  räpido  de  alianzas  aprovechando  las  grietas  en  las 
constelaciones  de  poder  indi genas [10].  Asi  se  preparo  en  la  India  y  en  otros 
lugares  la  conquista  militar  mediante  la  participaciön  diplomätica  de  la 
Compania  de  las  Indias  Orientales  en  el  juego  politico  intemo. 

Las  conquistas  solo  liberaban  poco  a  poco  su  potencial.  Sus  consecuencias  no 
eran  inmediatamente  evidentes.  Incluso  en  Mexico,  el  modelo  para  un  räpido 
colapso  de  un  Estado  derrotado,  tuvieron  que  pasar  cuatro  o  cinco  decadas  hasta 
que  las  estructuras  coloniales  se  consolidaran  en  el  horizonte  de  experiencias  de 
los  indigenas[ll].  En  la  India  casi  el  mismo  intervalo  de  tiempo  separa  la  fase 


ultima  de  la  conquista  de  la  Gran  Rebelion  de  los  cipayos.  Si  bien  el  dominio 
colonial  acabo  suscitando  una  revoluciön  social  en  casi  todas  las  regiones  en  las 
que  se  mantuvo  durante  mucho  tiempo,  eso  no  se  podia  prever  de  ningün  modo 
inmediatamente  despues  de  la  conquista.  Intervenciones  sistemäticas  en  las 
sociedades  indigenas  eran  apenas  posibles  en  los  organos  estatales  coloniales  al 
principio  debilmente  ocupados.  Se  necesitaba  tranquilidad  y  una  base  fiscal 
viable.  En  todas  partes  los  representantes  reales  o  de  otras  autoridades  estatales 
estaban  ansiosos  por  meter  en  cintura  a  los  conquistadores  impacientes  y 
«nababs»  codiciosos.  Una  parte  de  ellos  recurria  conscientemente  a  las  formas 
de  orden  precoloniales.  En  Bengala,  por  ejemplo,  se  repuso  en  la  decada  de  1790 
la  tradicional  separaciön  entre  las  funciones  comerciales  y  püblicas  y  la  sociedad 
se  estabilizö  mediante  el  restablecimiento  del  sistema  fiscal  tradicional.  El  final 
de  la  fase  de  conquista,  que  en  algunos  casos  se  puede  fechar  con  cierta 
precisiön,  significaba  tambien  una  awtopacificacion  de  los  conquistadores:  la 
victoria  sobre  los  instintos  belicos  y  terroristas.  La  situacion  cläsica  podria 
recordar  la  opinion  que  atribuye  Täcito  a  su  suegro,  el  gobernador  colonial  en 
Gran  Bretana  Cneo  Julio  Agricola,  de  que  «la  fuerza  armada  poco  podia  lograr 
cuando  la  acompanaba  la  i  njusticia»[  1 2] . 


RESISTENCIAS 

Las  desavenencias  entre  las  victimas  de  la  agresiön  imperial  siempre  han 
aliviado  a  los  conquistadores,  y  tales  desacuerdos  eran  la  norma  y  no  la 
excepcion  antes  del  surgimiento  de  un  sentimiento  de  solidaridad  en  torno  al 
propio  Estado,  tribu  o  clan.  En  el  siglo  XVIII  nadie  se  sentia  como  un  «indio»  y 
en  el  siglo  XIX  apenas  podia  encontrarse  quien  se  sintiera  como  un  «africano». 
Los  europeos,  en  cambio,  a  menudo  se  percibian  con  la  ayuda  del  repertorio 
intelectual  ya  presente  en  las  sociedades  möviles  para  describir  a  los  extranjeros. 
Lo  mäs  amenazante  de  ese  nuevo  tipo  de  extranjeros  no  era  fäcilmente 
reconocido  en  todas  partes.  Por  eso  es  tambien  problemätico  interpretar  la 
«colaboracion»  y  la  «resistencia»  como  actitudes  de  principio,  tal  vez  incluso 
moralmente  evaluables.  Las  acciones  respectivas  resultaban  del  tipo  de  la 
situacion  de  contacto  y  su  significado.  La  situacion  colonial  no  era  algo  total, 
que  afectara  a  todos  los  aspectos  de  la  vida.  En  la  vida  de  un  africano  o  un 
asiätico  colonizado  no  todo  se  reducia  a  la  alternativa  entre  colaboracion  y 
resistencia.  Algunas  personas  mostraban  incluso  una  capacidad  increible  para 


evitar  el  contacto  directo  con  el  sistema  de  dominacion.  Entre  la  adaptaciön  y  la 
resistencia  habia  muchas  firmas  mixtas,  hibridas,  de  manera  que  desde  el  punto 
de  vista  emplrico  no  siempre  se  podlan  distinguir  con  claridad. 

Tambien  parece  demasiado  tosco  reducir  las  posibilidades  de  resistencia  e 
influencia  en  las  situaciones  coloniales  a  la  alternativa  entre  impotencia  y 
resistencia  generalizada  contra  todo,  entre  «hegemonias»  mäs  o  menos  estables 
que  no  dejaban  ningün  espacio  para  una  oposiciön  capaz  de  cambiar  el  sistema, 
y  subculturas  ubicuas  de  los  «debiles»,  bajo  las  que  se  infütraba  cualquier 
ideologia[13].  La  situaciön  colonial  marcaba  mäs  bien  posiciones  extremas 
ideotipicas  entre  las  que  se  encontraban  muy  diversos  grados  y  formas  de 
violencia,  presiön  y  poder.  Las  opciones  concretas  de  acciön  dependian  de 
distintas  variables  de  la  situaciön  colonial;  de  la  reserva  local  de  formas  tecnicas, 
organizativas  y  cognitivas  de  resistencia,  de  la  intensidad  y  brutalidad  de  la 
ocupaciön  colonial,  de  la  represiön  y  la  disposiciön  a  la  violencia  de  los  grupos 
de  colonos  asentados  y  del  Estado  colonial,  de  la  permeabilidad  de  las  jerarquias 
coloniales,  de  la  distribuciön  de  recursos,  etc.  En  el  campo  de  fuerzas  del 
dominio  colonial,  la  resistencia  tambien  podia  ademäs  ejercerse  a  diferentes 
niveles  y  en  diferentes  direcciones.  Tambien  dependia  de  que  no  se  limitara 
exclusivamente  a  las  poblaciones  colonizadas.  Tambien  los  europeos,  tanto  en 
las  colonias  como  en  las  metröpolis,  podian  rebelarse  con  distintos  fines  contra 
los  comportamientos  coloniales. 

Ideotipicamente  se  pueden  distinguir  al  menos  tres  tipos  de  oposiciön.  Del 
primero  se  ha  ocupado  detalladamente  la  investigaciön  sobre  la  resistencia 
« primaria »  contra  las  intervenciones  coloniales[14].  Se  trata  principalmente  de 
la  resistencia  violenta  frente  a  la  penetraciön  de  los  conquistadores,  a  menudo 
con  la  intenciön  de  salvaguardar  el  orden  precolonial.  Algunos  movimientos  de 
resistencia  podian  tambien  (por  ejemplo  en  las  montanas  del  Rif  marroqui) 
instaurar  nuevos  ördenes  que  se  oponian  tanto  a  las  relaciones  de  poder 
precoloniales  como  a  la  dominacion  colonial  extranjera.  En  general  cabe  decir 
que  la  propia  conquista  militar  suscitaba  menos  movimientos  de  resistencia  de 
orientaciön  «tradicionalista»  que  la  experiencia  posterior  de  represiön,  con  la 
exigencia  por  parte  del  Estado  colonial  de  mano  de  obra,  soldados  e  impuestos  y 
la  amenaza  hacia  la  cultura  ancestral  por  parte  de  los  misioneros.  Esos 
movimientos  irrumpieron  inesperadamente  no  pocas  veces  contra  los  senores 
coloniales,  cuando  estos  creian  haber  logrado  ya  una  «pacificaciön».  Su 
represiön  inevitable  y  generalmente  brutal  condujo  a  menudo  a  una  reorientaciön 
de  la  politica  imperial,  marcando,  por  ejemplo,  el  levantamiento  de  los  soldados 


cipayos  en  1857,  -el  llamado  «Indian  Mutiny»-,  una  profunda  alteraciön  en  la 
politica  britänica  en  la  India  y  en  relaciön  con  ella.  Incluso  despues  del  final  de 
los  grandes  movimientos  de  resistencia,  en  la  mayoria  de  las  colonias  se 
mantuvo  la  intranquilidad.  La  protesta  latia  bajo  la  superficie  y  se  expresö  una  y 
otra  vez  en  acciones  locales.  Como  el  Estado  colonial  impedia  muchas  forma  de 
fuga  y  resistencia  convencional  de  la  poblaciön  indigena,  a  menudo  parecia  que 
no  quedaba  otra  alternativa  que  la  confrontaciön  desesperada[15].  Como  nuevos 
elementos,  menos  violentos,  de  resistencia  «primaria»,  aparecian  tambien  formas 
menos  directas  de  insumisiön  y  de  rechazo,  por  ejemplo  mediante  el  exodo. 

En  segundo  lugar,  al  cabo  de  un  tiempo  se  desarrollaron  en  casi  todos  los 
contextos  coloniales  estrategias  de  resistencia  que  acabaron  teniendo  exito  en  el 
marco  y  sobre  la  base  del  sistema  colonial  de  dominio.  Con  frecuencia,  aunque 
no  necesariamente,  su  surgimiento  tenia  que  ver  con  la  apariciön  de  nuevos 
grupos  sociales  (como  las  elites  educadas),  que  disponian  de  conocimientos  mäs 
precisos  del  Estado  y  del  poder  colonial.  Esa  resistencia  tomö  como  punto  de 
partida  para  su  critica  diversas  instituciones  del  Estado  colonial  y  elementos  de 
la  cultura  importada.  Los  movimientos  de  protesta  utilizaron  por  ejemplo  la 
justicia,  la  prensa,  simbolos  y  nuevas  formas  organizativas  como  los  sindicatos, 
las  asociaciones  o  partidos  existentes  para  socavar  las  relaciones  de  dominaciön. 
Muy  a  menudo  eran  precisamente  las  propias  justificaciones  coloniales  las  que 
se  convertian  en  base  de  las  demandas  de  igualdad  de  derechos,  participaciön 
politica  y  mejora  econömica. 

Otro  recurso  importante  era  la  lengua:  las  lenguas  de  los  colonizadores  se 
convirtieron  al  cabo  de  poco  tiempo  en  medios  para  la  critica  del  colonialismo. 
Garcilaso  de  la  Vega,  procedente  de  la  casa  real  inca  por  parte  de  su  madre,  y 
que  viviö  como  cristiano  en  Espana  durante  la  mayor  parte  de  su  vida,  creö  con 
sus  Comentarios  reales  de  los  Incas  (1609),  escrito  en  el  mäs  noble  espanol 
humanista,  una  obra  importante  de  historia;  aunque  no  condenara  abiertamente 
la  conquista  espanola,  lo  hacia  a  traves  de  la  rememoraciön  del  antiguo  Peru  bajo 
una  luz  critica.  Las  obras  mäs  eficaces  de  la  critica  posterior  del  colonialismo 
fueron  tambien  escritas  por  autores  no  occidentales  en  los  idiomas  de  los 
colonizadores.  En  razön  de  su  orientaciön  principalmente  reformista,  no  se 
pueden  considerar  como  formas  de  apropiaciön  opositora  a  una  prehistoria  o 
antecedentes  directos  de  la  lucha  de  liberaciön  nacional.  Sin  embargo,  eso  no  las 
hacia  menos  peligrosas  para  el  sistema:  la  exigencia  de  demoliciön  del  aparato 
de  discriminaciön  sacudia  los  cimientos  de  la  dominaciön  colonial  y  senalaba 
sus  contradicciones  internas.  Esto  explica  la  aparente  paradoja  de  que  algunos 


activistas  acomodaticios  con  el  poder  colonial  fueran  percibidos  como 
especialmente  peligrosos. 

En  tercer  lugar  hay  que  mencionar  los  movimientos  nacionales  y  por  la 
independencia  estatal,  que  querian  liberarse  de  las  respectivas  metropolis 
(heteronomia).  En  la  historia  del  colonialismo  cabe  distinguir  dos  tipos  bäsicos. 
Histöricamente  se  dejan  notar  primero  el  nacionalismo  colonial  y  los  esfuerzos 
autonomistas  de  las  elites  coloniales  de  raices  europeas  en  el  Nuevo  Mundo  y 
mäs  tarde  en  las  colonias  de  asentamiento  en  Oceania  (Australia,  Nueva 
Zelanda)  y  Äfrica.  Los  enormes  esfuerzos  de  Gran  Bretana  y  Espana  contra  los 
movimientos  secesionistas  en  el  Nuevo  Mundo  desde  la  decada  de  1770 
muestran  ya  que  esos  procesos  de  separaciön  no  se  desarrollaban  en  absoluto  de 
comün  acuerdo,  por  mäs  que  las  fuerzas  impulsoras  motrices  procedieran  de  las 
metropolis.  En  los  siglos  XIX  y  XX  el  Imperio  britänico  canalizö  las  tendencias 
autonomistas  mediante  la  creaciön  del  estatus  de  «dominio».  En  otros  casos, 
especialmente  en  Cuba  (1895-1898)  y  durante  la  Guerra  de  los  Böers  (1899- 
1902),  tambien  hubo  enfrentamientos  muy  sangrientos.  Un  caso  especial  es  la 
Argelia  francesa,  donde  aparecieron  tambien  formas  de  patriotismo  de  los 
colonos  y  demandas  de  autonomia,  aunque  sin  llega  a  cobrar  coherencia  como 
una  politica  explicita  de  independizaciön.  En  el  siglo  XX  dominö  en  cambio  en 
Asia  y  Africa  la  lucha  de  liberaciön  nacional  anticolonial,  que  caracterizö  la 
disoluciön  de  los  imperios  coloniales  despues  de  1945.  Los  movimientos 
nacionales  siguieron  una  larga  historia  de  protestas,  con  reivindicaciones  y 
formas  de  resistencia  especificas.  A  menudo  se  expresaban  como  reclamaciones 
politicas,  pero  solo  en  casos  excepcionales  eran  totalmente  pacificas.  En  algunos 
casos  (como  en  Indonesia,  Vietnam,  Argelia  y  Angola)  hubo  guerras  sangrientas 
por  la  independencia.  Los  movimientos  nacionalistas  anticoloniales  no 
construyeron  ninguna  «autentica»  liberaciön  de  comunidades  nacionales 
preexistentes,  sino  procesos  de  construcciön  politica  y  cultural  de  la  naciön.  Su 
forma  concreta  deriva  generalmente  de  una  mezcla  de  autodescubrimiento 
«neotradicional»  y  la  adopciön  de  elementos  de  la  cultura  y  la  politica 
occidentales.  A  menudo  tuvieron  que  lidiar  con  una  multitud  de  agentes  en 
competencia  superando  diferencias  regionales,  religiosas,  sociales  o  ideolögicas. 
Incluso  en  la  India,  que  se  considera  como  modelo  ejemplar  de  una  exitosa  lucha 
de  liberaciön,  habia  en  el  interior  del  movimiento  nacional  ideas  muy  distintas 
sobre  como  era  o  debia  ser  la  naciön  india;  los  antagonismos  entre  hindües  y 
musulmanes,  alimentados  desde  diferentes  posiciones  con  diversos  motivos, 
adquirieron  una  dinämica  que  hizo  cada  vez  mäs  imposible  la  configuraciön  de 


un  Estado  independiente  unido.  El  resultado  final  fue  la  division  en  dos  Estados 
(la  India  y  Pakistan)  en  1947[16]. 


COLABORACIONISMO  NATIVO  CON  EL  INVASOR 

A  mediados  de  la  decada  de  los  treinta  del  siglo  pasado  el  Imperio  japones 
tenia  contratados  a  52.000  fimcionarios  para  controlar  a  22  millones  de 
coreanos[17].  Por  aquella  misma  epoca  habia  en  los  diversos  rangos  -desde  el 
gobernador  hasta  los  maquinistas  ferroviarios-  del  servicio  püblico  del  conjunto 
de  la  India,  que  entonces  contaba  con  unos  340  millones  de  habitantes 
(incluyendo  los  estados  principescos)  unos  12.000  britänicos[18].  Io  que  suponia 
una  relaciön  de  1:28.000,  frente  a  la  relacion  1:420  en  el  primer  caso.  La  India  se 
hallaba  mäs  cerca  del  promedio:  en  el  Äfrica  Occidental  francesa  la  relacion  era 
de  1:27.000,  y  en  Nigeria  de  1:54.000[19],  Las  cifras  de  la  ocupaciön 
administrativa  de  Corea  se  explican,  no  por  la  intencion  de  Japön  de  explotar  al 
mäximo  la  colonia  y  en  el  plazo  mäs  breve  posible,  para  satisfacer  las 
necesidades  de  la  economia  nacional,  sino  tambien  por  el  fracaso  casi  total  en 
cuanto  a  obtener  la  «colaboracion»  de  miembros  de  la  sociedad  colonizada. 

En  la  historia  colonial  moderna  raras  veces  se  ha  dado  un  rechazo  tan 
completo.  Desde  la  alianza  de  Cortes  con  los  totonacas  en  1519,  los 
conquistadores  coloniales  siempre  han  tratado  de  aprovechar  los  antagonismos 
entre  sus  oponentes  y  de  movilizar  grupos  de  apoyo  sobre  el  terreno.  Tras  la 
finalizacion  de  la  conquista,  siempre  ha  resultado  imprescindible  esa 
«colaboracion».  Los  sistemas  coloniales  casi  nunca  han  podido  alimentarse 
ünicamente  de  recursos  materiales  importados  desde  la  metropoli.  Ademäs  de 
contar  con  pequenos  grupos  de  funcionarios  extranjeros  entre  las  grandes 
poblaciones  de  Ultramar,  el  aparato  de  dominaciön  se  basaba  en  una  «mezcla» 
especifica  de  cinco  factores[20]:  1)  la  amenaza  y  el  uso  de  la  fuerza  por  las 
fuerzas  de  seguridad  de  la  colonia;  2)  la  asuncion  de  los  papeles  gobernantes 
tradicionales  y  de  sus  simbolos  por  los  mäs  altos  representantes  del  Estado 
colonial;  3)  un  «imperialismo  de  las  comunicaciones»:  la  sistemätica  recogida  y 
tratamiento  en  el  centro  de  gobierno  de  la  informaciön  sobre  la  sociedad 
colonizada;  4)  una  estrategia  calculada  de  «divide  et  impera»;  y  5)  un  interes, 
alimentado  por  la  potencia  colonial,  de  sectores  considerables  de  la  sociedad 
colonizada  en  el  mantenimiento  del  sistema  colonial:  esa  era  la  condicion 
principal  de  la  «colaboracion». 


La  colaboracion  es,  pues,  uno  entre  cinco  factores  (cuando  menos)  de  todo  un 
conjunto  de  explicaciones.  El  termino  «colaboracion»  para  lo  que  se  podria 
entender  con  mayor  precision  como  una  convergencia  de  intereses  entre  el 
Estado  colonial  y  ciertos  grapos  o  capas  de  la  sociedad  colonizada,  a  pesar  de 
haber  sido  muy  empleado,  es  un  tanto  equivoco  e  induce  inevitablemente  a 
pensar  en  la  cooperaciön  de  individuos  y  pequenas  camarillas  de  traidores,  que 
causaron  tanto  dano  a  sus  compatriotas,  con  el  regimen  de  ocupacion  tan  odiado 
por  el  resto  de  la  poblaciön  durante  la  Segunda  Guerra  Mundial.  En  el  contexto 
colonial  solo  surgiö  una  situaciön  tan  clara  de  amigo-enemigo,  y  con  ella  la 
posibilidad  de  una  conciencia  de  traicion,  con  el  surgimiento  del  nacionalismo 
anticolonial  en  el  siglo  XX.  Hasta  entonces  el  dominio  extranjero  no  fue 
considerado  siempre  como  una  ocupacion  extranjera  ilegitima. 

^Como  se  puede  entonces  captar  con  precision  en  el  contexto  colonial  el 
concepto  figurado  de  «colaboracion  indigena»  sin  que  se  vea  tenido  por  la 
connotaciön  de  traicion?  Antes  que  nada,  se  debe  distinguir  entre  la  colaboracion 
en  una  relaciön  clientelar  y  la  colaboracion  en  una  relaciön  de  dominaciön.  Se 
da  una  relaciön  clientelar  cuando  el  socio  mäs  debil  depende  del  mäs  fuerte  sin 
estar  sometido  a  el  o  subordinado  a  un  dominio  proconsular  inmediato.  El 
Imperio  romano  se  rodeö  de  un  entorno  de  Estados  y  tribus  clientes, 
semiautönomas,  que  no  tenia  necesidad  de  dominar  ya  que  podia  manipularlas. 
Esa  manipulaciön  era  posible  porque  los  gobernantes  clientes  creian  que  los 
vinculos  con  el  Imperio  iban  en  su  propio  beneficio  y  podian  hacerlos  valer 
frente  a  sus  sociedades.  En  este  sentido,  quizä  el  colaborador  mäs  conocido  en  la 
historia  mundial  sea  el  rey  Herodes  1  de  Judea.  El  imperio  informal  se  basa 
igualmente  en  ese  tipo  de  colaboracion,  que  en  general  es  muy  bien  acogido  por 
los  imperios  como  forma  barata  y  libre  de  responsabilidades  para  el  amparo  de 
sus  intereses.  La  dinastia  Qing  de  China  entre  1860  y  1900,  los  jedives  de  Egipto 
antes  de  1879  y  las  oligarquias  orientadas  hacia  el  mercado  mundial  en  los 
paises  latinoamericanos  independientes  del  siglo  XIX  mantenian  ese  tipo  de 
regimenes  de  colaboracion  en  una  relaciön  clientelar. 

La  colaboracion  en  una  colonia  en  una  relaciön  de  dominaciön  estä  sujeta  a 
dependencias  de  otro  tipo.  Se  plantea  en  un  campo  de  encuentro  de  diversos 
propösitos:  por  un  lado  el  Estado  colonial  busca  formas  de  lograr  sus  objetivos 
mediante  el  uso  de  los  mecanismos  existentes  en  la  politica  de  la  colonia  con  el 
menor  esfuerzo  posible.  Por  otra  parte,  todos  los  grapos  y  clases  de  la  sociedad 
subordinada  se  ven  enfrentados  a  la  necesidad  de  desarrollar  estrategias  de 
supervivencia  frente  a  la  politica  de  poder  del  nuevo  regimen  dominante.  Esto  es 


cierto  sobre  todo  para  las  elites  precoloniales,  que  ven  amenazada 
fundamentalmente  su  legitimidad  polltica,  su  situaciön  social  o  incluso  su 
existencia  fisica. 

El  poder  colonial  busca  en  la  fase  de  conquista  aliados  militares,  de  los  que  a 
menudo  prescinde  tan  pronto  como  han  cumplido  su  papel.  En  la  siguiente  fase 
de  consolidaciön,  el  Estado  colonial  pretende  alianzas  mäs  estables  con  grupos 
indigenas.  Estos  grupos  solo  tienen  en  comün  su  funciön:  servir  de  ayuda  para  el 
Estado  colonial  en  la  obtenciön  de  informaciön  y  recursos  (especialmente 
impuestos  y  servicios  de  trabajo).  La  colaboraciön  colonial  establece  un 
mecanismo  de  trueque:  los  colaboradores  esperan  una  mejora  de  su  estatus 
personal,  ademäs  de  disfrutar  de  la  protecciön  del  Estado  colonial  frente  a  sus 
rivales.  Lo  que  por  un  lado  permite  congraciarse  con  el  poder  colonial, 
representa  por  otro  la  tradicional  büsqueda  de  patrocinio. 

Los  colaboradores  son  agentes  semiautönomos,  no  funcionarios  con  un  puesto 
oficial  ni  piezas  en  el  engranaje  colonial.  Sirven  mäs  bien  como  punto  de 
referencia  entre  la  sociedad  colonizada  y  el  Estado  colonial.  Son  intermediarios, 
tienen  un  pie  en  cada  uno  de  los  dos  bandos;  por  eso  es  excesivo  considerar 
como  «colaboradores»  a  los  cipayos  indios  a  sueldo  del  ejercito  britänico  o  a  los 
telegrafistas  senegaleses.  En  defmitiva,  la  colaboraciön  debe  ser  hasta  cierto 
punto  eficaz,  no  solo  decorativa:  los  gerifaltes  locales  a  los  que  se  mantiene  en 
nömina  para  guardar  las  apariencias  no  cumplen  mäs  que  un  papel  simbölico. 

La  naturaleza  de  las  relaciones  de  colaboraciön  depende  de  las  intenciones  de 
los  invasores  y  de  la  naturaleza  de  la  sociedad  indigena.  A  grandes  rasgos  se 
pueden  distinguir  tres  tipos.  1)  En  las  sociedades  jerärquicamente  ordenadas,  las 
potencias  coloniales  solo  suelen  tienen  controladas  las  alturas  del  Ancien  Regime 
y  parte  de  la  antigua  aristocracia  terrateniente,  estabilizada  mediante  el  reparto 
de  privilegios  a  cambio  de  previsibles  ingresos  derivados  de  los  impuestos, 
aunque  rara  vez  sean  permanentes.  Asi  sucedia  por  ejemplo  con  los  zamindares 
de  Bengala[21].  2)  Un  caso  mäs  drästico  podia  presentarse  si  la  antigua  clase 
dominante  se  habia  opuesto  energicamente  a  la  conquista  o  no  parecia,  por 
alguna  otra  razön,  susceptible  de  convertirse  en  elite  colaboradora.  Era  entonces 
privada  de  todo  poder,  como  sucediö  por  ejemplo  en  Argelia,  Birmania  y 
Vietnam  (especialmente  en  su  parte  sur,  Cochinchina).  Las  relaciones  de 
colaboraciön  con  nuevas  fuerzas  sociales  debian  construirse  entonces  «desde 
abajo»  durante  una  fase  de  dominaciön  extranjera  directa;  ese  es  el  papel  que 
desempenaron  por  ejemplo  en  Vietnam  los  nuevos  misioneros  catölicos[22].  3) 
En  sociedades  cuya  estructura  de  autoridad  resultaba  incomprensible  para  los 


conquistadores  habia  un  problema:  ^como  se  podia  asegurar  un  sistema  de 
dominio  colonial  jerärquico  en  una  sociedad  no  tan  claramente  jerarquizada  y 
escalonada?  Los  britänicos  tropezaron  con  esa  dificultad  en  el  Punjab  de  la  India 
noroccidental,  donde  no  habia  una  clase  dominante  local  equivalente  a  la  de  los 
zamindares  bengalies  y  se  buscaba  inütilmente  «jefes  tribales»  y  «lideres  de  los 
clanes»,  hasta  que  finalmente  se  «inventö»,  mediante  una  normativa  legal,  una 
especie  de  aristocracia  terrateniente[23].  En  Africa  se  encuentran  muchos 
ejemplos  de  creaciön  por  las  potencias  coloniales  de  «reyes»,  «jefes»  y  otros 
socios  con  los  que  establecer  una  relacion  estable  de  intercambio  y  negociacion. 

Tal  establecimiento  de  nuevas  estructuras  de  autoridad,  aunque  los 
colonizadores  creyeran  equivocadamente  que  eran  «tipicamente  africanas», 
formo  parte  de  la  revoluciön  que  a  menudo  significaba  el  colonialismo, 
especialmente  en  Africa.  El  desarme  de  los  nativos  y  la  aplicaciön  del 
monopolio  de  la  violencia  colonial  trastornaron  las  coordenadas  politicas  de  un 
modo  que  devaluo  todos  los  eständares  precoloniales.  Se  arrebataron  a  las  viejas 
autoridades  sus  medios  de  poder  y  su  carisma  de  mando.  Los  jefes,  ya  estuvieran 
tradicionalmente  legitimados  por  herencia  o  sucesiön,  o  hubieran  sido 
artificialmente  instalados,  se  convirtieron  räpidamente  en  herramientas  del 
Estado  colonial  cuando  este,  a  falta  del  « petit  personnel  blanc»,  se  veia 
momentäneamente  precisado  de  sus  servicios  para  movilizar  la  fuerza  de  trabajo, 
recaudar  impuestos  u  organizar  el  traspaso  de  tierras.  Cuando  los  oficiales  de 
distrito  europeos  hacian  la  vista  gorda  a  los  abusos  de  poder  de  sus  socios 
indigenas,  ponian  estos  en  juego  la  legitimidad  que  les  quedaba  entre  su 
poblaciön  y,  por  tanto,  su  utilidad  como  pilares  del  sistema  colonial.  Ahi 
radicaba  la  contradiccion  fundamental  de  cualquier  relacion  de  colaboraciön:  la 
capacidad  de  los  jefes  indigenas  o  ancianos  locales  para  satisfacer  las  demandas 
del  Estado  colonial,  se  basaba  en  una  posiciön  de  respeto  independiente,  que 
resultaba  socavada  por  esas  mismas  reclamaciones.  El  colaborador  totalmente 
desacreditado  era  inütil;  ya  habia  cumplido  con  su  deber. 


[1]  D.  W.  Meinig,  The  Shaping  of  America:  A  Geographical  Perspective  on  500  Years  ofHistory,  vol.  1, 
New  Haven,  1986,  p.  65. 

[2]  Vease  J.  H.  Elliott,  «The  Seizure  of  Overseas  Territories  by  the  European  Powers»,  en  H.  Pohl  (ed.), 
The  European  Discovery  of  the  World  and  its  Economic  Effects  on  Pre-Industria!  Society,  1500-1800, 
Stuttgart,  1990,  pp.  51-54. 

[3]  J.  Iliffe,  A  Modern  Histoiy  of  Tanganyika,  Cambridge,  1979,  p.  117. 

[4]  J.  R.  McNeill,  Mosquito  Empires:  Ecologv  and  War  in  the  Greater  Caribhean,  1620-1914, 
Cambridge,  2010,  p.  247;  Y.  G.  Paillard,  «The  French  Expedition  to  Madagascar  in  1895:  Program  and 


Results»,  en  J.  A.  de  Moor  y  H.  L.  Wesseling  (eds.),  Imperialism  and  War:  Essays  on  Colonial  Wars  in  Asia 
and  Africa,  Leiden,  1989,  pp.  183  y  ss. 

[5]  C.  E.  Callwell,  Small  Wars.  Their  Principles  and  Practice,  Londres, 3 1930,  p.  21. 

[6]  Vease  I.  Clendinnen,  The  Aztecs:  An  Interpretation,  Cambridge,  1991,  pp.  267-273. 

[7]  P.  M.  Holt  y  M.  W.  Daly,  A  History  of  the  Sudan,  Harlow,  6201 1 ,  p.  112. 

[8]  V ease  T.  Todorov,  Die  Eroberung  Amerikas.  Das  Problem  des  Anderen,  Fräncfort,  1985,  pp.  69- 151. 

[9]  Vease  J.  Belich,  The  New  Zealand  Wars  and  the  Victorian  Interpretation  of  Racial  Conflict, 
Auckland,  1986,  p.  291  y  ss. 

[10]  Vease  el  estudio  de  S.  Förster  Die  mächtigen  Diener  der  East  India  Company.  Ursachen  und 
Hintergründe  der  britischen  Expansionspolitik  in  Südasien  1793-1819,  Stuttgart,  1992. 

[11]  Vease  C.  Gibson,  The  Aztecs  under  Spanish  Rule:  A  History  of  the  Indios  of  the  Valley  of  Mexico, 
1519-1810,  Stanford,  1964,  p.  404. 

[12]  «[...]  doctus  per  aliena  experimenta  parum  profici  armis,  si  iniuriae  sequerentur»:  Täcito,  Vida  de 
Iulius  Agricola.  Lat.  u.  dt.  v.  R.  Till,  Berlin,  51988,  pp.  32-33. 

[13]  Veanse  diversos  enfoques  en  J.  C.  Scott,  Domination  and  theArts  of  Resistance:  Hidden  Transcripts, 
New  Haven,  1990;  F.  Cooper,  «Conflict  and  Connection:  Rethinking  Colonial  African  History»,  en 
American  Historical  Review  99  (1994),  pp.  1516-1545;  J.  Chalcraft  y  Y.  Noorani  (eds.),  Counterhegemony 
in  the  Colonv  and  Postcolony  Basingstoke,  2007. 

[14]  Vease  la  sintesis  elaborada  por  C.  Coquery-Vidrovitch,  Africa:  Endurance  and  Change  South  of  the 
Sahara,  Berkeley,  1988,  pp.  168-210. 

[15]  Asi  dice  la  tesis  de  M.  Adas,  «From  Avoidance  to  Confrontation:  Peasant  Protest  in  Precolonial  and 
Colonial  Southeast  Asia»,  enN.  B.  Dirks  (ed.),  Colonialism  and  Culture,  Ann  Arbor,  1992,  p.  112. 

[16]  Vease  Y.  Khan,  The  Great  Partition:  The  Making  of  India  and  Pakistan,  New  Haven,  2007. 

[17]  A.  C.  Nahm,  Korea:  Tradition  and  Transformation.  A  History  of  the  Korean  People,  Elizabeth,  N.  J., 
1996,  pp.  226  y  229. 

[18]  Report  of  the  Indian  Statutoiy  Commission.  Cmd.  3568  (Simon  Report),  Londres,  1930,  p.  46. 

[19]  W.  Malcolm  Hailey,  An  African  Survey:  A  Study  of  the  Problems  Arising  in  Africa  South  of  the 
Sahara,  Londres,  1938,  p.  226. 

[20]  Sugerencias  sobre  lo  que  sigue  de:  D.  A.  Low,  Lion  Rampant:  Essays  in  the  Study  of  British 
Imperialism,  Londres,  1973,  p.  28;  B.  S.  Cohn,  «Representing  Authority  in  Victorian  India»,  en  An 
Anthropologist  among  the  Historians  and  Other  Essays,  Delhi,  1987,  especialmente  pp.  632-682;  C.  A. 
Bayly,  Empire  and  Information:  Intelligence  Gathering  and  Social  Communication  in  India,  1780-1870, 
Cambridge,  1996. 

[21]  Vease  P.  J.  Marshall,  Bengal:  The  British  Bridgehead.  Eastern  India  1740-1828,  Cambridge,  1987, 
pp.  120-127. 

[22]  Vease  C.  A.  Trocki,  «Political  Structures  in  the  Nineteenth  and  Early  Twentieth  Centimes»,  en  N. 
Tarling  (ed.),  The  Cambridge  History  of  Southeast  Asia,  vol.  2,  Cambridge,  1992,  p.  91. 

[23]  Vease  D.  Gilmartin,  Empire  and  islam:  Punjab  and  the  Making  of  Pakistan,  Berkeley,  1988,  pp.  18- 
26. 


V.  EL  ESTADO  COLONIAL 


FORMAS  DE  ESTADO  Y  PRÄCTICAS  DE  DOMINIO 

Ningün  imperio  moderno  era  administrativamente  homogeneo.  A  pesar  de  su 
reputaciön  de  centralizacion  estricta,  la  repüblica  imperial  francesa  era  un 
batiburrillo  de  apanos  juridicos  aün  mäs  caötico  que  el  Imperio  britänico, 
ensamblado  al  azar,  que  despues  de  todo  reconocia  a  la  corona  como  punto  de 
concentracion  simbölico  y  legal.  El  Imperio  era  bastante  desigual.  A  principios 
del  siglo  XX  se  distinguian  en  el  derecho  colonial  britänico  mäs  de  cuarenta 
tipos  de  estatus  entre  los  territorios  de  Ultramar,  cuyo  control  se  repartia  entre 
tres  ministerios:  Oficina  Colonial,  Oficina  de  la  India  y  Ministerio  de  Asuntos 
Exteriores.  En  Rhodesia  y  el  impenetrable  norte  de  Borneo  (hoy  Sabah,  uno  de 
los  Estados  federados  de  Malasia)  existia  ya  desde  los  primeros  tiempos  de  la 
expansiön  britänica  la  institucion  muy  fidedigna  de  la  Chartered  Company,  un 
instrumento  al  servicio  de  intereses  privados  protegido  por  el  (o  la)  monarca,  y 
que  tambien  gozaba,  por  cierto,  del  favor  de  Bismarck.  Directamente 
subordinadas  al  ministerio  colonial,  bajo  una  constitucion  gubernamental, 
estaban  las  «colonias  de  la  corona»,  por  ejemplo  muchas  de  las  posesiones  del 
Caribe,  Hong  Kong,  las  Isias  Malvinas,  Sierra  Leona,  la  Costa  de  Oro  (Ghana)  y 
Ceilän,  que  en  muchos  sentidos  aparecia  como  paradigma  de  las  colonias 
tropicales.  Kenia,  Uganda,  Somalia,  Nigeria,  Nyasalandia  (Malaui)  y  Aden, 
entre  otras,  eran  «protectorados»,  gobernados  «menos  directamente»  que  las 
colonias  de  la  corona  (o  las  «colonies  incorporees»  francesas),  en  las  que  el 
poder  colonial  ejercia  una  soberania  plena. 

El  termino  a  menudo  impreciso  del  «dominio  indirecto»  (indirect  rule)  deberia 
reservarse  para  tres  tipos  de  orden  cuya  caracteristica  comün  era  que  los 
gobernantes  indigenas  conservaban  posiciones  de  autoridad,  bajo  el  paraguas  de 
la  supremacia  del  Estado  colonial,  en  principados  o  äreas  tribales 
desmilitarizadas:  1)  los  alrededor  de  40  grandes  y  mäs  de  500  pequenos 
«Estados  principescos»  de  los  maharajäs,  nizams  o  como  prefirieran  llamarse, 
seguian  dispersos  por  todo  el  territorio  de  la  India  britänica.  Para  el  poder 
colonial  se  trataba  de  regiones  economicamente  poco  interesantes.  No  se  les 
permitia  tener  una  politica  exterior  propia,  ni  siquiera  mantener  relaciones 


mutuas.  Sobre  cada  una  de  ellas  flotaba  la  permanente  amenaza  de  intervenciön 
del  ejercito  indio.  Los  verdaderos  gobernantes  en  la  sombra,  en  el  papel 
diplomätico  de  «consultores  residentes»,  se  ocupaban  en  aquellas  cortes 
principescas  de  que  se  mantuviera  una  politica  estabilizadora  del  statu  quo 
interno[l].  2)  Una  Variante  mäs  directa  del  indirect  rule  consistia  en  que  agentes 
del  poder  colonial,  algunos  de  ellos  con  una  cachiporra  a  mano,  decidieran  los 
asuntos  politicos  cotidianos  tras  una  fachada  de  gobierno  dinästico  al  viejo 
estilo[2].  Asi  sucedia  en  Malasia,  Zanzibar  y  Uganda,  pero  tambien  en  colonias 
no  britänicas,  especialmente  en  las  Indias  Orientales  neerlandesas  y  en  los 
«protectorados»  franceses  de  Annam,  Camboya  y  Laos.  3)  En  el  Äfrica  tropical 
britänica,  finalmente,  el  indirect  rule  se  convirtio  durante  el  periodo  de 
entreguerras  en  una  doctrina  -rara  vez  practicada  con  exito-  que  requeria,  dentro 
de  un  marco  ya  existente  de  dominio  directo,  que  los  jefes  y  otras  «autoridades 
nativas»  que  se  suponia  que  debian  proteger  al  pueblo  frente  a  las  influencias 
nocivas  del  mundo  moderno,  fueran  adquiriendo  paulatinamente  poderes 
crecientes  y  mayor  experiencia  en  la  administraciön  local.  El  proposito  era  en 
parte  humanitario  y  en  parte  «social-romäntico»,  pero  sobre  todo  conservador  en 
el  sentido  de  que  mediante  el  fortalecimiento  de  las  autoridades  tradicionales  se 
quitaba  terreno  a  los  «agitadores»  nacionalistas  aparecidos  en  los  centros 
urbanos.  Se  esperaba,  al  menos  hasta  el  abandono  de  ese  enfoque  despues  de 
1942,  que  ese  tipo  de  indirect  rule  sirviera  como  una  base  segura  no  nacionalista 
para  el  desarrollo  politico  de  Äfrica. 

El  indirect  rule  era  mäs  un  metodo  de  dominio  que  una  forma  juridica  de 
gobierno.  Lo  poco  que  decia  el  aparato  formal  sobre  las  relaciones  de  poder 
reales,  se  evidenciaba  por  ejemplo  en  el  nordeste  de  Äfrica.  Sudan  era 
administrado  conjuntamente  desde  1 899  como  «codominio»  de  Gran  Bretana  y 
Egipto,  pero  de  hecho  era  una  colonia  solamente  inglesa,  ya  que  el  propio  Egipto 
era  una  propiedad  britänica  astutamente  disfrazada.  En  1882,  despues  de  un 
golpe  nacionalista  de  los  oficiales  contra  el  regimen  establecido  del  jedive 
amparado  por  Gran  Bretana  y  Francia,  el  pais  fue  ocupado  por  tropas  britänicas, 
enviadas  para  proteger  el  canal  de  Suez;  aunque  aquella  «ocupaciön»  estaba 
concebida  originalmente  como  una  medida  temporal,  duro  de  iure  hasta  1922  y 
de  facto  hasta  1953-1954,  cuando  fue  depuesto  su  ultimo  gobernante 
semicolonial,  el  rey  Faruk.  Bajo  la  ficciön  ünica  de  un  «protectorado  velado»,  en 
Egipto  se  mantuvo  desde  1883  la  fachada  de  una  monarquia  imaginaria  y  un 
gabinete  egipcio  dominado  por  un  gobernador  britänico,  cuyo  modesto  titulo  de 
consul  general  ocultaba  frente  a  las  demäs  grandes  potencias  europeas  un  poder 


casi  omnipotente.  Gran  Bretana,  se  decia  entonces,  no  gobernaba  Egipto; 
gobernaba  el  gobierno  de  Egipto.  Sin  embargo,  el  sultän  de  Constantinopla 
seguia  considerando  a  todos  los  egipcios  como  sus  sübditos,  aunque  sin  ninguna 
consecuencia  practica. 

Otro  caso  especial,  aunque  constitucionalmente  mäs  claro,  era  el  de  la  India. 
Hasta  1858  los  territorios  del  subcontinente  bajo  dominio  britänico  no  estaban 
sometidos  directamente  a  la  corona,  sino,  nominalmente  al  menos,  a  la 
Compania  Britänica  de  las  Indias  Orientales  fundada  en  1600.  Luego  se 
convirtieron  en  una  colonia  de  la  corona  especialmente  complicada.  El  1877  la 
reina  Victoria  se  hizo  coronar  «emperatriz  de  la  India».  Entre  1858  y  1921  el 
poder  britänico  era  ilimitado,  y  luego  quedö  sometido  a  ciertas  restricciones  en 
la  persona  del  gobernador  general  («virrey»),  «mäxima  autoridad,  en  la  que  se 
concentraba  la  responsabilidad  de  todos  los  actos  del  gobierno  civil  y  mili- 
tar»[3],  Por  razones  de  estatus  el  gobernador  general  pro  venia  de  las  filas  de  la 
alta  nobleza  britänica. 

Las  formas  del  derecho  constitucional  colonial  solo  eran  de  importancia 
relativa  para  la  vida  politica  cotidiana;  se  hicieron  mäs  importantes  durante  la 
descolonizaciön.  No  se  puede  saltar,  como  muestra  inmejorablemente  el  ejemplo 
de  Egipto,  de  una  estructura  formal  de  dominio  muy  indirecta  a  otra  poco  inserta 
en  la  realidad.  En  un  protectorado  no  se  vivia  necesariamente  mejor  que  en  una 
colonia  de  la  corona. 

Por  debajo  de  la  superficie  constitucional  se  ocultan,  si  se  sobrepasa  de  nuevo 
el  horizonte  del  Imperio  britänico,  algunos  tipos  bäsicos  de  la  sociologia  de  la 
dominaciön,  que  corresponden  aproximadamente  a  las  categorias  de  la 
construcciön  de  colonias.  Si  se  prescinde  del  caso  de  las  colonias  de 
asentamiento  neoeuropeas  del  tipo  «neoingles»,  a  las  que  pronto  se  dotö  de 
parlamentos  y  poco  despues  de  gobiernos  responsables  ante  esos  parlamentos,  y 
en  las  que  de  todos  modos  solo  se  puede  hablar  del  colonialismo  como  dominio 
extranjero  sobre  la  mayoria  indigena  como  excepciones,  entonces  quedan  tres 
formas. 

1)  El  regimen  de  colonos  asentados  minoritarios,  caracteristico  de  las  colonias 
de  asentamiento,  tanto  del  tipo  esclavista  «caribeno»  como  del  tipo  granjero 
«africano».  Alrededor  de  1830,  Jamaica  y  las  demäs  islas  britänicas  del  Caribe 
eran  gobemadas  por  una  dictadura  descarada  de  plantadores.  La  mayoria  esclava 
y  la  capa  intermedia  de  los  libertos  estaban  politicamente  privadas  de  derechos. 
De  Londres  no  llegaba,  a  diferencia  del  caso  de  Paris  con  respecto  a  las  Antillas 


francesas,  präcticamente  ningün  control  eficaz  de  la  casta  gobernante.  Aquella 
«plantocracia»  ejecutaba  las  leyes  que  se  habla  dado  a  sl  misma,  controlaba  las 
fmanzas  y  el  poder  judicial  y  desobedecla  impunemente  al  representante  del  rey. 
Los  reglmenes  de  colonos  en  Äfrica  disfrataban  entonces  de  una  arbitrariedad 
similar,  casi  sin  restricciones,  cuando  se  separaron  del  Imperio.  Esto  sucediö  en 
Sudäfrica  con  el  Gran  Trek  en  1834  (y  luego  una  segunda  vez,  moral-cultural, 
con  el  cambio  de  poder  en  1948  y  el  establecimiento  del  regimen  del  apartheid) 
y  entre  1965  y  1979  en  Rhodesia  (del  Sur),  donde  en  1939  vivian  alrededor  de 
63.000  europeos[4].  pese  a  lo  cual,  desde  el  comienzo  de  la  presencia  de  colonos 
britänicos  en  1889,  la  politica  habia  quedado  a  su  cargo  con  la  minima 
interferencia  de  Londres.  Sus  mayores  libertades  politicas  -en  1923  los  colonos 
obtuvieron  un  «responsible  government»-  iban  a  la  par  con  una  posiciön  juridica 
politica  y  civil  significativamente  peor  de  los  africanos,  como  en  las  colonias  de 
la  corona  y  protectorados  britänicos.  Los  colonos  casiautönomos,  hambrientos 
de  tierra,  se  demostraron  tambien  aqui  como  los  peores  enemigos  de  la 
poblaciön  nativa,  mäs  que  la  autoridad  estato-colonial.  Lo  mismo  se  puede  decir 
de  Argelia.  Bajo  la  Tercera  y  la  Cuarta  Repüblica  no  emprendieron  Paris  o  sus 
gobernantes  apenas  ninguna  intervenciön  efectiva  contra  las  rigurosas  medidas 
acaparadoras  de  los  colonos.  Por  sus  lazos  familiäres  y  sociales,  asi  como 
politicos  mediante  la  representaciön  de  los  argelinos  «blancos»  en  el  Parlamente 
de  la  Capital,  los  colonos  franceses  en  Argelia  estaban  insertos  mucho  mäs 
firmemente  en  su  sistema  metropolitano  que  los  colonos  britänicos  de  Sudäfrica, 
Rhodesia  o  Kenia.  Con  el  respaldo  de  su  lobby  en  Paris  (para  el  que  no  habia 
ningün  equivalente  britänico)  y  desde  1900  gracias  a  su  autonomia  fmanciera, 
los  «colonos»  franceses  en  Argelia  pudieron  consolidar  un  regimen  racista,  que 
perjudicaba  extraordinariamente  a  los  argelinos  en  el  terreno  legal,  politico  y 
cultural.  Los  derechos  civiles  franceses  estaban  a  disposiciön  de  todos  los 
argelinos,  con  tal  que  se  sometieran  totalmente  al  derecho  frances  y  no  al 
islämico,  lo  que  muy  mayoritariamente  consideraban  una  apostasia.  Solo  unos 
pocos  hicieron  uso  de  ese  derecho.  El  poder  estatal  frances  en  Argelia,  a 
diferencia  del  britänico  en  Kenia  o  en  la  colonia  del  Cabo,  pongamos  por  caso, 
solo  se  podia  considerar  hasta  cierto  punto  como  «ärbitro»  entre  los  distintos 
grupos  de  la  poblaciön. 

2)  El  estado  burocrätico-patrimonial.  Hispanoamerica  es,  tambien  en  relaciön 
con  la  organizaciön  del  dominio,  un  caso  especial  en  la  historia  colonial.  Por 
innovadores  que  parezcan  el  sometimiento  a  la  autoridad  real  del  poder  inicial  de 


los  conquistadores  y  el  establecimiento  de  una  burocracia  centralizada,  asertiva  y 
juridicamente  ajustada  a  reglas  formales  en  los  centros  coloniales  del  Imperio 
espanol,  la  comparaciön  con  el  portugues  y  con  el  temprano  sistema  britänico  en 
Ultramar  muestra  cuäles  eran  sus  deficiencias[5].  Los  espanoles,  provistos  de 
esos  medios,  intervinieron  con  vehemencia  en  la  sociedad  y  la  cultura  de  los 
pueblos  sometidos,  una  vehemencia  que  las  potencias  coloniales  posteriores  rara 
vez  aplicaron  de  forma  planeada  y  durante  periodos  tan  largos.  Portugal,  en 
cambio,  en  una  etapa  mäs  temprana  de  la  formaciön  del  Estado  en  la  transicion  a 
la  Modernidad,  estableciö  en  Asia,  präcticamente  sin  ser  molestado,  las 
estructuras  coloniales  de  la  autoridad  local. 

Aun  asi,  cabe  dudar  en  designar  la  administracion  espahola  en  America  como 
el  primer  aparato  colonial  rotundamente  moderno.  En  cualquier  caso,  no  era  el 
precedente  directo  de  las  organizaciones  coloniales  de  dominio  de  los  siglos  XIX 
y  XX,  de  las  que  diferia  al  menos  en  cuatro  puntos.  Para  empezar,  en  ningün  otro 
caso  se  dio,  como  en  el  espanol,  una  instrumentalizaciön  semejante  de  la  Iglesia, 
totalmente  sometida  al  poder  terrenal,  en  la  configuraciön  de  la  politica  colonial. 
El  clero  se  convirtiö  en  el  instrumento  mäs  efectivo  de  la  penetracion  espahola 
en  America.  En  segundo  lugar,  el  sistema  experimentö  desde  principios  del  siglo 
XVII  una  criollizacion  gradual,  es  decir,  una  infiltracion  interior  y  una  limitacion 
exterior  por  las  oligarquias  coloniales  espanolas,  principalmente  urbanas,  cuyos 
intereses  como  «colonos  asentados»  podian  ir  ganando  influencia  frente  al  punto 
de  vista  de  Madrid.  Con  ello  iba  ligado,  en  tercer  lugar,  un  aumento  de  la 
corrupciön,  estructuralmente  presente  desde  el  principio,  a  la  vista  de  la 
contradiccion  entre  los  bajos  salarios  de  los  funcionarios  de  todos  los  rangos  y 
las  demandas  de  consumo  de  una  sociedad  que  asociaba  muy  estrechamente  el 
estatus  social  y  la  apariencia  visible.  Otra  faceta,  igualmente  ajena  a  la 
administracion  «racional»  moderna,  era  el  sistema  de  compraventa  de  puestos, 
diametralmente  opuesto  al  principio  del  rendimiento  y  la  carrera  meritocrätica. 
En  cuarto  lugar,  el  sistema  colonial  espanol  se  caracterizaba,  a  pesar  de  la 
centralizaciön  hasta  entonces  sin  precedentes  de  las  estructuras  de  mando,  por  un 
prolijo  sistema  de  «checks  and  balances»,  de  distribuciön  de  las  tareas 
administrativas  y  su  supervisiön  mediante  «consejos»  y  otros  örganos 
colegiados.  El  sistema  colonial  espanol  solo  era,  por  tanto,  superficialmente 
«absolutista»,  y  en  realidad  el  poder  estaba  en  el  muy  fragmentado,  incluso  en  su 
nivel  mäs  alto[6].  La  administracion  colonial  espahola  era  pues  en  gran  medida, 
vista  en  su  conjunto,  pre moderna. 


3)  La  autocracia  proconsular.  Ningün  aparato  de  dominaciön  imperial  de  los 
siglos  XIX  y  XX  experimento  una  disolucion  interna  parecida  a  la  del  espanol, 
que  arrastraba  una  larga  inestabilidad.  En  las  nuevas  colonias  el  Estado  era  en 
general,  en  visperas  de  la  descolonizaciön,  robusto  y  funcional.  Aunque  en  la 
India  los  britänicos  habian  transferido  desde  la  Primera  Guerra  Mundial  algunas 
tareas  de  gobierno  a  instituciones  indias,  y  habian  abierto  la  via  a  su 
parlamentarizaciön,  en  1942  todavia  se  mostraron  capaces  de  aplastar  el 
levantamiento  de  masas  del  movimiento  «Quit  India».  En  la  mayoria  de  las 
posesiones  de  las  potencias  coloniales  modernas  los  sistemas  politicos  estaban 
marcados  por  un  ejecutivo  casi  todopoderoso,  que  en  Europa  ya  solo  existia  en 
Rusia.  Que  en  la  practica  el  poder  a  menudo  se  ejerciera  de  manera  «indirecta», 
delegändose  en  parte  a  las  autoridades  locales;  que  tambien  en  algunos  casos 
(por  ejemplo,  en  la  Libia  italiana)  se  omitiera  la  construccion  de  un  fuerte 
aparato  estatal[7]  no  cambia  el  hecho  de  que  por  principio  el  poder  se 
concentraba  en  la  gobernaciön  por  fuerzas  externas  al  propio  pais;  por  eso  se 
puede  hablar,  por  asociaciön  con  el  Imperio  romano,  de  «autocracia  procon- 
sularȣ8].  Lo  importante  es  que  por  lo  general  se  trataba  de  formas  estatales 
juridicamente  controladas,  cuando  no  directamente  juridicas,  y  por  lo  tanto  rara 
vez  de  despotismos  arbitrarios. 

La  autocracia  proconsular  se  desprendio  a  finales  del  siglo  XVIII  de  la  crisis  de 
la  burocracia  moderna,  o  con  mayor  precision,  de  la  crisis  de  las  dos 
manifestaciones  mäs  extendidas  en  el  mundo  colonial:  la  administraciön 
patrimonial  espanola  y  la  cuasi-estatal,  encargada  durante  la  misma  epoca  a  las 
grandes  organizaciones  de  las  Companias  Comerciales  con  Privilegio  Real.  Esa 
fase  critica  de  la  formaciön  del  Estado  colonial  comenzö  al  mismo  tiempo,  pero 
sin  influencia  mutua,  en  los  dos  grandes  Imperios  de  su  tiempo.  En  la  America 
espanola  las  reformas  borbonicas,  que  culminaron  en  la  decada  de  1780, 
fortalecieron  al  ejecutivo,  que  se  descomponia  por  la  corrupciön  y  se  habia 
convertido  en  gran  medida  en  instrumento  de  intereses  particulares.  Casi  al 
mismo  tiempo  aumento  la  influencia  del  Estado  britänico  en  la  Compania  de  las 
Indias  Orientales,  creändose  en  1786-1793,  bajo  el  gobernador  general  lord 
Cornwallis,  el  fundamento  de  la  moderna  administraciön  de  la  India.  En  ambos 
casos  se  limito  el  poder  de  las  elites  establecidas  desde  hacia  tiempo;  en  el 
primer  caso  a  las  oligarquias  criollas,  en  el  segundo  a  las  indias,  a  las  que  se 
cerrö  el  acceso  a  la  nueva  burocracia  colonial.  Pero  esa  politica,  aplicable  en  la 
India,  no  lo  era  en  America.  Los  gobiernos  independientes  de  Latinoamerica 
prosiguieron  alli  la  linea  del  Estado  borbönico,  que  habia  reforzado  la  reclusion 


de  la  poblaciön  india[9].  La  «emancipacion»  de  las  colonias  espanolas  seria  la  de 
sus  capas  privilegiadas  blancas. 

Asl  surgio  la  autocracia  proconsular  como  forma  polltica  cläsica  de  las 
colonias  de  dominaciön.  Su  modelo  era  la  India  britänica;  su  expresiön  adicional 
se  encontraba  en  las  colonias  britänicas  de  la  corona;  en  las  colonias  tropicales, 
como  en  la  Indochina  francesa  o  en  las  Indias  Orientales  neerlandesas,  se 
constituyeron  otros  poderes.  Incluso  alli  donde  en  ciertos  sistemas  de  «indirect 
rule»  parte  del  poder  politico  se  habia  delegado  a  las  elites  locales,  no  cambiö 
nada  en  el  monopolio  de  la  violencia  por  el  Estado  y  en  el  marco  global 
autocrätico. 


LAS  FUNCIONES  Y  ÖRGANOS  DEL  ESTADO  COLONIAL 

El  Estado  colonial  no  era  una  simple  extension  del  sistema  politico 
metropolitano  en  territorios  alejados,  sino  una  forma  politica  sui  generis.  Estaba 
presente  incluso  cuando  la  regiön  dominada  se  declaraba  «parte  integrante  del 
territorio  nacional»,  una  opcion  que  preveia  la  Constitucion  francesa  de  1791  y 
que  se  aplico  a  Argelia  en  1848  y  1871.  Los  logros  liberales  de  Europa  quedaban 
sin  embargo  fuera  del  alcance  de  los  colonizados.  Solo  en  algunas  partes  del 
Imperio  britänico  «coloreado»  se  introdujeron  bajo  la  consigna  de  «doble  poder» 
(diarquia),  primero  organos  de  representaciön  elegidos  y  luego  incluso 
ministerios  parlamentarios  responsables,  a  los  que  el  gobernador  ejecutivo  cedia 
determinados  ämbitos  de  responsabilidad  en  el  marco  de  su  propia  competencia 
general. 

El  Estado  colonial  tenia  que  asegurar  el  control  sobre  los  pueblos  sometidos  y 
crear  las  condiciones  para  el  aprovechamiento  economico  de  la  colonia.  Esos 
eran  sus  dos  propösitos  principales.  El  margen  de  maniobra  de  un  gobernador  en 
un  caso  individual  en  contra  de  sus  superiores  del  ministerio  que  lo  habia 
nombrado  tambien  podia  revelar  que  el  Estado  colonial  estaba  hacia  afuera 
subordinado  a  las  instancias  politicas  de  la  metropoli,  pero  en  el  interior  de  la 
colonia  era  «autocrätico  por  naturaleza»[10].  Tal  autocracia  podia  incluir  una 
amplia  gama  de  präcticas  gubernamentales:  desde  un  suave  patriarcalismo,  como 
en  la  Samoa  alemana  en  1900-1911  bajo  el  gobernador  Wilhelm  Solf  o  en 
Filipinas  despues  del  final  de  la  sangrienta  guerra  de  conquista  en  1902,  hasta  el 
brutal  regimen-mordaza  de  los  japoneses  en  Corea.  Por  lo  general,  los 
representantes  del  Estado  colonial  atribuian  importancia  a  su  papel  como 


estrictos  «educadores»  de  los  «nativos»  inmaduros  y  como  ärbitros  entre  los 
intereses  individuales.  Entre  eilos  y  los  grapos  de  colonos  que  solia  haber 
tambien  en  las  colonias  que  no  eran  de  asentamiento,  existia  una  contradiccion 
estructural.  Asi,  el  poder  del  Estado  frances  en  las  colonias  del  Äfrica  Occidental 
mantenia  un  margen  de  maniobra  mucho  mayor  en  relacion  con  los  colonos  de 
alli  que  en  la  colonia  de  asentamiento  de  Argelia.  El  Estado  colonial  procuraba 
hacer  respetar  su  papel  de  ärbitro  frente  a  las  unidades  etnicas  y  las  fuerzas 
sociales  entre  los  colonizados.  Con  cierta  frecuencia  tenia  que  practicar  una 
politica  de  regateo  en  las  confrontaciones  de  unos  grupos  etnicos  o  «tribus» 
contra  otros,  una  täctica  de  «divide  y  venceräs»  que  lego  a  los  Estados 
poscoloniales  una  pesada  herencia  de  desavenencias  etnicas. 

La  fragmentaciön  del  poder  en  la  base  del  sistema  politico  correspondia  a  su 
concentraciön  en  la  cumbre.  El  Estado  colonial  no  conocia  de  hecho  ninguna 
separaciön  entre  los  poderes  ejecutivo  y  legislativo  y  en  ningün  caso  un  poder 
judicial  independiente.  Era,  fueran  cuales  fueran  los  formalismos  que  pudieran 
ser  respetados  en  cada  caso,  un  gobierno  de  decretos  administrativos 
promulgados  por  el  gobernador,  su  consejo  y  su  aparato.  El  oficial  de  distrito  del 
nivel  administrative  mäs  bajo  mantenia  a  menudo  en  su  relacion  cotidiana  con 
los  sübditos  un  poder  casi  ilimitado,  de  «rey  de  la  selva»,  como  recaudador  de 
impuestos,  jefe  de  la  policia  y  a  veces  tambien  como  juez.  La  situaeiön  colonial, 
solo  comparable  con  el  momento  posterior  a  una  revolueiön  victoriosa,  a  veces 
ofrecia  enormes  posibilidades  de  convulsiones  politicas  y  sociales  «desde 
arriba». 

Varios  rasgos  caracterizan  pues  al  Estado  colonial:  su  caräcter  dual  como 
subordinado  y  al  mismo  tiempo  casi  omnipotente;  su  centralizaciön  autocrätica 
del  poder  en  la  cima  empleando  una  politica  de  «divide  y  venceräs»  en  la  base; 
su  imagen  de  si  mismo  como  instancia  «neutral  por  encima  de  los  partidos»... 
No  menos  importante  es  el  hecho  de  que  entre  dominantes  y  dominados  se 
establecia  generalmente  una  brecha  cultural  insalvable.  Lo  que  hace  al  Estado 
colonial  inestable  a  largo  plazo,  cuando  no  totalmente  ilegitimo  -aunque  en 
algunos  casos  se  esfuerce  por  ejercer  un  dominio  «justo»-,  es  la  circunstancia  de 
que  su  lealtad  fundamental  estaba  fuera  de  su  campo  de  actividad.  El  «bien 
comün»  que  decia  defender  no  era  en  ultimo  termino  el  de  la  entidad  politica  que 
presidia,  sino  el  del  Imperio.  Por  eso  la  descolonizaciön  significaba,  en  cierto 
modo,  el  reconocimiento  de  la  dominaeiön  politicaJJJJ. 

La  tarea  mäs  importante  asignada  al  Estado  colonial  por  sus  promotores 
consistia,  incluso  despues  de  la  fmalizaciön  del  periodo  de  conquista  y 


«pacificaciön»  tras  el  desarme  de  los  nativos,  en  garantizar  la  preservaciön  del 
orden  y  la  ley.  Aun  cuando  algunos  sistemas  coloniales  eran  regimenes  policiales 
implacablemente  represivos,  el  gobierno  colonial  respondia  inevitablemente 
nervioso  y  con  dureza  al  menor  movimiento  de  la  oposiciön.  Reinaba  el 
principio  de  no  dejarse  arrebatar  nunca  la  iniciativa,  de  no  perder  nunca  la  cara. 
El  Estado  siempre  debia  tener  la  ultima  palabra;  cada  provocaciön  debia  ser 
castigada  con  represalias.  No  solo  estaban  prohibidas  las  protestas  anti¬ 
coloniales  abiertas,  sino  tambien  las  huelgas  de  motivacion  economica  de  la 
mano  obrera  urbana[12].  Resulta  sorprendente  como  muchos  regimenes 
coloniales  se  empenaron  en  ello  hasta  bien  poco  antes  del  fin  de  su  existencia. 
La  construcciön  de  un  aparato  policial  colonial  de  funcionamiento  amplio  y 
profesional  no  alcanzö  su  plenitud  hasta  la  decada  de  los  veinte  del  siglo  pasado, 
y  en  Äfrica  incluso  hasta  cerca  de  1950.  Entre  los  legados  de  las  potencias 
coloniales  figuran  casi  en  todas  partes  las  fuerzas  de  seguridad  formadas 
psicologicamente  y  conscientes  de  su  papel  politico[13]. 

Cuando  se  establecia  el  «orden»,  eso  no  siempre  conllevaba  el  respeto  a  algün 
tipo  de  «ley».  En  general,  se  planteaba  la  cuestion  de  que  leyes  debian  aplicarse. 
Los  amos  coloniales  se  equivocaban,  por  supuesto,  cuando  creian  que  el 
territorio  que  dominaban  carecia  de  leyes.  El  derecho  extranjero  no  se  reconocia 
fäcilmente  como  tal,  sobre  todo  cuando  no  se  presentaba  en  forma  escrita.  A 
menudo,  la  «anarquia»  que  los  europeos  trataban  de  erradicar  era  precisamente 
el  resultado  del  quebranto  por  la  invasiön  de  los  mecanismos  reguladores 
propios.  En  otros  casos,  especialmente  en  la  esfera  islämica,  se  encontraban  con 
tradiciones  juridicas  consolidadas.  Las  declaraciones  generales  sobre  un  terreno 
suelen  ser  tan  dificiles  como  sobre  el  Derecho  colonial;  sin  embargo,  llama  la 
atencion  la  «reticencia  a  asumir  la  jurisprudencia  sobre  poblaciones 
sometidas»[14].  Esto  se  reifere  especialmente  al  derecho  civil,  pero  tambien  al 
derecho  penal  en  casos  en  que  los  extranjeros  no  se  veian  directamente 
afectados.  La  metröpoli  y  la  colonia  siguieron  siendo  campos  jurisdiccionales 
separados.  Una  europeizaciön  completa  del  sistema  juridico  en  las  colonias  de 
dominacion  estaba  fuera  de  discusiön.  El  Estado  colonial  solo  se  ocupaba 
regularmente,  en  general,  de  aquellas  äreas  de  la  sociedad  local  que  no  atanian  a 
sus  propios  intereses,  cuando  los  misioneros  o  grupos  de  presiön  humanitarios  le 
instaban  a  hacerlo  o  cuando  las  präcticas  denunciadas  contradecian  radicalmente 
los  puntos  de  vista  europeos.  Un  ejemplo  de  esto  es  la  prohibiciön  de  sati,  la 
quema  de  viudas  en  India,  en  1829-1830,  y  tambien  se  reprimieron  la  mayoria  de 
las  costumbres  relacionadas  con  la  esclavitud,  como  la  poligamia,  el  infanticidio, 


el  matrimonio  infantil,  etcetera. 

La  divisiön  del  derecho  colonial  en  leyes  para  los  colonos  y  leyes  para  los 
nativos  significaba  en  casos  extremos  una  justicia  racial  pura  y  simple.  Esto  era 
muy  frecuente  en  las  colonias  de  asentamiento  como  Argelia,  donde  regia  para 
los  argelinos  un  «code  de  l  ’indigenat»  duro  y  degradante,  pero  tambien  a  veces 
en  colonias  de  dominaciön  como  el  Taiwan  japones[15],  En  otros  casos  no  se 
imponia  a  los  colonizados  una  ley  especial  extranjera,  sino  su  propio  derecho,  lo 
que  a  menudo  se  asociaba  con  una  büsqueda  de  inspiraciön  romäntica  del 
«derecho  de  los  pueblos»  que  debia  codificarse  y  purificarse.  En  tal  proceso,  sin 
embargo,  la  ley  original  era  inevitablemente  alterada,  a  menudo  hasta  hacerla 
irreconocible;  de  hecho,  solian  surgir  formas  mixtas  mezclando  elementos 
nativos  y  europeos.  Mas  importantes  que  el  contenido  respectivo  de  las  normas 
legales  podia  ser  el  hecho  de  que  el  Estado  colonial  empleara  el  Derecho  como 
instrumento  de  aseguramiento  de  la  dominaciön,  lo  que  por  otra  parte  daba  lugar 
a  una  judicializaciön  de  las  relaciones  sociales  desconocida  en  los  tiempos 
precoloniales,  que  se  iba  a  demostrar  irreversible  mäs  allä  del  colonialismo[16]. 
El  recurso  al  tribunal  reemplazö  a  las  formas  mäs  antiguas  de  soluciön  de 
conflictos.  Se  volviö  atractivo  tan  pronto  como  se  garantizö  un  procedimiento 
constitucional  elemental,  un  «due  process  of  law»  que  incluia  la  posibilidad  de 
apelaciön.  La  profesiön  de  abogado,  que  se  beneficiö  de  ello,  se  convirtiö,  sobre 
todo  en  las  colonias  britänicas  y  francesas,  en  un  medio  de  promociön  social  y 
toma  de  conciencia  politica.  La  creciente  confianza  en  los  procedimientos 
juridicos  alimentö  tambien  el  deseo  de  un  avance  sustancial  en  la  igualdad  de 
derechos,  de  modo  que  la  europeizaciön  parcial  del  sistema  legal  colonial 
abrigaba  un  potencial  emancipatorio  que  iba  mäs  allä  del  colonialismo. 


EL  ESTADO  INTERVENCIONISTA  BUROCRÄTICO 

El  Estado  colonial  no  era  tampoco  un  simple  vigilante  nocturno,  como  el  que 
imperaba  en  los  paises  de  origen  de  la  doctrina  de  minima  intervenciön  estatal. 
Condicionaba  la  sociedad  colonial,  no  solo  mediante  la  legislaciön,  la 
jurisprudencia  y  la  policia.  Siempre  que  el  interes  en  una  colonia  iba  mäs  allä  del 
comercio  y  el  saqueo  para  convertirse  en  una  explotaciön  planificada  de  sus 
recursos,  el  Estado  colonial  tenia  que  poner  en  marcha  proyectos 
infraestructurales  (ferrocarriles,  canales,  caminos,  redes  telegräficas),  programas 
de  desarrollo  agrario,  medidas  aduaneras  y  monetarias,  o  iniciativas  urbanas  de 


promociön  de  los  intereses  comerciales  privadosj47].  Que  eso  suscitara  a 
menudo  tensiones  con  tales  intereses,  es  otro  asunto.  El  Estado  colonial  rara  vez 
podia  satisfacer  plenamente  esas  demandas.  Las  dificultades  fmancieras  eran  un 
problema  constante,  ya  que  los  gobiernos  metropolitanos  esperaban  por  lo 
general  que  las  colonias  fueran  fiscalmente  autosuficientes[18]. 
Excepcionalmente  los  intereses  privados  llegaban  a  constituir  casi  un  Estado 
dentro  del  Estado  y  asumian  como  asunto  propio  no  solo  el  aprovechamiento  de 
los  recursos,  sino  tambien  äreas  de  la  administracion.  Quizä  el  mejor  ejemplo  de 
esto  es  el  papel,  a  menudo  caracterizado  como  «paternalismo»,  del  grupo 
cuprifero  Union  Miniere  du  Haut-Katanga  en  el  Congo  Belga  desde  1920. 

En  las  primeras  fases  de  la  conquista  y  «pacificacion»,  el  Estado  colonial  se 
hizo  notar  puntualmente  de  modo  muy  notorio;  sus  exigencias  inmediatas  a  los 
sometidos,  en  forma  de  impuestos  y  servicios  laborales,  fueron  particularmente 
altas  durante  aquel  periodo.  Sin  embargo,  solo  alcanzo  su  mäxima  eficacia  de 
conjunto  durante  su  ultimo  periodo.  En  Äfrica,  en  particular,  el  Estado  colonial 
se  transformö,  como  signo  de  la  «segunda  ocupaciön  colonial»,  en  un  Estado 
social  embrionario[19].  Ya  en  decadas  anteriores  los  gobiernos  coloniales  eran  a 
veces  mäs  eficaces  contra  las  hambrunas  que  los  poderes  precoloniales.  En  el 
Imperio  britänico,  las  revueltas  de  1937  en  el  Caribe  contra  la  pobreza  dieron 
lugar  a  consideraciones  que  elevaron  el  bienestar  de  sus  sübditos  a  una  tarea 
continua  de  la  potencia  colonial,  lo  que  tambien  se  hizo  evidente  en  Äfrica,  por 
primera  vez,  despues  de  1945.  El  Estado  colonial  intervencionista  tardio 
significaba,  por  supuesto,  el  clhnax  de  la  heteronomia.  Desde  la  perspectiva  de 
un  considerable  nümero  de  africanos  aquel  periodo  de  protecciön  social [20]  trajo 
consigo  no  obstante  beneficios  concretos,  especialmente  una  mejora  en  las 
oportunidades  de  educaciön  y  asistencia  medica.  El  Estado  colonial  era  por  su 
propia  naturaleza  burocrätico.  Se  podria  incluso  jugar  con  la  tesis  de  que  los 
avances  de  la  burocratizaciön  en  la  propia  Europa  recibieron  impulsos 
importantes  de  la  periferia.  No  cabe  duda  de  que  durante  el  siglo  XVI  la  forma 
de  gobierno  de  los  espanoles  en  America  mostraba  un  mayor  grado  de 
organizaciön  que  en  la  peninsula  iberica,  y  en  Gran  Bretana  no  habia  despues  de 
1945  un  aparato  burocrätico  con  el  que  construir  el  Estado  del  bienestar  que  se 
pudiera  equiparar,  en  cuanto  al  nivel  de  profesionalidad,  con  el  de  la 
administracion  de  la  India,  el  Indian  Civil  Service  (ICS).  Ese  fue  el  modelo  para 
todas  las  burocracias  coloniales  modernas,  y  tambien  la  expresiön  mäs  pura  del 
Estado  colonial  como  autocracia  proconsular  y  absolutismo  burocrätico.  Hasta  la 
decada  de  1780  -durante  el  periodo  de  los  «nababs»-  no  habia  en  la  India  casi 


ninguna  diferencia  entre  la  dominaciön  estatal  y  los  negocios  privados.  Despues 
comenzo  la  constracciön  paulatina  de  una  administraciön  estatal,  que  sin 
embargo  siguio  marcada  durante  mucho  tiempo  por  las  pautas  del  patrocinio. 
Hasta  despues  de  la  aboliciön  de  la  Compania  de  las  Indias  Orientales  y  la 
asunciön  del  gobierno  de  la  India  por  la  corona  en  1858  no  adquirio  el  ICS  su 
pleno  desarrollo  como  una  burocracia  moderna.  Sus  miembros  eran  reclutados 
desde  1853  mediante  exämenes  competitivos  entre  los  graduados  de  escuelas  y 
universidades  püblicas  (especialmente  de  Oxford  y  Cambridge),  lo  que  equivale 
a  decir,  en  pocas  palabras,  de  entre  las  filas  de  la  clase  media-alta  britänica. 
Debian  ser  «generalistas».  Los  funcionarios  del  ICS,  muy  bien  pagados  pero 
impedidos  de  adquirir  tierras  en  la  India,  tenian  el  monopolio  de  los  puestos 
administrativos  mäs  altos;  frecuentes  traslados  de  un  puesto  a  otro  debian 
mantener  el  brio  del  servicio  y  evitar  el  apoltronamiento  o  el  eventual  abuso  del 
patrocinio  regional.  Solo  el  jefe  de  ese  ejecutivo,  el  gobernador  general,  era 
nombrado  por  el  Gabinete  en  Londres.  Los  puestos  de  ICS  estaban  entre  los  mäs 
atractivos  y  solicitados  que  el  Estado  britänico  podia  otorgar.  El  ICS  cultivaba  el 
espiritu  de  cuerpo  de  una  aristocracia  de  los  mejores,  omnicompetente,  por 
encima  de  los  intereses  particulares  y  comprometida  con  el  ideal  britänico  del 
gentleman.  La  Repüblica  India  heredö  el  ICS  como  Servicio  Administrative  del 
Estado. 

En  Äfrica  no  eran  los  britänicos,  sino  los  belgas  y  franceses  los  que  reclutaban 
a  su  personal  colonial  mäs  alto  mediante  exämenes.  A  diferencia  de  sus 
homölogos  britänicos,  eran  preparados  para  sus  tareas  en  academias  coloniales. 
La  mayor  fama  en  Äfrica  la  tenian  los  belgas,  la  peor  los  administradores 
portugueses,  a  menudo  incapaces  y  corruptos[21].  Los  aparatos  estatales 
coloniales  se  distinguian  tambien  en  si  admitian  en  sus  filas  a  personal  nativo  o 
no.  Va  de  si  por  que  se  empleaba  a  gran  nümero  de  nativos  para  tareas  humildes 
y  locales,  por  ejemplo  en  el  ferrocarril,  el  servicio  de  correos  y  telegrafos,  como 
secretarias,  interpretes,  mensajeros,  y  tambien  en  la  policia  y  en  el  ejercito.  Era 
decisivo  el  acceso  a  los  puestos  de  elite  burocräticos.  En  el  Äfrica  subsahariana 
era  extremadamente  limitado,  aunque  no  hubiera,  como  en  las  posesiones 
francesas  y  portuguesas,  barreras  raciales  legales.  El  Servicio  Civil  de  la  India, 
en  el  que  nunca  hubo  una  barrera  de  color  oficial,  fue  admitiendo  cada  vez  mäs 
nativos  a  partir  de  1919,  llegändose  en  1939  a  una  paridad  aproximada:  589 
indios  frente  a  599  europeos  en  los  puestos  mäs  altos  [22].  Tal  absorcion  de 
funcionarios  locales  leales  en  el  Estado  colonial  era  particularmente  significativa 
desde  el  punto  de  vista  politico  alli  donde  (a  diferencia  de  la  India,  Ceilän  y 


Birmania)  no  existian,  hasta  los  Ultimos  tiempos  del  periodo  colonial, 
parlamentos  representativos.  En  los  territorios  britänicos  en  Malasia,  por 
ejemplo,  la  lenta  indigenizaciön  de  la  administraciön  inferior  comenzö  en  1910. 
Esto  llevö  al  desarrollo  de  una  nueva  capa,  que  consistia  en  parte  en  aristöcratas 
desclasados,  y  en  parte  en  trepadores  sociales;  tenian  estrechas  conexiones  con  la 
antigua  elite  y  tambien  estaban  ligados  en  muchos  sentidos  con  el  poder 
colonial[23].  Lo  mismo  se  puede  decir  de  las  Indias  Orientales  neerlandesas  y  de 
Filipinas. 


ADMINISTRACIÖN  ESTATAL  TERRITORIAL  Y  NACIÖN 

El  colonialismo  contribuyö  a  la  universalizaciön  del  concepto  europeo  de 
Estado.  Este  fue  uno  de  sus  efectos  mäs  cargado  de  consecuencias.  Solo  en  el 
caso  de  las  autocracias  centralizadas  se  puede  hablar  de  un  Estado  precolonial  en 
un  sentido  parecido  al  moderno;  en  Asia  y  Äfrica,  en  general,  la  dominaciön 
politica  era  informal,  personal,  cargada  de  connotaciones  religiosas,  inestable, 
maleable,  flexible  y  negociable  entre  los  distintos  grupos  de  poder:  mäs  una 
malla  de  relaciones  entre  partidarios  de  unos  u  otros  lideres  que  una  estructura 
de  instituciones  sölidas.  El  Estado  colonial  de  los  siglos  XIX  y  XX  era  lo 
contrario:  una  administraciön  estatal  secularizada,  protegida  militarmente,  que  se 
convirtiö  en  comadrona  de  sus  herederos  poscoloniales.  Difundiö  en  todas  partes 
formas  de  dominaciön  burocrätica  que  contribuyeron,  junto  con  las  precoloniales 
privadas  de  sus  tradiciones  autocräticas  amparadas  por  la  religiön,  y 
ocasionalmente  tambien  con  la  idea  de  la  dictadura  «socialista»  del  partido,  a  la 
apariciön  de  regimenes  autoritarios  en  Asia  y  Äfrica.  Cuando,  como  en  la  India, 
se  ensayaron  tras  la  independencia  intentos  tardocoloniales  de  democracia 
representativa,  se  echaba  en  falta  un  sustento  basado  en  ideas  politicas  y  cultura 
politica.  Se  confirmö,  tambien  en  el  ämbito  de  las  instituciones  democräticas,  «el 
modelo  del  Estado  que  existe  por  su  propia  voluntad»[24]. 

El  Estado  colonial  impuso  en  todas  partes  el  principio  territorial.  En  zonas  del 
mundo  como  Äfrica  y  el  sudeste  de  Asia,  el  trazado  de  las  fronteras  estatales  fue 
una  de  las  actividades  mäs  trascendentales  de  los  europeos.  Que  tales  fronteras, 
como  muchas  veces  se  ha  dicho,  se  establecieran  «arbitrariamente»,  no  ha 
impedido  que  fueran  respetadas  en  general  despues  por  los  Estados 
independientes.  Si  el  Estado  colonial  era  un  Estado  territorial,  lo  que  no  era  en 
absoluto  era  un  Estado  nacional.  La  idea  de  la  naciön  era  mäs  bien  un  arma  de  la 


lucha  anticolonial.  Los  lideres  de  la  emancipacion  a  los  que  el  Estado  territorial 
burocrätico  acabo  siendo  fiel,  lo  interpretaban  como  un  Estado-naciön,  y  con 
demasiada  frecuencia  incluso  como  el  Estado  de  la  nacionalidad  mayoritaria.  De 
esa  genealogia  separada  de  los  principios  territorial  y  nacional,  de  su  falta  de 
congraencia,  proceden  no  pocos  de  los  conflictos  etnico-religiosos  del  presente. 
Si  bien  las  potencias  coloniales  europeas  habian  tolerado  -como  todos  los 
gobernantes  de  imperios-  la  diversidad  de  las  «plural  societies»,  o  incluso  la 
habian  promovido  respondiendo  al  principio  «divide  y  venceräs»,  la  politica 
poscolonial  asumiö  mäs  bien  la  pretension  de  exclusividad  homogeneizadora  del 
concepto  europeo  de  naciön:  «una  naciön-un  Estado».  Por  eso  se  crearon 
Estados  nacionales  que  no  correspondian  a  naciones  «adultas». 


[1]  Vease  M.  H.  Fisher,  Indirect  Rule  in  India:  Residents  and  the  Residency  System  1764-1858,  Delhi, 
1991. 

[2]  Vease  J.  M.  Gullick,  Rulers  and  Residents:  Influence  and  Power  in  the  Malay  States  1870-1920, 
Singapur,  1992. 

[3]  Report  of  the  Indian  Statutory  Commission,  op.  cit.,  p.  1 12. 

[4]  D.  Kennedy,  Islands  of  White:  Settier  Society  and  Culture  in  Kenya  and  Southern  Rhodesia,  1890- 
1939,  Durham  (NC),  1987,  p.  1. 

[5]  Vease  el  repaso  de  G.  V.  Scammell,  The  First  Imperial  Age:  European  Overseas  Expansion  c.  1400- 
1715,  Londres,  1989,  pp.  141-168. 

[6]  Vease  J.  H.  Elliott,  «Spain  and  America  before  1700»,  en  L.  Bethell  (ed.),  The  Cambridge  Historv  oj 
Latin  America,  vol.  1,  Cambridge,  1984,  p.  74. 

[7]  Vease  D.  J.  Vandewalle,  A  Historv  of  Modern  Libya,  Cambridge,  2006,  pp.  41  y  ss. 

[8]  Con  un  significado  algo  mäs  especial:  C.  A.  Bayly,  Imperial  Meridian:  The  British  Empire  and  the 
World  1780-1830,  Londres,  1989,  pp.  194  y  ss. 

[9]  Vease  N.  M.  Farriss,  Maya  Society  under  Colonial  Rule:  The  Collective  Enterprise  of  Survival, 
Princeton,  1984,  pp.  355  y  366-375. 

[10]  A.  D.  A.  de  Kat  Angelino,  Le  Probleme  colonial,  vol.  1,  La  Haya,  1931,  p.  67. 

[11]  Vease  C.  Geertz,  «The  Judging  of  Nations:  Some  Comments  on  the  Assessment  of  Regimes  in  the 
New  States»,  en  Archives  europeennes  de  sociologie  18  (1977),  p.  250. 

[12]  Vease  D.  Arnold,  Police  Power  and  Colonial  Rule:  Madras  1859-1947,  Delhi,  1986,  especialmente 
pp.  148,235. 

[13]  Vease  para  el  Imperio  britänico  G.  Sinclair,  At  the  End  of  the  Line:  Colonial  Policing  and  the 
Imperial  Endgame,  Manchester,  2006. 

[14]  J.  Fisch,  «Law  as  a  Means  and  as  an  End:  Some  Remarks  on  the  Function  of  European  and  Non- 
European  Law  in  the  Process  of  European  Expansion»,  en  W.  J.  Mommsen  y  J.  A.  de  Moor  (eds.), 
European  Expansion  and  Law:  The  Encounter  of  European  and  Indigenous  Law  in  19"'  and  20"'-Century 
Africa  and  Asia,  Oxford,  1991,  p.  23. 

[15]  Vease  Chou  Whei-ming,  Taiwan  unter  japanischer  Herrschaft  1895-1945,  Bochum,  1989,  pp.  178  y 
ss. 

[16]  Vease  K.  Mann  y  R.  Roberts,  «Introduction:  Law  in  Colonial  Africa»,  en  Law  in  Colonial  Africa, 
Londres,  1991,  pp.  3-58. 

[17]  Vease  M.  J.  Murray,  The  Development  of  Capitalism  in  Colonial  Indochina  (1870-1940),  Berkeley, 


1980,  pp.  21-27. 

[18]  A  esto  se  une  una  continua  discusiön  sobre  los  aspectos  fuertes  y  debiles  del  Estado  colonial, 
especialmente  en  Äfrica.  Vease,  por  ejemplo,  F.  Cooper,  Africa  since  1940:  The  Past  to  the  Present, 
Cambridge,  2002,  especialmente  p.  5;  A.  Eckert,  Herrschen  und  Verwalten.  Afrikanische  Bürokraten, 
staatliche  Ordnung  und  Politik  in  Tanzania,  1920-1970,  Munich,  2007,  especialmente  pp.  17  y  ss. 

[19]  Vease  a  este  respecto,  por  ejemplo,  A.  Eckert,  «Exportschlager  Wohlfahrtsstaat?  Europäische 
Sozialstaatlichkeit  und  Kolonialismus  in  Afrika  nach  dem  Zweiten  Weltkrieg»,  en  Geschichte  und 
Gesellschaft  32  (2006),  pp.  467-488. 

[20]  Se  ha  hablado  tambien  de  «compassionate  period»:  J.  Iliffe,  The  African  Poor:  A  History, 
Cambridge,  1987,  p.  171. 

[21]  Vease  M.  Crowder,  «The  White  Chiefs  of  Tropical  Africa»,  en  L.  H.  Gann  y  P.  Duignan  (eds.), 
Colonialism  in  Africa,  1870-1960,  vol.  2,  Cambridge,  1970,  p.  324. 

[22]  B.  B.  Misra,  The  Bureaucracv  of  India:  An  Historical  Analysis  of  Development  up  to  1947,  Delhi, 
1977,  p.  291. 

[23]  Vease  K.  Johan,  The  Emergence  of  the  Modern  Malay  Administrative  Elite,  Singapur,  1984,  pp.  1-5. 

[24]  P.  R.  Brass,  The  Politics  of  India  since  Independence,  Cambridge,  21994,  pp.  19  y  ss. 


VI.  FORMAS  ECONÖMICAS  COLONIALES 


Aun  en  el  caso  de  que  la  apropiaciön  de  una  colonia  no  tuviera  originalmente 
un  motivo  principalmente  econömico,  siempre  tuvo  profundos  efectos  sobre  la 
economia  de  la  correspondiente  regiön.  El  establecimiento  del  dominio  colonial 
era  uno  de  los  medios  mäs  importantes  para  lograr  aquel  intercambio 
intercontinental  que  acabö  dando  lugar  a  la  Europa  moderna,  permitiendo 
explotar  duraderamente  nuevas  fuentes  de  riqueza  natural  y  trabajo  humano.  Los 
efectos  econömicos  del  colonialismo  sobre  la  periferia  fueron  sin  embargo 
extraordinariamente  diferentes  segün  el  momento  y  el  lugar:  distintos  en  Africa 
Occidental  y  en  Africa  Oriental,  en  Sumatra  y  en  Java.  En  America,  la  conquista 
abriö  la  via  para  su  incorporaciön  al  sistema  econömico  mundial;  en  el  Viejo 
Mundo  fue  al  reves.  Solo  las  regiones  de  Asia  y  Africa  alejadas  de  la  costa  o 
pobres  en  poblaciön  y  recursos  permanecieron  incölumes  frente  a  la  influencia 
del  comercio  exterior  precolonial.  Mucho  antes  de  su  sometimiento  bajo  el 
dominio  colonial,  grandes  zonas  de  Africa  se  levantaron  contra  la  trata  de 
esclavos  transatläntica  y  oriental,  y  mäs  adelante  contra  el  comercio  «legitimo» 
de  bienes  (por  ejemplo  productos  de  palma)  con  otros  continentes;  las  nuevas 
oportunidades  de  enriquecimiento  en  la  costa  se  convirtieron  en  un  impulso 
importante  para  la  dinämica  social  intraafricana. 

Despues  de  1890  los  gobernantes  coloniales  prosiguieron  simplemente,  por 
ejemplo  en  Africa  Occidental,  tendencias  de  desarrollo  mäs  antiguas  de  la 
economia  de  exportaciön[l].  Igualmente  inconfundibles  son  las  continuidades 
durante  el  periodo  de  descolonizaciön.  Como  demuestra  el  ejemplo  de  la 
America  Latina  poscolonial  despues  de  1825,  el  final  de  una  relaciön  colonial  de 
dominio  no  lleva  consigo  en  modo  alguno  la  eliminaciön  de  la  dependencia 
econömica.  Los  paises  de  lo  que  mäs  tarde  se  llamaria  «Tercer  Mundo»  que 
siguieron  siendo  politicamente  independientes  no  experimentaron,  con  la 
excepciön  de  Japön,  otro  tipo  de  desarrollo  que  el  de  las  colonias.  El 
colonialismo  solo  es  pues  una  de  las  muchas  facetas  de  la  historia  general  de  las 
relaciones  econömicas  Norte-Sur[2],  Se  puede  hablar  de  economia  colonial 
siempre  que  un  Estado  colonial  interviene  en  el  comercio  y  la  producciön. 


POLfTICAS  ECONÖMICAS  IMPERIALES  Y  COLONIALES 


La  conquista  colonial  fue  seguida  en  muchos  casos  por  una  fase  de  saqueo 
econömico  anärquico,  de  desenfrenada  devastaciön  econömica  y  ecolögica  al 
ponerse  en  practica  la  explotaciön  abusiva  de  recursos  fäciles  de  obtener.  La 
consolidaciön  de  las  estracturas  estatales  coloniales  creö  primero  las  condiciones 
para  un  aprovechamiento  econömico  mäs  planificado;  la  teoria  colonial  francesa 
hablaba  de  «valorizacion»  (mise  en  valeur). 

La  economia  colonial  entrana,  en  general,  la  asunciön  por  extranjeros  de  la 
soberania  fiscal,  asi  como  su  control  sobre  el  comercio  exterior  y  la  moneda.  Asi 
se  posibilitö  la  autofmanciaciön  del  Estado  colonial  y  la  vinculaciön  de  la 
colonia  a  los  mercados  extranjeros.  En  las  colonias  de  dominaciön, 
especialmente,  se  convirtiö  en  base  financiera  del  sistema,  en  parte  la  tributaciön 
directa  del  suelo  y  la  tierra,  y  en  parte  un  impuesto  de  capitaciön  o  por  choza. 
Luego  se  anadieron  los  impuestos  indirectos  al  consumo,  cuya  recaudaciön  en 
Asia  a  menudo  se  alquilaba  a  particulares,  por  ejemplo  en  forma  de  monopolios 
del  opio[3].  La  importancia  de  los  ingresos  aduaneros  aumentö  al  crecer  el 
comercio  exterior.  Los  impuestos  coloniales  no  eran  necesariamente  mäs  altos 
que  los  tributos  de  la  epoca  precolonial,  pero  se  recaudaban  con  mayor 
regularidad  y  eficiencia,  independientemente  de  la  solvencia  del  contribuyente, 
que  en  la  «economia  moral»  precolonial  a  menudo  debia  encomendarse  a  la 
clemencia  en  tiempos  de  crisis.  La  tributaciön  colonial  indujo  la  expansiön  de  la 
economia  monetaria  y  de  las  relaciones  de  mercado.  Lue  una  herramienta 
efectiva  para  movilizar  la  mano  de  obra  sin  coacciön  extraeconömica:  quien 
queria  ganar  dinero  en  efectivo  para  poder  pagar  sus  impuestos,  debia  abandonar 
el  circulo  cerrado  de  la  economia  de  subsistencia[4].  Las  estructuras 
comunitarias  podian  quedar  destruidas  al  dejar  de  ser  la  aldea  u  otro  colectivo  el 
que  se  tasaba,  para  pasar  a  serlo  las  propiedades  o  ingresos  del  hogar  individual. 

El  desarrollo  del  comercio  exterior  de  las  colonias  quedaba  en  manos  de 
negociantes  extranjeros,  ya  fueran  empleados  de  la  corona,  companias  con  una 
carta  de  privilegios,  agencias  coloniales  especializadas  o  corporaciones 
multinacionales.  El  control  politico  quedaba  reservado  a  los  funcionarios 
coloniales,  o  dicho  con  mayor  precisiön,  al  Estado  imperial.  Las  formas  y  la 
intensidad  podian  variar:  a  la  primera  epoca  de  la  Era  Modema  le  siguiö, 
aproximadamente  entre  mediados  del  siglo  XIX  y  la  Gran  Depresiön  de  la 
decada  de  los  treinta,  una  epoca  de  libre  comercio,  y  luego  una  fase  de 
«managed  economy».  Cada  uno  de  esos  regimenes  comerciales  estaba  orientado 
a  favorecer  al  poder  colonial,  no  la  independencia  econömica  de  la  poblaciön 
nativa. 


Los  lazos  econömicos  mäs  estrechos  dentro  de  los  imperios  eran  los  anudados 
en  el  terreno  monetario.  Africa,  especialmente,  recibiö  a  traves  del  colonialismo, 
por  primera  vez,  un  regimen  monetario  en  el  sentido  moderno.  El  Imperio  que 
fue  mäs  lejos  en  el  establecimiento  de  una  unidad  monetaria  fue  el  frances.  Ese 
sistema  se  moströ  tan  ventajoso,  en  defmitiva,  para  las  colonias  que,  despues  de 
la  independencia,  los  paises  francöfonos  de  Africa  mantuvieron  sus  estrechas 
relaciones  monetarias  con  la  antigua  metröpoli.  La  mayoria  de  las  antiguas 
colonias  britänicas,  en  cambio,  optaron  por  la  autonomia  monetaria.  Dado  que 
desde  la  vinculaciön  de  la  rupia  india  a  la  libra  esterlina  en  1893  la  gestiön 
monetaria  en  el  Imperio  britänico  era  inusitadamente  estricta,  las  cuestiones 
monetarias  dieron  lugar  a  considerables  controversias  entre  el  poder  colonial  y 
los  criticos  nacionalistas  de  su  politica.  Durante  la  Gran  Depresiön  de  los  treinta 
se  evidenciö  con  especial  virulencia  la  interdependencia  de  las  colonias  en  las 
relaciones  monetarias  internacionales. 

Si  la  liberaciön  de  los  potenciales  de  exportaciön  era  el  principal  objetivo 
econömico  del  Estado  colonial,  siguiö  siendolo  mediante  los  proyectos  de 
infraestructura  de  la  manera  mäs  directa.  Los  sectores  exportadores  no  se  han 
desarrollado  casi  en  ningün  sitio  sin  amplias  inversiones  gubernamentales.  En  la 
India,  en  Java  y  en  partes  de  Äfrica,  existian  ya  en  visperas  de  la  Primera  Guerra 
Mundial  poderosos  sistemas  ferroviarios.  A  la  construcciön  de  las  vias  ferreas  en 
la  India  se  le  llamö  «el  proyecto  mäs  monumental  de  la  epoca  colonial» [5], 
Igualmente  impresionantes  eran  la  puesta  en  cultivo  de  la  tierra  mediante  la 
construcciön  de  canales  en  el  norte  y  oeste  de  la  India  britänica  y  las 
instalaciones  de  riego  francesas  en  Vietnam,  que  convirtieron  el  delta  del 
Mekong  en  una  de  las  äreas  de  cultivo  de  arroz  mäs  productivas  del  mundo.  El 
Estado  colonial  tambien  creö  las  condiciones  para  la  pujanza  del  sector  privado 
en  el  comercio  exterior  mediante  la  expansiön  de  las  instalaciones  portuarias.  La 
navegaciön  a  vapor  hasta  las  colonias  y  la  expansiön  de  las  redes  telegräficas  - 
en  1900  se  podia  llegar  por  telegrama  a  los  principales  centros  coloniales  desde 
Londres  o  Paris-  fueron  subvencionadas  por  los  gobiernos  nacionales. 


AGRICULTURA  CAMPESINA[6] 

En  las  sociedades  colonizadas,  la  gran  mayoria  de  la  gente  se  ganaba  la  vida  en 
la  agricultura  y  la  ganaderia  y  sus  vivencias  socioculturales  se  desarrollaban  en 
un  ambiente  vital  rural.  Esto  no  tenia  por  que  significar  que  solo  existiera  una 


economia  de  subsistencia.  En  los  centros  mäs  civilizados  de  Asia,  la  produccion 
precolonial  para  mercados  cercanos  o  lejanos  estaba  muy  desarrollada,  y 
tambien  en  el  Äfrica  escasamente  poblada  la  agricultura  habla  comenzado  a 
reaccionar  a  los  estlmulos  del  mercado.  La  conquista  colonial  se  hizo  notar  en 
dos  sentidos:  por  un  lado,  se  apoderö  por  la  fuerza  de  los  medios  de  produccion 
agricolas  y,  por  otro,  propulsö  la  comercializaciön  agricola. 

En  muchos  lugares  del  mundo  ultramarino  los  conquistadores  intentaron 
primero  hacer  que  la  poblaciön  rural  indigena  trabajara  para  ellos.  En  ningün 
sitio  se  mantuvo  durante  mucho  tiempo  una  esclavitud  completa  de  los  nativos, 
pero  casi  en  todas  partes  se  estableciö  alguna  forma  de  trabajo  forzado.  En  el 
siglo  XVI  solia  darse  en  la  America  espanola,  especialmente  en  los  primeros 
dias,  la  asignaciön  por  la  corona  de  fuerzas  de  trabajo  indigenas  a  particulares 
(encomienda),  un  sistema  cuya  brutalidad  y  grado  de  coerciön  no  tenia  nada  que 
envidiar  a  la  esclavitud.  Con  el  tiempo,  los  derechos  de  la  encomienda  cayeron 
cada  vez  mäs  bajo  el  control  del  Estado,  y  fmalmente  se  acabö  exigiendo  a  los 
indios  sobre  todo  un  tributo  en  especie  y  en  oro,  y  cada  vez  menos  servicios  de 
trabajo.  Bajo  el  sistema  del  repartimiento  (llamado  mita  en  Peru),  cada 
comunidad  indigena  debia  dedicar  regularmente  una  parte  de  su  poblaciön 
masculina  a  la  realizaciön  de  trabajos  subalternos  para  los  extranjeros.  Ese 
sistema  alcanzö  su  nivel  mäs  alto  de  opresiön  en  la  mineria  de  la  plata  en  Potosi, 
y  aunque  alli  se  mantuvo  hasta  el  final  de  la  epoca  colonial,  en  el  centro  de 
Mexico  la  mano  de  obra  india  habia  quedado  libre  del  trabajo  obligatorio  no  mäs 
tarde  de  1800[7]. 

En  todos  los  imperios  de  la  Era  Moderna  hubo  esclavitud  hasta  el  gran 
movimiento  abolicionista  del  siglo  XIX.  En  el  Viejo  Mundo,  sin  embargo,  no 
desempenö  un  gran  papel  en  ningün  lugar  para  la  produccion  agricola.  El 
colonialismo  del  siglo  XIX,  que  en  ocasiones  (como  en  Äfrica  Oriental)  derivaba 
su  justiflcaciön  de  los  procedimientos  contra  las  formas  orientales  de  esclavitud, 
no  renunciaba  por  ello  al  trabajo  forzado.  Los  excesos  brutales  en  el  Estado  libre 
del  Congo,  la  finca  agricola  privada  del  rey  Leopoldo  II  de  Belgica,  eran 
atipicos.  En  toda  Äfrica  habia  no  obstante  determinadas  formas  de  corvee, 
pagada  y  no  pagada,  y  servicios  de  transporte  obligatorios;  tambien  el  uso  de 
soldados  africanos  en  ambas  guerras  mundiales  se  sitüa  en  este  contexto.  El 
ultimo  intento,  antes  de  la  economia  de  saqueo  japonesa  durante  la  Segunda 
Guerra  Mundial,  de  implantar  en  Asia  trabajos  forzados  a  gran  escala,  fue  el 
«sistema  cultural»  neerlandes  de  los  anos  1830-1870,  con  el  que  se  estableciö  un 
sistema  parecido  al  del  repartimento  de  la  mano  de  obra  comunal,  sobre  todo 


para  la  exportaciön  estatal  del  cafe  de  Java. 

Una  experiencia  en  la  historia  colonial  reciente,  al  menos  tan  comün  como  el 
trabajo  forzado,  fue  la  perdida  de  acceso  al  suelo,  una  causa  casi  inevitable  de 
pauperizaciön  irreversible.  Era  la  norma  en  las  colonias  de  asentamiento  del  tipo 
« neoingles »,  donde  los  nativos  desplazados  eran  raramente  agricultores  a  campo 
abierto.  El  Estado  colonial,  que  en  muchos  casos  era  poco  mäs  que  un 
instrumento  de  los  colonos,  proporcionaba  una  ayuda  directa  para  la  enajenaciön 
de  grandes  porciones  de  tierra,  por  ejemplo  en  Argelia  y  Sudäfrica,  y  tambien  en 
Kenia,  Rhodesia  y  Nueva  Zelanda;  las  mejores  tierras  quedaban  siempre  en 
poder  de  los  colonos  extranjeros.  Äfrica  Occidental,  en  cambio,  se  mantuvo 
como  «pais  campesino»  protegido  por  otro  tipo  de  politica.  Los  indios 
mexicanos  perdieron  gran  parte  de  su  tierra,  paradöjicamente,  despues  de  que  les 
quitaran  la  carga  del  trabajo  forzoso.  En  el  ultimo  periodo  colonial  comenzö  un 
proceso  que  se  mantuvo  präcticamente  inalterado  hasta  principios  del  siglo  XX: 
comenzö  la  expansiön  territorial  de  grandes  haciendas  empresariales  en  la  tierra 
de  las  comunidades  aldeanas  y  pequenos  propietarios  (y  por  tanto  su 
marginaciön)  convirtiendolos  en  jornaleros,  arrendatarios,  aparceros  o 
temporcros[8].  Los  indios  mexicanos  no  perdieron  el  control  sobre  su  propio 
modo  de  vida  con  el  trabajo  forzado  de  principios  de  la  colonia,  que  a  priori 
dejaba  intacta  la  comunidad  india,  sino  con  la  apropiaciön  de  tierras  por  las 
haciendas  semicapitalistas. 

Aunque  el  Estado  colonial  en  la  India  o  en  Sudäfrica  no  exigia  la  fuerza  de 
trabajo  de  los  campesinos  ni  les  quitaba  sus  tierras,  los  introdujo  por  doquier  en 
la  fina  red  de  su  supervisiön.  Alli  donde  hasta  entonces  habian  bastado  las 
costumbres,  tradiciones  y  convenios  laxos,  ahora  se  multiplicaron  registros  de  la 
propiedad,  delimitaciones  de  los  campos,  liquidaciones  tributarias,  titulos  de 
propiedad  e  incontables  reglamentos.  Las  propias  comunidades  agricolas  o 
ganaderas  creadas  entonces  eran  en  cierto  modo  obra  del  colonialismo[9].  Como 
consecuencia  de  aquella  orientaciön  integral  hacia  la  producciön  para  el  mercado 
mundial,  iniciada  en  Asia  en  el  ultimo  tercio  del  siglo  XIX  y  en  el  Äfrica  negra 
en  la  primera  decada  del  XX,  vinculada  con  la  extensiön  e  intensificaciön  de  la 
agricultura,  se  hizo  realidad  el  principio  econömico  del  colonialismo 
desarrollado:  «la  redistribuciön  en  el  sector  agricola  de  recursos 
correspondientes  a  una  multitud  de  actividades  no  agricolas  (por  ejemplo, 
artesanales)  para  especializarlos  en  la  producciön  para  la  exportaciön» [10], 
Muchas  regiones  altamente  especializadas  en  cultivos  cash-crop  dejaban  incluso 
de  cubrir  sus  necesidades  alimenticias  con  sus  propios  productos;  aquellas 


sociedades  se  vieron  sujetas  en  muchos  sentidos  por  la  creciente  divisiön  del 
trabajo  y  la  diferenciaciön  interna  a  una  «modernizacions»  que  al  mismo  tiempo 
reafirmaba  aün  mäs  explicitamente  su  caräcter  agrario.  La  producciön  para  la 
exportacion  en  el  marco  de  la  economia  familiär  campesina  tuvo  en  Birmania  y 
Vietnam,  en  Äfrica  Occidental  y  en  las  Indias  Orientales  neerlandesas, 
repercusiones  muy  distintas  en  cada  sistema  agrario.  En  general  se  consolido  una 
estratificaciön  mäs  clara  y  estable  con  mayores  diferencias  entre  ricos  y  pobres; 
el  ämbito  de  experiencia  de  la  gente  supero  el  espacio  local;  las  estructuras  de  las 
aldeas  se  hicieron  mäs  visibles,  especialmente  porque  casi  todas  las  potencias 
coloniales  fortalecieron  o  incluso  crearon  el  puesto  de  jefe  de  aldea;  el  inquieto 
nomadismo  fue  proscrito.  Aunque  en  algunos  paises  del  Äfrica  Occidental  la 
pequena  granja  familiär,  capaz  de  ajustarse  häbilmente  a  la  situaciön  del 
mercado,  se  beneficio  del  äuge  de  las  exportaciones,  en  sistemas  jerarquizados 
de  propiedad  de  la  tierra  como  el  de  Cochinchina,  en  el  sur  de  Vietnam,  solo 
favorecia  a  una  pequena  capa  de  «absentee  landlords»  parasitarios;  la  gran 
mayoria  de  los  campesinos  cargados  de  deudas  solo  podian  ir  tirando  en  una 
penosa  existenciaJJJJ. 


PRODUCCIÖN  CAPITALISTA 

Dos  formas  operativas  extremadamente  opuestas,  la  economia  domestica 
campesina  y  la  plantacion,  fueron  (y  son)  los  soportes  mäs  eficientes  de  la 
economia  exportadora  agraria.  La  granja  familiär  gestiona  tierras  propias  o 
arrendadas  por  los  miembros  de  la  familia  y  quizä  un  pequeno  nümero  de 
trabajadores  asalariados.  La  plantacion  es  una  gran  empresa  a  menudo  situada  a 
cierta  distancia  para  cuya  puesta  en  marcha  se  necesita  una  considerable 
inversion  de  Capital  en  tierras,  maquinaria  y  plantas,  y  que  se  mantiene  en 
marcha  bajo  la  direcciön  de  unos  gestores  (extranjeros)  de  trabajadores 
asalariados  poco  cualificados.  Las  plantaciones  son  a  menudo  propiedad  de 
corporaciones  extranjeras,  que  tambien  se  hacen  cargo  del  procesamiento  y 
comercializacion  de  los  productos,  y  se  pueden  calificar  con  ciertas  reservas  de 
«capitalistas»,  aunque  eso  no  signifique  una  forma  empresarial  «mäs  racional» 
que  la  pequena  propiedad  campesina  orientada  al  mercado.  La  plantacion 
tropical  moderna  en  Äfrica  solo  desempeno  pasajeramente  un  papel  central  en 
Carnemn;  en  una  forma  mucho  mäs  desarrollada  prosperö  en  el  sudeste  asiätico 
(caucho,  azücar,  tabaco,  cafe,  copra)  y  en  Ceilän  (cafe,  te). 


Las  plantaciones  de  caucho  en  Asia,  que  debian  su  prosperidad  a  la 
generalizaciön  del  uso  del  automövil,  seguian  en  los  grandes  rasgos  de  su 
organizaciön  a  las  plantaciones  de  azücar  del  Caribe,  aquella  avanzada 
instituciön  capitalista  de  principios  de  la  Era  Moderna.  Philip  Curtin 
caracterizaba  la  plantaciön  atläntica  plenamente  desarrollada  de  los  siglos  XVII 
y  XVIII  por  seis  rasgos:  1)  trabajo  de  esclavos;  2)  insuflciencia  demogräflca 
(reclutamiento  continuo  de  nueva  mano  de  obra);  3)  organizaciön  de  gran 
empresa  de  50  a  500  trabajadores  y  una  estricta  distribuciön  del  tiempo  en  los 
procesos  de  producciön;  4)  soberania  «feudal»  de  los  duenos  de  la  plantaciön,  a 
veces  con  autoridad  sobre  vida  y  muerte;  5)  atenciön  a  una  demanda  exportadora 
ultramarina;  y  6)  control  politico  del  sistema  desde  Europa[12].  Las  plantaciones 
surgidas  desde  finales  del  siglo  XIX  muestran  tambien  todos  esos  rasgos.  Las 
condiciones  de  trabajo  en  las  plantaciones  del  este  de  Sumatra  hacia  1920  no 
diferian  fundamentalmente  de  las  de  Jamaica  o  Saint-Domingue  dos  siglos  antes. 
Los  trabajadores  no  eran  reclutados  en  el  propio  lugar,  sino  en  la  vecina  isla  de 
Java  o  incluso  en  China  (en  las  plantaciones  malayas  tambien  trabajaban 
«extranjeros»,  principalmente  indios).  No  solo  el  Capital  y  la  administraciön, 
sino  tambien  la  fuerza  de  trabajo,  debian  ser  importados.  El  duro  regimen  de 
trabajo,  cada  vez  mäs  racista,  y  la  pura  presiön  explotadora,  estaban  igualmente 
muy  pröximas  a  la  situaciön  de  la  esclavitud  legalmente  sancionada[13]. 

Las  granjas  difieren  de  las  plantaciones  en  cuatro  puntos:  los  cultivos  son 
menos  intensivos  en  mano  de  obra;  la  administraciön  no  corre  a  cargo  de 
gestores  y  agentes  contratados,  sino  de  los  propietarios,  quienes  residen  alli 
mismo  de  forma  estable;  no  se  produce  ünicamente  para  la  exportaciön,  sino 
tambien,  al  menos  en  parte,  para  el  mercado  local;  por  lo  general,  las  granjas  no 
se  instalan  como  enclaves  en  zonas  remotas  o,  como  las  plantaciones  de  caucho 
de  Sumatra,  en  zonas  fronterizas  con  la  selva,  sino  alli  donde  existe,  para  los 
agricultores  indigenas,  una  relaciön  «de  suma  cero»  de  la  competencia  por 
escasos  recursos  de  tierras.  Al  igual  que  las  plantaciones,  las  granjas  tambien 
emplean  trabajadores  asalariados  agricolas,  aunque  en  total  constituyan  una 
proporciön  mucho  menor. 

Las  granjas  fueron  en  Äfrica,  por  razones  anälogas  a  las  de  la  violencia 
senorial  aün  mäs  cruel  ejercida  sobre  los  trabajadores  dependientes  en  las 
haciendas  latinoamericanas,  la  causa  principal  de  la  enajenaciön  de  la  tierra.  Esto 
se  debia  en  parte  al  tipo  econömico  extensivo  (ganado,  maiz,  tabaco),  y  en  parte 
al  mundo  imaginado  por  los  colonizadores  europeos,  cuyo  ideal  era  un  Äfrica  sin 
africanos.  Mientras  que  la  plantaciön  se  basaba  concretamente  en  la 


combinaciön  de  alta  inversiön  de  Capital  y  explotaciön  de  trabajadores 
extranjeros  mäs  baratos,  culies  o  jornaleros,  el  tipo  puro  de  la  granja  colonial  se 
gestionaba  con  ayuda  de  trabajadores  europeos  inmigrados,  como  ocurriö  en 
Norteamerica  con  el  sistema  de  servidumbre  por  deudas  (indentured  Service).  En 
Äfrica,  en  cambio,  estaba  disponible  con  bajos  salarios  la  mayoria  de  la  mano  de 
obra  local  cualificada,  por  lo  que  el  mercado  laboral  no  dejaba  lugar  para  una 
clase  trabajadora  rural  blanca.  Por  lo  menos  en  el  este  de  Äfrica  habia  ademäs 
una  artesania  y  un  comercio  minorista  bajo  el  control  de  inmigrantes  asiäticos 
(en  su  mayoria  indios)  muy  eficientes  desde  el  punto  de  vista  econömico. 
Tambien  faltaban,  al  menos  al  sur  del  Sahara,  las  condiciones  para  sociedades  de 
colonos  estructuralmente  completas,  al  estilo  de  una  «nueva  Australia». 
Economicamente  las  granjas  de  colonos  africanos  sobrevivian  precariamente 
entre  la  competencia  interna  en  el  mercado  local,  que  por  ejemplo  en  Kenia  dio 
lugar  a  una  especie  de  burguesia  rural,  y  la  competencia  de  grandes  productores 
de  otros  continentes  en  los  mercados  internacionales.  Los  colonos  solo  podian 
compensar  su  debilidad  econömica  gracias  a  su  relaciön  privilegiada  con  el 
Estado  colonial[14].  La  granja  africana  nunca  se  convirtiö  en  un  motor  de 
crecimiento  como  las  granjas  capitalistas  en  Norteamerica  o  como  las 
plantaciones  en  el  tröpico. 

Desde  el  punto  de  vista  econömico,  Äfrica  no  ha  sido  nunca  muy  importante 
como  productora  agricola,  sino  como  continente  minero  (oro,  diamantes,  cobre, 
etc.),  comparable  a  grandes  rasgos  con  el  papel  de  Peru  y  Bolivia,  y  luego 
Mexico,  en  la  extracciön  de  plata.  En  Asia,  dejando  a  un  lado  la  extracciön  de 
petröleo,  la  mineria  para  la  exportaciön  rara  vez  ocupö  una  posiciön 
significativa:  el  estano  malayo  y  la  producciön  de  carbön  en  la  Manchuria 
colonizada  por  los  japoneses  fueron  excepciones.  La  mineria  africana  altamente 
capitalizada  indujo  en  general  en  su  entorno  inmediato  enormes  cambios 
sociales[15],  Pero  los  enclaves  de  crecimiento,  en  su  mayoria  bajo  el  control  de 
grandes  empresas  extranjeras,  solian  estar  aislados  del  medio  rural  circundante. 
Despues  de  la  Primera  Guerra  Mundial  solo  habia  rastros  de  industrializaciön  en 
el  Äfrica  Occidental  francesa.  Los  planes  de  desarrollo  colonial  tardio  tambien 
se  relacionaban  en  parte  con  el  sector  industrial.  Solo  en  Sudäfrica,  sin  embargo, 
bajo  el  inmenso  costo  social  de  un  recrudecida  dictadura  racial,  se  produjo  la 
transiciön  a  una  industrializaciön  impulsada  por  la  extracciön  de  oro.  Ese 
desarrollo  comenzö  en  la  decada  de  los  veinte  del  siglo  pasado,  es  decir,  despues 
de  la  independencia  de  facto  de  la  administraciön  publica  alcanzada  en  1910. 

Tambien  en  el  caso  de  Asia  es  cierto  que  las  potencias  coloniales  europeas  no 


impidieron  explicitamente  la  industrializaciön,  aunque  no  la  fomentaron 
apenas[16].  Solo  la  India  disponla,  en  el  momento  de  su  independencia,  de  un 
sector  industrial  desarrollable  que  incluia  cierta  industria  pesada,  gracias  a  la 
iniciativa  privada  tanto  india  como  britänica[17].  Un  caso  muy  especial  fue  el 
del  Imperio  japones.  Japon  fue  la  ünica  potencia  imperial  que  creö 
planificadamente  una  economia  industrial  colonial,  tanto  en  su  imperio  colonial 
como  en  las  äreas  de  penetraciön  informal:  carbon,  hierro  y  acero  en  Corea  y 
Manchuria,  azucar  en  Taiwan,  procesamiento  de  algodon  en  Shanghai  y  el  norte 
de  China.  Debia  complementar  la  economia  pobre  en  materias  primas  de  las  islas 
japonesas  y  contribuir  a  la  autarquia  basada  en  la  divisiön  del  trabajo  si  pretendia 
poner  en  pie  el  gran  espacio  asiätico  dominado  por  Japon.  Aunque  el 
colonialismo  japones  fue  probablemente  el  regimen  colonial  mäs  represivo  de  la 
historia  reciente,  y  aunque  los  pueblos  que  dominö  no  tienen  nada  que  agradecer 
a  sus  opresores,  su  legado  material  y  estructural  fue  una  base  importante  para  el 
posterior  desarrollo  industrial  de  Corea,  Taiwan  y  parte  de  China[l  8]. 

El  capitalismo  colonial  muestra  dos  rasgos  caracteristicos  en  todas  sus 
variantes  agrarias  e  industriales  (a  excepciön  quizä  de  la  industria  india):  por  un 
lado  surgiö  como  resultado  no  de  la  acumulaciön  de  Capital  en  el  lugar,  sino  de  la 
inversion  extranjera.  Esto  significaba  que  siempre  era  controlado  externamente 
en  algunos  aspectos  y  que  al  conflicto  entre  empresarios  y  una  fuerza  de  trabajo 
apenas  sindicalizada  se  solia  ahadir  la  confrontacion  etnica.  En  segundo  lugar, 
los  tipos  de  trabajo  que  llevaba  consigo  el  capitalismo  colonial  nunca  se  podian 
equiparar  al  «trabajo  asalariado  libre»  en  el  sentido  Occidental  moderno.  Los 
empresarios  extranjeros  se  valian  de  las  variantes  de  la  coercion  extraeconömica, 
como  la  que  solia  haber  en  las  sociedades  precoloniales;  los  salarios  todavia  se 
pagaban  parcialmente  en  especie;  y  a  pesar  del  marco  legal,  el  Capital  disponia, 
sobre  todo  en  las  colonias  de  dominaciön,  de  sus  propias  fuerzas  o  las  del  Estado 
colonial  para  disciplinar  a  los  trabajadores  con  medios  que  no  eran  aplicables  en 
el  capitalismo  metropolitano. 


[1]  Vease  A.  G.  Hopkins,  An  Economic  History  ofWest  Africa,  Londres,  1973,  p.  126. 

[2~|  Vease  el  repaso  general  de  C.  Coquery-Vidrovitch,  «Les  conditions  de  la  dependance:  Histoire  du 
sous-developpement»,  en  C.  Coquery-Vidrovitch  y  A.  Forest  (eds.),  Decolonisations  et  nouvelles 
dependances,  Lille,  1986,  pp.  25-48. 

[3]  Vease,  por  ejemplo,  C.  A.  Trocki,  Opium,  Empire  and  the  Global  Political  Economy:  A  Study  of  the 
Asian  Opium  Trade,  1750-1950,  Londres,  1999,  pp.  150-155. 

[4]  Vease  C.  Coquery-Vidrovitch  y  O.  Goerg,  L’Afrique  occidentale  au  temps  des  Franqais: 
C-olonisateurs  et  colonises,  c.  1860-1960,  Paris,  1992,  pp.  107-110. 


[5]  D.  R.  Headrick,  The  Tools  of  Empire:  Technology  and  European  Imperialism  in  the  Nineteenth 
Century,  Nueva  York,  1981,  p.  181. 

[6]  La  tipologla  de  formas  empresariales  aqul  utilizada  sigue  por  ejemplo  el  modelo  cläsico  de  A.  L. 
Stinchcombe,  «Agricultural  Enterprise  and  Rural  Class  Relations»,  en  American  Journal  of  Sociologv  67 
(1961-1962),  pp.  165-176. 

[7]  Vease  C.  Gibson,  «Indian  Societies  under  Spanish  Rule»,  en  L.  Bethell  (ed.),  The  Cambridge  History 
of  Latin  America,  vol.  2,  Cambridge,  1984,  pp.  403-405. 

[8]  H.  W.  Tobler,  Die  mexikanische  Revolution.  Gesellschaftlicher  Wandel  und  politischer  Umbruch, 
1876-1940,  Francfort,  1984,  pp.  70  y  ss. 

[9]  Sobre  el  concepto  de  «campesinizaciön»,  vease  C.  A.  Bayly,  Indian  Society  and  the  Making  of  the 
British  Empire,  Cambridge,  1988,  pp.  136-168. 

[10]  T.  B.  Bimberg  y  S.  A.  Resnick,  Colonial  Development:  An  Econometric  Study,  New  Haven,  1975,  p. 
254. 

[11]  Vease  Pham  Cao  Duong,  Vietnamese  Peasants  under  French  Domination,  Lanham  (MD),  1985,  pp. 
38-61. 

[12]  Ph.  D.  Curtin,  The  Rise  and  Fall  of  the  Plantation  Complex:  Essays  in  Atlantic  History,  Cambridge, 
21998,  pp.  11-13. 

[13]  Vease  A.  L.  Stoler,  Capitalism  and  Confrontation  in  Sumatras  Plantation  Belt,  1870-1979,  New 
Haven,  1985,  pp.  14-46  y  sobre  todo  J.  Breman,  Koelies,  planters  en  koloniale  politiek,  Dordrecht,  1987, 
caps.  3-5. 

[14]  Vease  R.  A.  Austen,  African  Economic  Histoiy:  Internal  Development  and  External  Dependency, 
Londres,  1987,  pp.  173,  175  y  ss. 

[15]  Vease  sobre  todo  C.  van  Onselen,  Studies  in  the  Social  and  Economic  History  of  the  Witwatersrand 
1886-1914,  2  vols.,  Johannesburg,  1982. 

[16]  Asi  lo  explica  D.  K.  Fieldhouse,  Colonialism  1870-1945:  An  Introduction,  Londres,  1983,  pp.  89,  95 
y  102. 

[17]  Vease  D.  Rothermund,  Indiens  wirtschaftliche  Entwicklung.  Von  der  Kolonialherrschaft  bis  zur 
Gegenwart,  Paderborn,  1985,  pp.  68-83  y  passim. 

[18]  Vease  para  Corea  D.  L.  McNamara,  The  Colonial  Origins  of  Korean  Enterprise,  1910-1945, 
Cambridge,  1990;  Shin  Gi-Wook  y  M.  Robinson  (ed.),  Colonial  Modernitv  in  Korea,  Cambridge  (MA), 
1999. 


VII.  SOCIEDADES  COLONIALES 


La  expansiön  colonial  produjo  estracturas  sociales  complejas.  Ninguna  colonia 
consistia  simplemente  en  una  yuxtaposiciön  estätica  e  inconexa  de  colonizadores 
y  colonizados.  Para  muchas  sociedades  colonizadas,  el  dominio  colonial 
significaba  una  revoluciön  social.  Pero  tampoco  los  grupos  de  colonizadores  -ya 
fueran  pequenos  circulos  militar-administrativos  o  grandes  grupos  de  colonos- 
eran  simples  copias  sus  sociedades  de  origen,  sino  comunidades  de  la  diäspora 
con  sus  propias  formas  de  sociabilidad,  enseres  mentales  y  a  menudo  tambien 
conexiones  con  otros  rincones  del  mundo[l].  Las  dinämicas  y  estracturas  mäs 
importantes  que  componian  las  sociedades  coloniales  se  encontraban  entre  las 
diferentes  partes  de  la  poblaciön. 

Mäs  allä  de  su  variedad  formal  concreta,  las  sociedades  coloniales 
desarrollaron  su  dinämica  a  partir  de  dos  condiciones  bäsicas.  Por  un  lado, 
surgian  de  la  integraciön  politica  forzada  de  grupos  cuyas  diferencias 
(culturales,  religiosas,  etnicas)  se  veian  reforzadas  y  estabilizadas  en  los 
mecanismos  del  dominio  colonial.  Unidas  por  la  conquista  y  la  dominaciön,  sus 
estracturas  sociales  estaban  estrechamente  conectadas  con  fronteras  culturales  y 
raciales,  consideradas  a  veces  insalvables.  Esas  tensiones  entre  inclusiön  y 
diferencia  estaban  marcadas,  por  otra  parte,  en  cuanto  a  su  importancia  para  las 
sociedades  coloniales,  por  un  alto  grado  de  migraciön,  cruzändose  en  su  interior 
las  fronteras  imperiales.  Esto  les  prestaba  a  menudo  un  caräcter  «plural»  que 
tenia  poco  que  ver  con  una  confrontaciön  simple  de  dos  bloques  homogeneos. 

A  diferencia  del  Estado  colonial  o  las  formas  economicas  coloniales,  las 
sociedades  coloniales  apenas  se  han  conceptualizado  teöricamente  hasta  ahora. 
Una  teoria  muy  ambiciosa  es  la  doctrina  de  la  «plural  society»  desarrollada  por 
el  funcionario  colonial  britänico  John  S.  Furnivall  basändose  sobre  todo  en  el 
ejemplo  de  Birmania.  Bajo  ese  concepto  Furnivall  entendia  «una  sociedad  en  la 
que  conviven  dos  o  mäs  elementos  u  ordenes  sociales  dentro  de  una  misma 
unidad  politica,  sin  mezclarse  uno  con  otro»[2J.  En  la  sociedad  plural  cada  uno 
de  los  elementos  mantiene  sus  propios  valores  y  metas;  carece  de  una  unidad 
superior,  por  ejemplo  religiosa;  la  sociedad  no  tiene  una  voluntad  social  comün; 
sus  elementos  solo  se  mantienen  unidos  por  el  Estado  colonial  y  por  ciertos 
intereses  econömicos  comunes;  el  mercado  es  el  ünico  lugar  de  encuentro  de 
todos  sus  componentes.  Tal  forma  de  sociedad  es  naturalmente  inestable.  Lo 


nuevo  de  la  teoria  de  Furnivall  era  que  no  negaba  el  caräcter  compulsivo  del 
Estado  colonial,  pero  al  mismo  tiempo  situaba  a  los  europeos  como  un  elemento 
social  etnico-cultural  junto  a  los  demäs,  con  lo  que  superaba  las  dicotomias 
simples:  colonizador  versus  colonizado,  imperialistas  versus  nacionalistas. 

La  notable  teoria  de  Furnivall  no  dejö  de  suscitar  criticas,  reprochändosele,  en 
parte  con  mucha  razön,  la  exclusiön  de  la  politica,  la  infravaloraciön  del  papel  de 
las  elites,  asi  como  de  las  posibilidades  de  consenso  y  del  potencial  de 
conflicto[3].  Su  fuerza  para  la  sociologia  del  colonialismo  radica  en  que  apunta  a 
los  problemas  de  cohesiön  e  integraciön,  situändolos  en  el  nücleo  de  las 
sociedades  coloniales.  Los  campos  de  la  interacciön  y  de  la  integraciön  social 
deben  detallarse  mucho  mäs,  frente  a  la  concentraciön  de  Furnivall  en  la 
economia.  Junto  a  integraciön  de  mercado  aparecen,  segün  el  contexto,  otros 
mecanismos  -politicos,  legales,  mediäticos,  simbölico-culturales-  de  integraciön 
imperial.  M.  G.  Smith,  por  ejemplo,  quien  tomö  como  objeto  de  estudio  el 
Caribe  britänico,  reforzö  la  dimensiön  cultural  de  la  teoria  a  expensas  de  la 
econömica  y  agregö  la  idea  de  una  fuerte  tendencia  hacia  el  dominio  cultural  de 
uno  de  los  grupos[4],  Tales  mecanismos  de  integraciön  llevan  siempre  ademäs, 
en  si  mismos,  el  potencial  de  ^integraciön.  Especialmente  las  relaciones  de 
mercado  podrian  -por  ejemplo,  por  la  pauperizaciön-  activar  la  dinämica 
centrifuga. 


EL  NUEVO  MUNDO 

La  historia  del  colonialismo  moderno  contiene  tipos  muy  diferentes  de 
sociedad  colonial.  America  no  era  solo  un  mundo  nuevo  para  los  europeos,  sino 
tambien  un  mundo  configurado  socialmente  de  un  modo  muy  diferente.  Las 
colonias  norteamericanas  comenzaron  como  västagos  de  Europa,  y  aunque 
etnicamente  siguieron  siendo  neoeuropeas,  desarrollaron  en  ellas  formas  de  vida 
socioculturales  que  dejaban  muy  aträs  sus  origenes.  Alexis  de  Tocqueville  lo 
dejö  muy  claro,  de  forma  insuperable,  en  su  ensayo  De  la  Democratie  en 
Amerique  (1835-1840). 

En  las  tres  äreas  culturales  de  sello  europeo  en  America  del  Sur  -Brasil,  el 
Caribe,  la  tierra  firme  hispanoamericana  hasta  Paraguay-  surgieron  sociedades 
de  un  tipo  completamente  diferente,  mucho  mäs  alejadas  del  modelo  europeo: 
sociedades  mixtas,  etnica  y  culturalmente  heterogeneas,  que  combinaban 
elementos  amerindios,  europeos  y  africanos[5].  Frente  al  norte  etnicamentre 


excluyente,  habia  aqui  un  sur  etnicamente  incluyente.  Aunque  la  principal 
contradiccion  social  en  el  sur  separaba  a  la  clase  dominante  blanca,  se  construyo 
en  la  practica,  ya  en  el  primer  siglo  despues  de  la  Conquista,  sobre  todo  en  el 
espacio  colonial  espanol,  una  jerarquia  fmamente  matizada  de  pigmentaciones, 
que  llegaba  desde  los  puros  espanoles  hasta  las  masas  amerindias[6].  Esta 
«pigmentocracia»  era  doblemente  complicada:  por  un  lado,  «raza»  y  «clase»  no 
siempre  se  correspondian  estrictamente;  habia  un  nümero  creciente  de  pobres 
blancos,  mientras  que  al  mismo  tiempo  surgiö  una  capa  intermedia,  en  si  muy 
diferenciada,  de  mestizos  y  esclavos  negros  libertos.  Por  otro,  no  era  rara  la 
proximidad  cultural  a  la  hispanidad,  tal  como  se  expresaba  en  el  lenguaje,  la 
vestimenta  y  el  comportamiento,  mäs  importante  que  el  matiz  cromätico  de  la 
piel.  A  finales  del  siglo  XV111  se  abriö  incluso  una  via  juridica  para  el 
«blanqueamiento  de  piel»  para  los  mulatos  ricos  y  educados.  La  ünica  frontera 
bäsica  invariable  a  lo  largo  de  los  siglos  es  la  que  mantuvo  la  privacion  material 
y  cultural  de  las  masas  de  amerindios. 

En  los  centros  caribenos  y  brasilenos  de  las  plantaciones  de  esclavos,  donde 
cabia  esperar  una  dicotomia  inconfundible  de  la  poblaciön  en  una  clase 
dominante  blanca  y  las  masas  de  esclavos  negros,  las  relaciones  estaban  sin 
embargo  lejos  de  ser  claras.  Dado  que  todos  los  regimenes  de  esclavitud 
preveian  desde  un  principio  la  liberaciön  de  los  esclavos,  en  todas  partes  habia 
que  tener  en  cuenta  -aunque  menos  pronunciado  en  las  colonias  muy  racistas  de 
los  franceses,  britänicos  y  neerlandeses  que  en  los  territorios  ibericos-  el  tercer 
factor  de  los  «libres  de  color»[7].  En  la  gran  revolucion  de  Saint-Domingue,  que 
comenzo  en  1791,  la  pequena  clase  de  ricos  propietarios  «de  color»  de 
plantaciones,  que  hasta  entonces  habian  sido  victimas  de  discriminaciones 
legales,  desempenaron  un  papel  dirigente[8]. 


DELIMITACIONES  ETNICO-CULTURALES  EN  EL  VIEJO 
MUNDO 

En  el  Viejo  Mundo  no  surgieron  en  ningün  lugar,  como  consecuencia  de  la 
expansiön  europea,  sociedades  de  las  que  se  pudiera  decir  que  eran,  como  las 
sociedades  esclavistas  del  Caribe,  «creaciones  novedosas  y  artificiales»£9].  En  el 
Viejo  Mundo  los  colonialismos  no  crearon  ninguna  sociedad;  solo 
reconfiguraron  las  sociedades  existentes:  a  veces  parcial  y  superficialmente 
como  en  Camboya,  a  veces  radicalmente  como  en  la  vecina  Cochinchina.  Dentro 


de  los  llmites  territoriales  de  las  colonias  de  Asia  y  Äfrica  no  surgieron 
sociedades  mixtas  de  europeos  e  indigenas  que  pudieran  ser  viables  despues  de 
la  independencia.  Tanto  los  pequenos  grupos  de  buröcratas  y  soldados  en  las 
colonias  de  dominacion,  como  las  grandes  sociedades  de  colonos  en  las  colonias 
de  asentamiento  del  tipo  «africano»,  los  extranjeros  se  mantuvieron  lejos  de  la 
poblacion  autöctona.  Eso  no  excluia,  naturalmente,  los  contactos  sexuales;  la 
explotacion  sexual  de  las  mujeres  indigenas  estaba  a  la  orden  del  dia,  y  las 
tentaciones  sensuales  en  Ultramar  podian  ser  incluso  una  atraccion  mayor  del 
afän  aventurero  colonial[10]:  pero  las  relaciones  interraciales  de  todo  tipo  se 
consideraban  cada  vez  mäs  como  ilegitimas.  Ademäs  de  una  creciente 
conciencia  moral  custodiada  por  los  vigilantes  misioneros,  la  razon  para  ello  era 
la  idea  de  que  una  proximidad  sexual  perjudicaria  el  «prestigio  racial»  de  los 
hombres  blancos  y  debilitaria  su  poder  mägico  como  casta  senorial 
incorruptible[ll].  La  poblacion  mestiza  no  alcanzaba  en  ningün  lugar  un  peso 
demogräfico  suficiente  como  para  no  ser  politicamente  insustancial.  El  estatus  y 
las  oportunidades  de  los  «eurasiäticos»  mestizos  en  el  mundo  colonial  asiätico  se 
deterioraron  desde  el  inicio  del  siglo  XIX;  en  el  Imperio  colonial  frances  su 
pertenencia  o  no  a  la  nacion  suscito  un  extenso  debate[12]. 

En  las  colonias  de  Asia  y  Äfrica  se  construyeron  sociedades  menos 
entremezcladas  y  mäs  segregadas  que  en  el  Nuevo  Mundo;  no  disponian  de 
elites  relativamente  homogeneas  ni  de  culturas  vinculantes.  El  modelo  bäsico, 
abstracto  hasta  la  trivialidad,  de  la  sociologia  colonial,  parece  mäs  bien  decir: 
dentro  del  Estado  colonial  las  relaciones  de  dominio  sostenidas  confrontan  a  la 
sociedad  mayoritaria,  en  principio  «tradicional»,  de  los  indigenas,  con  la 
sociedad  minoritaria  de  los  colonizadores  y  colonos,  que  no  es  mäs  que  una 
cabeza  de  puente  socio-cultural  de  la  metropoli  sin  una  autentica  identidad 
«criolla»,  como  distintas  figuras  sociales  destinadas  a  permanecer  asi,  una  sobre 
otra.  Entre  ambas  se  crean  espacios  interiores  en  los  que  se  ofrecen  nuevos  roles 
sociales  intermedios:  el  del  misionero  (que  en  la  metropoli  existe  como  mucho 
en  la  forma  figurada  de  la  «misiön  interior»),  el  del  interprete  en  el  sentido  mäs 
amplio,  los  numerosos  papeles  de  intermediarios  comerciales  y  «colaboradores» 
politicos,  etcetera. 

Pero  esas  äreas  de  interaccion  se  caracterizan  tambien  por  la  distancia  social  y 
etnica.  Esto  explica  por  que  la  descolonizaciön  de  las  colonias  de  dominacion 
solia  requerir  poca  desconcentracion  social.  Los  colonialistas  europeos, 
estadounidenses  y  japoneses  hicieron  sus  maletas  y  desaparecieron;  solo  dejaron 
tras  de  si  cäscaras  arquitectönicas  y  paisajes  en  los  que  se  podia  leer,  o  bien  las 


consecuencias  de  la  devastaciön  ecologica,  o  algunos  exitos  anteriores  de 
conservaci6n[13].  Los  colonos  defendian  tozudamente  sus  posiciones  sobre 
posesiones  inmöviles  como  administradores.  Pero  si  la  emancipaciön  de  las 
colonias  de  asentamiento  se  produjo  de  forma  mäs  violenta  que  la  de  las  colonias 
de  dominacion,  no  se  debiö  ünicamente  a  esa  resistencia  mäs  feroz.  La  sociedad 
colonial  y  la  sociedad  nativa  estaban,  en  casos  como  el  de  Argelia,  mäs 
estrechamente  engranadas.  Su  separaciön  fue  un  proceso  literalmente  mäs 
doloroso. 

La  distancia  social  dentro  de  la  relacion  colonial  era  una  magnitud 
histöricamente  variable.  Otro  criterio  de  dicha  distancia,  junto  al  de  las 
relaciones  sexuales,  es  el  grado  de  «contra-aculturaciön»,  la  adaptaciön  del 
colonizador  a  los  colonizados:  asi  se  produjo  una  «africanizaciön»  parcial  de  los 
böers  del  Gran  Trek,  o  en  las  zonas  rurales  remotas  de  America  una 
«indianizacion»  de  los  espanoles,  que  ya  en  la  segunda  generaciön  perdian  el 
espanol  como  lengua  materna,  o  la  interpenetraciön  de  vocabularios  europeos  y 
palabras  indi genas [14]  o  simplemente  a  la  aparicion  de  lenguas  criollas  y  pidgin, 
o  la  adopciön  de  costumbres  «bärbaras»  como  la  de  mascar  areca  por  las  finas 
damas  neerlandesas  y  semineerlandesas  de  Batavia.  Tal  «contraaculturaciön» 
solo  afectaba,  no  obstante,  en  unos  pocos  casos  excepcionales,  al  nücleo  de  la 
identidad  cultural:  los  europeos  casi  nunca  abandonaban  por  las  buenas  sus 
convicciones  cristianas. 

Es  caracteristico  de  la  historia  social  y  cultural  del  colonialismo  moderno, 
sobre  todo  en  Asia,  que  la  distancia  entre  ambas  sociedades  enganchadas  en  la 
relacion  colonial  aumento  desde  finales  del  siglo  XVIII.  Mientras  que  la  escala 
de  estatus  en  Iberoamerica  fue  mejorando  a  ojos  vista  y  con  ello  se  acentuaron  a 
menudo  los  criterios  raciales  con  nueva  insistencia,  la  dualizaciön  del  paisaje 
social  colonial  empeorö  en  Asia  y  Äfrica.  Solo  en  el  Asia  portuguesa  se  llego  en 
las  decadas  de  1760  y  1770,  gracias  a  la  politica  ilustrada  de  la  corona,  a  una 
mejora  significativa,  sobre  todo  de  la  situaciön  del  clero  indigena[15].  El 
aislamiento  de  la  comunidad  europea  frente  al  entorno  indigena  tuvo  muchas 
causas,  que  influyeron  en  diversas  combinaciones  especiales:  1)  Si  bien  Portugal 
y  los  Paises  Bajos  patrocinaron  oficialmente  al  principio  los  matrimonios  de 
europeos  con  mujeres  asiäticas,  algo  que  las  demäs  potencias  coloniales 
toleraban  täcitamente,  la  inmigraciön  de  mujeres  europeas  habia  intensificado  la 
autarquia  sexual  de  las  sociedades  de  colonos.  2)  La  transiciön  del  comercio  al 
dominio  y  en  parte  a  la  produccion  directa  con  mano  de  obra  dependiente 
convirtio  la  «era  de  la  asociacion»[16]  en  una  era  de  sumisiön.  3)  La  resistencia 


violenta  de  los  indlgenas  reforzo  la  necesidad  de  seguridad  de  las  minorlas 
blancas  y  su  tendencia  al  enclaustramiento:  asl  sucediö  con  la  masacre  de 
colonos  en  Virginia  en  1622  o  el  levantamiento  indio  de  1857-1858.  4)  La 
opiniön  derivada  del  eurocentrismo  cristiano  de  los  primeros  encuentros,  sobre 
la  superioridad  civilizatoria  general  de  Europa  hacia  aparecer  cada  vez  mäs 
como  «inaceptables»  las  relaciones  estrechas  y  equitativas  con  los  no  europeos  y 
una  deferencia  cultural  frente  a  ellos.  5)  Tras  la  abolicion  paulatina  de  la  trata  de 
esclavos  y  del  esclavismo  sobrevivio  no  obstante  el  pensamiento  racista  en 
formas  legitimadoras  menos  cradas,  pero  mäs  «cientificas».  Sin  embargo,  el 
racismo  solo  se  puede  utilizar  con  precauciön  como  variable  explicativa 
independiente;  a  menudo  se  trata  de  una  ideologia  justificativa  anadida  a  la 
segregaciön  präctica[17]. 

La  distanciacion  etnico-social  era  un  fenömeno  del  comportamiento  social,  no 
siempre  amparado  por  la  aplicaciön  de  leyes  discriminatorias.  Un  buen  ejemplo 
es  Batavia,  la  ciudad  mäs  poblada  y  esplendida  gobernada  por  europeos  en  Asia 
hasta  mediados  del  siglo  XVIII.  Alli  se  formo  en  la  primera  mitad  del  siglo  XVII 
una  sociedad  mixta  basada  en  la  esclavitud  domestica  y  la  expansiön  de  redes  de 
familias  y  patronazgo  «criollo»  con  una  tolerancia  relativamente  alta  a  las 
relaciones  familiäres  interraciales,  una  sociedad  que  mostraba  muchas 
similitudes  con  la  de  Mexico  y  mäs  aün  con  la  colonizaciön  portuguesa  en  Asia 
y  que  en  las  formas  de  vida  de  sus  clases  altas  apenas  se  distinguia  del  entorno 
javanes  mäs  que  de  las  vigentes  entonces  en  los  Paises  Bajos.  Con  el  interregno 
britänico  de  los  anos  1811-1816  comenzö  no  obstante  una  clara  demarcaciön 
entre  las  esferas  europea  y  asiätica.  Los  neerlandeses  bätavos  estaban 
escandalosamente  «infectados»  a  ojos  de  los  britänicos,  por  lo  que  se  les 
prescribio  una  especie  de  descontaminacion  cultural.  Los  blancos  de  la  ciudad  y 
sus  parientes  mestizos  debian  desarrollar  a  partir  de  entonces  una  identidad 
como  europeos  civilizados  y  debian  ponerla  de  relieve  en  su  comportamiento  en 
püblico  ante  los  javaneses[18], 

En  la  India,  los  britänicos  se  habian  mantenido  siempre  mäs  alejados  de  la 
poblaciön  nativa  que  los  neerlandeses  en  Indonesia.  Alli  se  reforzo  el 
aislamiento,  visible  como  la  perdida  paulatina  de  estatus  de  los  angloindios 
euroasiäticos  desde  la  decada  de  1780,  aunque  hacia  1830  algunos  influyentes 
politicos  indios  todavia  sonaban  con  una  India  racialmente  mixta  segün  el 
modelo  de  Mexico[19].  El  centro  de  la  vida  social  de  los  britänicos  en  la  India  y 
las  demäs  colonias  asiäticas  durante  la  epoca  victoriana  solia  ser  el  club.  Alli 
permanecian,  servidos  por  personal  local,  como  Caballeros  bien  avenidos:  en 


Kuala  Lumpur  habla  antes  de  1940  un  punado  de  no  europeos;  en  Singapur  no  se 
admitia  ni  a  uno  solo;  los  grandes  clubes  de  Calcuta  permanecieron  cerrados  a 
los  indios  hasta  1946[20].  Ese  tipo  de  «barreras  de  color»  era  especialmente 
penoso,  ya  que  excluia  precisamente  a  los  indios  socialmente  reconocidos  - 
incluso  a  los  miembros  de  la  administraciön  publica-  que  se  habian  esforzado 
mäs  por  su  anglizaciön  y  que  seguian  siendo  fieles  al  dominio  britänico[21]. 

El  periodo  colonial  en  la  mayoria  de  las  regiones  de  Africa  comenzö  en  un 
momento  en  el  que  el  pensamiento  y  la  practica  exclusivista  se  hallaban  en  su 
apogeo.  Por  lo  general  no  habia  antecedentes  de  cercania  intercultural  que 
pudiera  haber  acabado  cerrando  la  brecha.  Los  europeos  se  sentian  con  plena 
conciencia  como  amos  extranjeros,  separados  por  un  abismo  de  las  culturas 
africanas,  e  incluso  del  islam  no  tan  «primitivo»,  al  que  sin  embargo  se  tenia 
como  histöricamente  superado.  Las  barreras  raciales  se  situaban  no  obstante  a 
diferentes  niveles,  el  mäs  bajo  en  Africa  Occidental,  el  mäs  alto  en  las  colonias 
de  asentamiento  del  alto  norte  y  del  sur  profundo.  Un  proceso  de  gran 
importancia  sintomätica  fue  el  rechazo  de  los  africanos  occidentales  educados,  a 
los  que  habian  rozado  las  primeras  misiones,  y  que  en  visperas  de  la  toma  del 
poder  colonial  ponian  sus  esperanzas  en  una  modernizaciön  y  «civilizaciön»  de 
Africa  como  proyecto  comün  euroafricano[22].  Ahora  se  encontraban  entre  la 
espada  y  la  pared,  despreciados  como  «negros  blancos»  por  el  racismo 
imperialista. 


CIUDADES  COLONIALES  Y  «SOCIEDADES  PLURALES» 

La  distancia  etnica  y  social  que  caracteriza  al  nücleo  sociolögico  del 
colonialismo  en  los  siglos  XIX  y  XX  se  constata  en  las  ciudades  coloniales 
mejor  que  en  cualquier  otro  ämbito[23].  Como  espacios  centrales  de  interaccion 
y  de  conflicto,  tenian  un  significado  especial  para  los  intentos  de  planificacion  e 
intervenciön  en  las  sociedades  coloniales.  Las  ciudades  coloniales  tenian  sus 
puntos  notables  indefectibles:  la  catedral,  edificios  del  gobierno  y  consulados,  la 
aduana,  la  estacion,  los  cuarteles,  en  el  Imperio  britänico  el  hipodromo  y,  en 
ocasiones,  tambien  el  campo  de  golf.  Su  pauta  espacial  consistia  en  una 
segregaciön,  a  veces  natural  y  a  veces  politicamente  inducida,  de  las  äreas 
residenciales  segün  criterios  raciales.  En  Calcuta,  un  centro  britänico 
präcticamente  creado  por  la  Compama  Britänica  de  las  Indias  Orientales, 
crecieron  desde  el  siglo  XVIII,  una  junto  a  otra,  una  «ciudad  blanca»  y  una 


«ciudad  negra»,  sin  apenas  planificacion.  En  la  antigua  Capital  mogul  de  Delhi 
los  britänicos  se  establecieron  al  principio  dentro  de  los  muros  de  la  ciudad, 
creando  luego,  desde  1870,  distritos  residenciales  separados.  En  Kingston 
(Jamaica),  la  retirada  de  los  blancos  de  las  äreas  residenciales  mixtas  se  produjo 
casi  en  la  misma  epoca.  Desde  la  decada  de  1880  se  propago  tambien 
intensamente  en  el  Africa  francesa  la  separaciön  espacial  entre  blancos  y  negros. 
Era  especialmente  sencilla  en  las  ciudades  de  nueva  creacion  construidas 
sistemäticamente:  Dakar,  Nairobi,  Singapur  o  los  fastuosos  nuevos  centros 
residenciales  como  Rabat  y  Nueva  Delhi.  Los  distritos  europeos  eran  amplios, 
construidos  con  un  estilo  arquitectonico  de  villas  o  bungalös;  cuando  era  posible 
se  situaban  en  lugares  altos  y  estaban  dotados  de  sistemas  avanzados  de 
alcantarillado,  por  lo  que  eran  mäs  saludables  que  los  estrechos  y  a  menudo  mäs 
profundos  distritos  indigenas,  localizados  en  las  proximidades  de  un  rio  o  un 
lago.  A  veces,  como  en  Bombay,  la  iniciativa  privada  socialreformista  de 
medicos  o  ingenieros  llevaba  sin  embargo  a  una  mejora  considerable  de  las 
condiciones  sanitarias  que  se  extendia  tambien  a  los  barrios  indigenas.  En 
Marruecos  la  combinacion  de  experimentos  arquitectönicos  y  urbanisticos  muy 
ambiciosos  en  los  nuevos  distritos  con  una  politica  de  conservaciön  sistemätica 
de  las  viejas  ciudades  «indigenas»  se  convirtio  en  simbolo  de  la  ideologia  del 
Protectorado.  La  geografia  economica  estaba  a  menudo  marcada  por  la 
oposiciön  entre  bazar  y  kontor. 

Seria  sin  embargo  un  gran  error  interpretar  las  ciudades  coloniales 
exclusivamente  como  «ciudades  duales» [24].  La  tendencia  a  mantener  espacios 
de  vida  segregados  no  impedia  en  absoluto  la  interacciön  y  el  intercambio  social 
diario.  Una  sutil  planificaciön  urbana  como  en  Delhi  desde  su  proclamaciön 
como  Capital  de  la  India  en  1912  contenia  tambien  jerarquias  fmamente 
graduadas  de  derechos  y  necesidades[25],  En  general  la  ciudad  colonial  deberia 
caracterizarse  como  «plural»,  como  un  espacio  vital  para  mäs  de  dos  grupos 
etnicos[26],  No  solo  urbes  tan  legendarias  como  Shanghai  o  Casablanca  eran 
crisoles  e  infiernos  cosmopolitas.  Ya  en  la  antigua  Batavia  habia  junto  a  los 
neerlandeses  e  indonesios  (entre  ellos  muy  diferenciados),  miles  de  chinos  y 
hasta  cientos  de  ärabes  asentados.  Y  en  la  ciudad  futurista  de  Singapur  se 
introdujeron  en  1823  aquellas  «concentraciones  etnicas»  que  todavia  se  dejan 
notar  en  el  paisaje  urbano  actual.  Se  preveian  entonces  zonas  propias  para 
chinos,  indios,  bugis,  ärabes  (con  su  mezquita)  y  europeos  en  el  espacio  urbano 
comün.  Era  habitual  que  los  europeos  mäs  prösperos  se  retiraran  ya  en  1 840  de 
las  orillas  densamente  pobladas  y  edificaran  sus  villas  en  medio  de  parques 


interiores[27]. 

El  caräcter  «plural»,  multietnico,  de  muchas  colonias,  era  particularmente 
evidente  en  sus  centros  urbanos,  pero  no  se  limitaba  a  eilos.  Tenia  dos  causas:  en 
primer  lugar,  la  convivencia  por  primera  vez  en  la  historia  de  pequenos  grupos 
socio-etnicos  en  un  Estado  territorialmente  definido,  y  tambien  los  movimientos 
migratorios,  que  aunque  no  siempre  se  debieran  al  colonialismo,  se  habian  visto 
intensificados  por  el.  Una  mirada  retrospectiva  a  la  historia  de  la  colonizaciön  y 
la  creaciön  de  colonias  en  la  Era  Moderna  puede  revelar  incluso  su  efecto  de 
movilizaciön  de  masas  como  su  herencia  mäs  profunda.  Esto  no  se  refiere 
ünicamente  a  America  y  Oceania,  sino  tambien  a  Asia  y  Äfrica.  Si  bien  cabe 
constatar  la  emigraciön  de  chinos  a  todas  las  regiones  del  sudeste  de  Asia  desde 
la  dinastia  Tang  (siglos  Vll-X),  fue  solo  como  consecuencia  de  las  nuevas 
oportunidades  econömicas  abiertas  por  la  economia  colonial  del  siglo  XIX  como 
se  convirtiö  en  un  fenömeno  de  masas.  Los  indios  se  trasladaron  por  cientos  de 
miles  a  Birmania,  Malasia,  Äfrica  Oriental  y  del  Sur  e  incluso  a  algunas  de  las 
islas  Antillas[28].  En  el  Oriente  Pröximo  la  regiön  de  emigraciön  por  excelencia 
era  el  Libano,  desde  el  que  se  trasladaron  y  crearon  enclaves  importantes,  por 
ejemplo,  en  Äfrica  Occidental.  En  el  interior  de  Äfrica  eran  mäs  raras  la 
emigraciön  en  masa  y  la  formaciön  de  diäsporas  etnicas;  los  trabajadores 
emigrantes,  en  su  mayoria  varones  jövenes,  abandonaban  sus  aldeas  con  la 
esperanza  de  regresar  a  ellas.  Pero  incluso  en  este  caso,  el  nivel  de  la  movilidad 
aumentö  desde  principios  del  siglo  XX  de  modo  significativo,  dando  lugar  a  una 
polarizaciön  entre  regiones  pobres  como  Mozambique  o  Niasalandia/Malaui,  y 
el  imän  del  empleo  en  las  minas  y  en  la  economia  orientada  hacia  la  exportaciön 
en  los  paises  vecinos. 

En  muchas  colonias  fueron  minorias  inmigradas  no  occidentales  las  que  se 
hicieron  cargo  del  comercio  con  el  exterior.  Los  «descubridores»  europeos  de 
Asia  ya  se  habian  percatado  de  la  diversidad  etnica  de  los  grupos  de 
comerciantes  en  ciudades  portuarias  como  Calicut  o  Malaca.  Con  el 
colonialismo  moderno  se  convirtieron  en  «nichos  etnicos»  que  albergaban 
nuevas  oportunidades  empresariales;  por  ejemplo,  fueron  chinos  los  que  se 
hiceron  cargo  de  la  industria  del  estano  de  Malasia  y  de  la  producciön  china  de 
textiles  de  batik  en  Java;  la  minoria  parsi,  mäs  religiosa  que  etnica,  ocupö  un 
lugar  preeminente  en  el  desarrollo  de  la  industria  textil  del  algodön  en  la  India. 

En  general  no  hubo  ünicamente  un  exodo  de  los  europeos  alejändose  de  los 
vecindarios  nativos;  los  gobiernos  coloniales  daban  tambien  gran  importancia  a 
la  separaciön  de  los  grupos  de  poblaciön  no  blanca.  Esto  tenia  que  ver  en  parte 


con  tecnicas  de  dominaciön  mediante  el  equilibrio,  y  en  parte  con  la  proyecciön 
de  recientes  criterios  occidentales  de  etnicidad  en  las  sociedades,  cuyo  estudio 
era  ahora  tarea  de  etnologos  y  antropologos.  Lo  que  distingula  a  la  ciencia  sobre 
la  base  de  criterios  lingüisticos  y  socio-cientificos,  tambien  debia  servir  para 
propösitos  präcticos.  Ya  el  « indirect  rule»  britänico  en  la  forma  teörica  que  le 
dio  en  torno  al  cambio  de  siglo  sir  Frederick  Lugard,  y  la  «politique  des  races» 
segregacionista  de  algunos  de  sus  contemporäneos  franceses,  tenian  un  fondo 
etnicista  parecido[29]. 

Los  grapos  de  europeos  que  vivian  en  las  colonias  eran  tambien  a  menudo  mäs 
diversos  de  lo  que  sugiere  la  retörica  de  una  clara  «frontera  racial».  Entre  los 
representantes  de  cada  metröpoli  solian  convivir  numerosos  «extranjeros» 
europeos.  Grandes  comunidades  de  colonos  provenian  a  veces  de  reservas 
demogräficas  distintas  a  la  propia  potencia  colonial;  esto  era  especialmente 
evidente  en  el  caso  de  Palestina/Israel.  En  Argelia,  a  finales  del  siglo  XIX,  solo 
se  podia  asegurar  una  mayoria  estable  de  ciudadanos  franceses  entre  los  colonos 
mediante  medidas  estatales  de  naturalizaciön.  Las  diferenciaciones  -y 
conflictos-  intraeuropeos  se  superponian  alli  tendencialmente  con  las  enormes 
diferencias  sociales  entre  las  clases  inferiores  urbanas  y  rurales  de  «petits 
blancs»  y  la  gran  riqueza  de  los  terratenientes.  La  comunidad  de  colonos 
mostraba  una  clara  jerarquia  etnico-social  encabezada  por  «franceses  raciales»  y 
formada  en  sus  capas  mäs  bajas  por  colonos  malteses  y  judios  con  nacionalidad 
argelina. 

La  dinämica  contradictoria  de  las  sociedades  plurales  en  Asia  y  Äfrica  solo  se 
suavizo  en  parte  tras  la  emigraciön  de  los  colonizadores  a  raiz  de  la 
descolonizacion,  manteniendose  a  pesar  de  ella  en  diversos  aspectos,  tal  como  se 
ha  manifestado  en  muchos  choques  etno-religiosos  del  presente,  incluso  despues 
del  final  del  dominio  colonial  y  de  una  fase  de  transicion  postemancipatoria. 


[1]  Vease,  por  ejemplo,  A.  L.  Stoler,  «Rethinking  Colonial  Categories:  European  Communities  and  the 
Boundaries  of  Rule»,  en  Comparative  Studies  in  Society  and  History  31  (1989),  pp.  134-161,  y  un  estudio 
sobre  una  familia  escocesa  activa  a  escala  global:  E.  Rothschild,  The  Inner  Life  of  Empires:  An 
Eighteenthcentury  History,  Princeton,  2011. 

[2]  J.  S.  Fumivall,  Netherlands  India:  A  Study  of  a  Plural  Economy,  Cambridge,  1944,  p.  446,  y  tambien 
Colonial  Policy  and Practice,  op.  cit.,  pp.  303-312. 

[3]  Vease  D.  L.  Horowitz,  Ethnie  Groups  in  Conflict,  Berkeley,  2000,  pp.  135-139. 

[4]  Vease  M.  G.  Smith,  The  Plural  Society  in  the  British  West  Indies,  Berkeley,  1965. 

[5]  Comparaciön  entre  Norteamerica  y  Sudamerica:  M.  Mömer,  «Labor  Systems  and  Patterns  of  Social 
Stratification  in  Colonial  America:  North  and  South»,  en  W.  Reinhard  y  P.  Waldmann  (eds.),  Nord  und  Süd 


in  Amerika,  vol.  1,  Friburgo,  1992,  pp.  347-362. 

[6]  Alexander  von  Humboldt  observo  hacia  800  ese  sistema  de  «castas»,  describiendolo  en  su  gran 
sociologla  de  Mexico:  Studienausgabe,  ed.  por  H.  Beck,  vol.  4,  Darmstadt,  1991,  pp.  162-200;  estudios 
particulares  en  A.  B.  Fisher  y  M.  D.  O’Hara  (eds.),  Imperial  Subjects:  Race  and  Identity  in  Colonial  Latin 
America,  Durham  (NC),  2009. 

[7]  Comparacion  entre  las  distintas  colonias  en  H.  S.  Klein  y  B.  Vinson,  African  Slavery  in  Latin  America 
and  the  Caribbean,  Nueva  York,  2007,  pp.  193-225. 

[8]  L.  Dubois,  Avengers  of  the  New  World:  The  Stoiy  of  the  Haitian  Revolution,  Cambridge  (MA),  2004. 

[9]  F.  W.  Rnight,  The  Caribbean:  The  Genesis  of  a  Fragmented  Nationalism,  Nueva  York,  1990,  p.  179. 

[10]  Vease  R.  Hyam,  Empire  and  Sexuality:  The  British  Experience,  Manchester,  1990. 

[11]  Vease  K.  Ballhatchet,  Race,  Sex  and  Class  under  the  Raj:  Imperial  Attitudes  and  Policies  and  Their 
Critics,  1793-1905,  Londres,  1980,  pp.  144  y  passim. 

[12]  Dazu  E.  Saada,  Les  enfants  de  la  colonie:  les  metis  de  VEmpire  franqais  entre  sujetion  et 
citoyennete,  Paris,  2007. 

[13]  Vease  W.  Beinart  y  L.  Hughes,  Environment  and  Empire,  Oxford,  2007;  R.  A.  Butlin,  Geographies 
of  Empire:  European  Empires  and  Colonies  c.  1880-1960,  Cambridge,  2009,  pp.  396-451. 

[14]  Un  asombroso  documento  al  respecto  es  H.  Yule  y  A.  C.  Bumell  (ed.),  Hobson-Jobson:  A  Glossary 
of  Colloquial  Anglo-Indian  Words  and  Phrases ...,  Calcuta,  1886(muchas  reediciones). 

[15]  Vease  C.  R.  Boxer,  The  Portuguese  Seaborne  Empire  1415-1825,  Londres,  1969,  pp.  256-258. 

[16]  Vease  B.  B.  Kling  y  M.  N.  Pearson  (ed.),  The  Age  of  Partnership:  Europeans  in  Asia  before 
Dominion,  Honululu,  1979. 

[17]  Vease  Fisch,  Geschichte  Südafrikas,  op.  cit.,  pp.  288-290. 

[18]  Vease  J.  Gelman  Taylor,  The  Social  World  of  Batavia:  European  and  Eurasian  in  Dutch  Asia, 
Madison  (WI),  1983,  pp.  96  y  ss.,  especialmente  102  y  113. 

[19]  Vease  E.  Abel,  The  Anglo-Indian  Community:  Survival  in  India,  Delhi,  1988,  pp.  15  y  ss.;  P.  J. 
Marshall,  «British  Immigration  into  India  in  the  Nineteenth  Century»  en  P.  C.  Emmer  y  M.  Mömer  (eds.), 
European  Expansion  and  Migration,  Nueva  York,  1992,  p.  192. 

[20]  Vease  J.  G.  Butcher,  The  British  in  Malava  1880-1941:  The  Social  Historv  of  a  European 
Community  in  Colonial  South  East  Asia,  Kuala  Lumpur,  1979,  pp.  80-83;  R.  K.  Ray,  Social  Conflict  and 
Political  Unrest  in  Bengal  1875-1927,  Delhi,  1984,  p.  22. 

[21]  Vease  las  Declaraciones  de  Historia  Oral  en  Z.  Masani,  Indian  Tales  of  the  Raj,  Berkeley,  1987,  pp. 
51-70. 

[22]  Vease  A.  Adu  Boahen,  African  Perspectives  on  Colonialism,  Baltimore,  1987,  pp.  17-26;  I.  Geiss, 
Panafrikanismus.  Zur  Geschichte  der  Dekolonisation,  Fräncfort,  1968,  pp.  83  y  ss. 

[23]  Vease  el  detallado  J.  Osterhammel,  Die  Verwandlung  der  Welt.  Eine  Geschichte  des  19. 
Jahrhunderts,  Munich,  2010,  pp.  412-424  [ed.  cast.:  La  transformaciön  del  mundo.  Una  historia  global  del 
sigloXIX,  Barcelona,  Critica,  2015], 

[24]  J.  Abu-Lughod,  «A  Tale  of  Two  Cities:  The  Origins  of  Modem  Cairo»  en  Comparative  Studies  in 
Society  and  Historv  1  (1965),  p.  429. 

[25]  Vease  A.  D.  King,  Colonial  Urban  Development:  Culture,  Social  Power  and  Environment,  Londres, 
1976,  pp.  231-275. 

[26]  D.  Prochaska,  Making  Algeria  French:  Colonialism  in  Böne,  1870-1920,  Cambridge,  1990,  p.  18. 

[27]  Vease  Teo  Siew-eng  y  V.  B.  Savage,  «Singapore  Landscape:  A  Historical  Overviw  of  Housing 
Image»  en  Emest  C.  T.  Chew  y  E.  Lee  (eds.),  A  Historv  of  Singapore,  Singapur,  1991,  pp.  314-317  (cita  en 
P-  317). 

[28]  Repaso  general  en  A.  McKeown,  «Global  Migration,  1 846- 1 940»,  en  Journal  of  World  Historv  1 5 
(2004),  pp.  155-189. 

[29]  Vease  G.  Leclerc,  Anthropologie  und  Kolonialismus,  Francfort,  1976,  pp.  67-81. 


VIII.  COLONIALISMO  Y  CULTURA INDIGENA 


El  escritor  antillano  V.  S.  Naipaul,  fallecido  en  agosto  de  2018,  explicaba  en 
East  Indian:  «El  sujeto  colonial,  en  cualquier  sociedad,  es  el  producto  de  una 
revoluciön,  y  esa  revoluciön  tiene  lugar  en  la  conciencia»[l].  Tal  revoluciön  se 
iniciö  como  consecuencia  del  contacto  con  la  civilizaciön  Occidental  expansiva, 
un  contacto  que  raramente  llevö  al  colapso  completo  de  cosmologias  y  modos  de 
vida  precoloniales,  sino  mäs  bien  a  su  «desestructuraciön»  en  fragmentos[2]  o  al 
menos  a  cuestionar  las  evidencias  culturales.  La  revoluciön  individual  y 
colectiva  de  la  conciencia  consistia  en  la  percepciön  de  esta  vibraciön  y  en  el 
intento  de  ajustarse  a  ella.  La  mayoria  de  las  reacciones  fueron  de  algün  modo 
creativas.  La  civilizaciön  Occidental  nunca  se  ha  impuesto  plenamente  sin 
quebranto. 

La  epoca  colonial  es  una  etapa  importante  en  el  proceso  global  de 
occidentalizaciön.  Ese  proceso  comenzö  en  muchos  lugares,  por  supuesto,  antes 
de  la  colonizaciön  (algo  evidente,  por  ejemplo,  en  Egipto);  tambien  afectö  a 
sociedades  como  la  japonesa  y  la  turca,  que  nunca  cayeron  bajo  el  dominio 
extranjero;  y  continuö  despues  de  la  independencia.  Es  bastante  evidente  que  la 
difusiön  mundial  de  los  medios  de  comunicaciön  y  las  ofertas  de  consumo 
occidentales  durante  las  ültimas  decadas  han  cambiado  mäs  las  civilizaciones  no 
europeas  que  siglos  de  impronta  colonial. 

El  causante  de  tal  situaciön  fue  inicialmente  el  Estado  colonial,  que  intervino, 
con  muy  distinta  intensidad,  en  las  culturas  indigenas.  Se  trataba  principalmente 
de  una  cuestiön  de  intenciön  y  estrategia  de  la  colonizaciön.  Los  extremos 
podian  estar  bastante  pröximos  entre  si [3] :  en  Filipinas  -como  por  supuesto 
tambien  en  America-,  los  espanoles  practicaron  desde  el  siglo  XVI  una  vigorosa 
politica  de  occidentalizaciön,  mientras  que  en  Indonesia,  durante  los  siglos  XVII 
y  XVIII,  los  neerlandeses  se  dedicaron  con  mayor  entusiasmo  a  sus  negocios,  sin 
interferir  apenas  en  su  entorno  cultural.  El  espanol  se  convirtiö  tambien  en  la 
lengua  habitual  en  las  colonias,  mientras  que  el  neerlandes  no  lo  fue,  al  menos 
hasta  el  siglo  XIX. 

La  variable  distintiva  mäs  importante  fue  el  papel  de  la  misiön  cristiana.  En  el 
ärea  iberica  la  Iglesia  catölica  era  desde  un  principio  parte  integral  del  proyecto 
de  expansiön.  En  el  Nuevo  Mundo  sirviö  al  Estado  como  poderoso  instrumento 
de  penetraciön  cultural.  En  el  archipielago  de  Filipinas  el  poder  de  las  ördenes 


monästicas  sobrepasaba  al  de  los  funcionarios  seculares  del  Estado.  Fue  la  ünica 
regiön  de  Asia  convertida  en  objetivo  de  una  invasiön  cristiana  puesta 
concienzudamente  en  marcha[4].  La  misiön  catölica  se  extendiö  al  mundo  entero 
tras  la  Contrarreforma  del  siglo  XVI  manteniendose  hasta  mediados  del  XIX, 
aunque  sus  avances  fueran  vacilantes.  En  America  perdio  pronto  su  impulso 
vehemente  y  con  frecuencia  degenero  en  una  opresiva  tirania  sacerdotal;  en 
Japön  fracaso  en  su  intento  de  vertebrar  una  oposiciön  politica,  y  en  China  y 
Africa  sus  logros  fueron  minimos. 

En  toda  el  ärea  de  colonizacion  de  las  primeras  potencias  protestantes  se 
renuncio  al  intento  de  cristianizacion  y  «civilizaciön»  de  los  nativos.  Las 
energias  pastorales  se  centraron  en  la  fe  de  los  colonos,  y  no  solo  en  el  Imperio 
neerlandes;  la  Compania  Britänica  de  las  Indias  Orientales  puso  mucho  cuidado 
en  sus  dominios  hasta  1813  en  no  inmiscuirse  en  asuntos  religiosos,  y  los 
puritanos  de  Nueva  Inglaterra  consideraban  a  los  amerindios  como  «hijos  de 
Satanäs»,  sin  plantearse  siquiera  la  posibilidad  de  suponerlos  dignos  de  una  labor 
misionera.  El  origen  de  la  nueva  mision  protestante  se  sitüa  pues  en  el 
movimiento  de  reactivaciön  evangelica  de  finales  del  siglo  XVIIi  y  principios 
del  XIX,  estrechamente  relacionado  con  el  movimiento  antiesclavista[5]. 

Las  misiones  de  los  siglos  XIX  y  XX  no  pueden  ser  consideradas  en  general  un 
instrumento  del  colonialismo[6].  En  el  caso  frances  lo  fueron  como  mucho  hasta 
(y  a  veces  a  pesar  de)  el  laicismo  de  la  Tercera  Repüblica,  aunque  los  misioneros 
fueran  transportados  en  buques  de  guerra  o  aunque  sus  peticiones  de  ayuda 
ofrecieran,  por  el  contrario,  una  ocasiön  muy  oportuna  para  la  intervencion 
armada.  Tambien  sucediö  a  veces  (en  los  mares  del  Sur)  que  astutos  gobernantes 
nativos  se  valieran  de  los  misioneros  como  aliados  en  su  propia  lucha  por  el 
poder  local.  En  general,  los  misioneros  de  todas  las  denominaciones  y 
nacionalidades  apoyaron  la  anexiön  colonial,  aprobaban  por  principio  el  sistema 
colonial  y  compartian  la  arrogancia  cultural  de  sus  compatriotas  seglares,  que 
podia  llegar  hasta  la  agresion  rabiosa  contra  formas  de  vida  no  occidentales. 
Pero  tambien  hubo  siempre  representantes  de  una  «izquierda»  misionera  que  se 
oponian  a  los  excesos  de  la  arbitrariedad  colonialista;  despues  de  la  Primera 
Guerra  Mundial  reconocieron,  antes  que  otros,  la  tendencia  a  la  emancipacion, 
que  trataron  de  tener  en  cuenta  mediante  la  indigenizacion  del  clero. 

Las  misiones  protestantes  estaban  organizadas  en  una  multiplicidad  de 
sociedades,  que  diferian  entre  si  en  sus  objetivos  y  metodos  y  que  solian 
proceder  de  paises  no  coloniales;  tambien  operaban  fuera  de  constelaciones 
regularmente  coloniales,  por  ejemplo  las  misiones  estadounidenses  en  China. 


La  «Dialektik  des  Kolonialismus»  [«Dialectica  del  colonialismo»]  expuesta 
por  Wolfgang  Reinhard,  esto  es,  la  independencia  con  respecto  a  efectos 
secundarios  y  reacciones  no  intencionadas[7J,  se  puede  constatar  con  especial 
claridad  en  las  misiones,  puesto  que  su  eficacia  se  muestra  en  ultimo  termino  no 
solo,  y  quizä  ni  siquiera  principalmente,  en  su  exito  en  las  conversiones,  sino  en 
su  actividad  educativa  y  benefica  y  en  la  transmisiön  de  los  valores  culturales 
seculares  occidentales,  subproductos  mäs  bien  de  la  intencion  primaria  de  la 
cristianizaciön.  A  la  vista  de  esas  imprecisiones,  no  parece  lo  mäs  recomendable 
insistir  en  las  diferencias  segün  los  agentes  -aqui  el  Estado  colonial,  alli  la 
mision-  sino  en  las  diferencias  entre  los  campos  de  contacto  y  conflicto  entre 
culturas.  Los  mäs  importantes  eran  la  religion  y  la  educaciön. 


RELIGION 

El  regimen  colonial  y  los  misioneros  procedian  con  distinto  afän  contra  los 
cultos  y  convicciones  autoctonos,  mientras  que  estos  se  resistian  a  su  vez  en 
distinto  grado.  Del  choque  resultaban,  a  grandes  rasgos,  cuatro  posibles 
resultados.  Era  präcticamente  imposible  que  lo  importado  y  lo  autenticamente 
propio,  «modernidad»  y  «tradicion»,  se  superpusieran  sin  mäs  o  se  sumaran 
mecänicamente.  Siempre  surgia  de  algün  modo  algo  nuevo. 

1)  Supresiön  de  cultos  locales  e  imposiciön  de  una  religion  ünica  (cristiana) 
amparada  estatalmente.  El  caso  cläsico  es  el  de  Mexico.  Alli  se  desbarato  la 
espina  dorsal  organizativa  en  el  terreno  religioso  mediante  la  destruccion  de 
templos  y  la  persecuciön  de  la  «idolatria»  azteca  y  de  sus  sacerdotes.  El  pais 
quedo  cubierto  por  una  densa  organizacion  eclesial,  sobre  todo  en  el  interior, 
donde  los  indios  cayeron  bajo  el  «mäs  terrible  despotismo»  de  los  monjes[8], 
Junto  a  la  religion  cristiana  monoteista  se  importo  todo  el  bagaje  cultural  de  la 
Europa  moderna:  un  concepto  individualista  de  la  persona,  el  ideal  de  la  familia 
nuclear,  una  concepcion  «civilizada»  del  cuerpo  y  la  sexualidad,  una  concepcion 
lineal  del  tiempo,  la  textualizacion  de  los  recuerdos,  etc.  La  religion  amerindia  se 
sostenia  en  cambio  en  präcticas,  imägenes  y  simbolos  fragmentarios  en  los  que 
el  cristianismo  se  «infiltro»,  llevändolos  a  formas  mixtas  «sincreticas».  Los 
indigenas  tambien  respondieron  a  los  elementos  no  religiosos  de  la  imaginaciön 
europea  con  adaptaciones  e  interpretaciones  enormemente  creativas£9].  Algo 
parecido  sucediö  en  Filipinas,  dändose  un  toma  y  daca  de  prestaciones  y 


asimilaciones  culturales. 


2)  Autocristianizaciön  y  transiciön  a  iglesias  locales.  Asi  se  podria  describir  a 
grandes  rasgos,  cargando  las  tintas,  la  evoluciön  experimentada  en  el  ärea  de 
influencia  protestante  de  Äfrica.  Tambien  aqul  desempenö  un  papel  importante 
el  sincretismo,  aunque  fuera  diferente  que  en  America.  Los  primeros  impulsos 
misioneros  europeos  desde  1860  en  adelante,  aproximadamente,  con  un  respaldo 
estatal  menos  rigido  que  en  Hispanoamerica,  fueron  retomados  en  una  segunda 
fase  por  los  propios  africanos.  Los  misioneros  construyeron  las  organizaciones 
eclesiales;  la  predicaciön  y  la  conversiön  corrieron  luego  a  cargo  de  ayudantes 
en  su  mayoria  indigenas.  En  una  tercera  fase  se  crearon  iglesias  africanas.  El 
mensaje  cristiano  precedio  asi  a  sus  portadores  europeos,  y  se  convirtio  en  una 
inspiraciön  importante  para  la  descolonizaciön. 

3)  Estlmulo  para  movimientos  de  oposiciön  no  cristianos.  En  una  amplia 
variedad  de  casos,  la  confrontaciön  de  visiones  del  mundo  no  llevö  a  una 
cristianizaciön  adaptada  al  medio  local,  sino  por  el  contrario  a  la  acogida  -a 
menudo  inconsciente-  de  elementos  occidentales-cristianos  en  mundos 
representativos  religiosos  que  en  el  fondo  seguian  sin  ser  cristianos.  Ante  una 
crisis  de  orientaciön  cultural,  las  religiones  locales  eran  reformuladas,  a  menudo 
para  fortalecer  su  resiliencia.  Cuando  esto  sucedia  recurriendo  a  la  magia,  como 
en  la  Rebelion  Maji  Maji  en  Äfrica  Oriental  (1905-1907)  o  entre  los  «böxers» 
chinos  antimisioneros  (1898-1900),  podia  tener  consecuencias  fatales:  las  balas 
de  canon  europeas  no  se  dejaban  «licuar»  mägicamente  con  facilidad.  Mayor 
exito  prometian  movimientos  de  reforma  socio-religiosos  que  pretendian 
revitalizar,  renovar  o  reinterpretar  las  reservas  espirituales  tradicionales  y  que  en 
general  no  iban  mäs  allä  de  la  critica  de  las  desviaciones  de  los  häbitos 
religiosos.  Paradöjicamente,  esa  büsqueda  de  «autenticidad»  a  veces  reflejaba 
una  obsesiön  del  orientalismo  Occidental,  como  el  de  los  primeros  estudios 
religiosos  del  siglo  XIX,  por  «sustancias»  culturales  autenticas  en  realidad 
inexistentes  en  la  mezcolanza  religiosa  habitual  en  Asia.  Por  eso,  el  concepto  y 
circunstancias  del  «hinduismo»  como  «religiön  mundial»  claramente 
identificable  y  doctrinalmente  descriptible  son  ajenos  a  la  India  precolonial:  el 
«hinduismo»  no  es  sino  «una  orquidea  cultivada  con  esmero  por  la  ciencia  euro- 
pea»[10].  Al  desarrollarse  en  el  interior  del  neohinduismo  de  la  India  corrientes 
sobre  esa  base,  dieron  lugar  a  una  ruptura  con  el  pasado  mäs  decisiva  de  lo  que 
preveian  sus  programas.  En  tales  tradiciones  religiosas  y  nacional-culturales 


«inventadas»  arbitrariamente  o  no,  se  basan  muchas  variantes  de  un 
«tradicionalismo  solidario»  anticolonialista[ll].  Sin  embargo,  no  debe  pasarse 
por  alto  que  el  conflicto  con  Occidente  no  solo  condujo  a  una  reafirmaciön  del 
particularismo  propio  o  incluso  a  un  fundamentalismo,  sino  que  tambien 
estimulö  corrientes  universalistas  del  pensamiento  en  todas  las  civilizaciones 
asiäticas,  que  inspiraron  una  sintesis  religiosa  y  filosofica  de  Oriente  y 
Occidente.  Por  ultimo,  se  han  dado  casos  de  sincretismo  carentes  de  tradiciön, 
como  la  secta  vietnamita  fundada  en  1926  de  Cao  Dai,  que  entremezclaba  el 
confucianismo,  el  budismo,  el  taoismo,  el  espiritismo,  la  masoneria  y  algunas 
otras  ideas,  en  una  organizaciön  eclesial  cuasi-catölica;  en  politica  se 
comportaba  de  manera  oportunista. 

4)  Autoafirmaciön  o  simple  refuerzo  del  ordert  existente.  El  islam  diferia  de 
todas  las  demäs  religiones  con  las  que  los  misioneros  y  colonizadores  entraron 
en  contacto,  ya  que,  en  primer  lugar,  se  trata  de  una  religiön  con  su  propia 
practica  misionera  y  expansiva;  en  segundo  lugar  tenia  una  historia  mucho  mäs 
intensa  de  contactos  con  la  Cristiandad;  y  en  tercer  lugar,  desde  siempre  habia 
permanecido  präcticamente  inmune  frente  a  los  esfuerzos  de  cristianizaciön.  La 
actitud  al  respecto  de  las  potencias  coloniales  era  contradictoria:  por  un  lado, 
mantenian  la  tradiciön  vigente  desde  las  cruzadas  del  antiislamismo  cristiano, 
pero  por  otro  las  elites  musulmanas,  especialmente  en  el  centro  de  Äfrica,  la 
India  y  Malasia,  resultaban  ser  socios  especialmente  valiosos  en  la  indirect  rule: 
tenian  sus  sociedades  jerärquicamente  ordenadas  bajo  un  control  previsible. 
Donde  no,  como  en  Argelia,  por  violento  que  fuera  el  ataque  del  Estado  colonial 
contra  la  religiön,  la  ley  y  la  educaciön  de  los  musulmanes,  las  formas  de  vida 
islämicas  conservaban  en  gran  medida  su  integridad.  En  Malasia,  por  ejemplo,  la 
mayoria  de  la  poblaciön  reaccionö  contra  la  presiön  cultural  y  las  tentaciones 
(para  algunos)  del  estilo  de  vida  Occidental,  mediante  la  consolidaciön,  apenas 
visible  desde  el  exterior,  de  su  identidad  como  comunidad  islämica  y  la 
expansiön  de  instituciones  islämicas  subburocräticas.  La  consecuencia  del 
colonialismo  no  fue  alli  la  perdida  de  la  cultura  nativa,  sino  su 
reforzamiento[  1 2] .  Tambien  el  islam  fue  cambiando  de  forma  natural;  ninguna 
otra  religiön  se  ha  ocupado  desde  el  siglo  XIX  tan  obsesivamente  y  con 
resultados  tan  divergentes  (en  la  escala  entre  liberalismo  y  fundamentalismo)  de 
su  relaciön  con  Occidente.  Sobre  todo  en  el  mundo  colonizado  surgieron  desde 
finales  del  siglo  XIX  movimientos  de  reforma  que  acogieron  e  hicieron  suyos  los 
avances  tecnicos  y  cientificos  occidentales,  aunque  a  menudo  vinculändolos  con 


un  retorno  a  las  primeras  «fuentes»  de  su  fe. 


EDUCACIÖN 

Los  transmisores  de  los  valores  culturales  occidentales  eran  principalmente  las 
escuelas,  ya  fueran  gestionadas  por  misioneros  o  por  el  Estado,  y  a  veces 
tambien  en  manos  privadas  no  misioneras.  Francia  preferia  -al  menos  en  teoria- 
una  educaciön  publica,  mientras  que  Gran  Bretana,  Belgica  y  Alemania  la 
confiaban  a  los  misioneros,  que  en  cualquier  caso  subvencionaban.  Dado  que  la 
educaciön  no  era  en  general  un  campo  privilegiado  de  la  alta  politica  colonial, 
habia  un  sin  fin  de  variantes  locales.  Lo  que  se  podia  entender  en  particular  por 
una  «escuela»  colonial  variaba  entre  una  asamblea  del  poblado,  al  que  un 
interprete  local  trataba  de  alfabetizar,  y  escuelas  secundarias  que  seguian  el 
modelo  de  la  reforma  educativa,  en  algunas  de  las  principales  ciudades.  En 
general  estaba  relativamente  mäs  desarrollado  (como  en  la  Europa  de  principios 
de  la  Modernidad),  el  sistema  de  la  ensenanza  secundaria.  Los  principales 
beneficiarios  de  sus  instalaciones  eran  los  hijos  de  las  capas  medias  urbanas 
locales,  que  debian  formarse  como  cuadros  para  los  rangos  inferiores  de  la 
administraciön  y  como  empleados  de  las  empresas  europeas.  Los  costes  de 
matricula  dictaban  las  oportunidades  de  entrada.  La  extendida  disposiciön  de  la 
exigencia  de  un  titulo  de  ensenanza  metropolitano  para  el  acceso  a  los  puestos 
mäs  altos  del  servicio  colonial  tenia  el  mismo  efecto  que  una  barrera  racial,  pero 
una  estancia  en  una  escuela  o  universidad  en  Francia  o  Inglaterra  solo  estaba  al 
alcance,  evidentemente,  de  pequenas  fracciones  de  las  clases  altas.  Jawaharlal 
Nehru,  el  primer  jefe  de  gobierno  de  la  India  independiente,  era  hijo  de  un  rico 
abogado  indio  y  se  habia  formado  en  una  elegante  escuela  privada  inglesa  y  en  la 
Universidad  de  Cambridge[13], 

El  mundo  colonial  carecia,  en  casi  todas  partes,  de  una  educaciön  primaria 
amplia;  los  britänicos,  en  particular,  no  le  concedian  gran  importancia  hasta  los 
Ultimos  tiempos  de  la  epoca  colonial.  Aun  con  las  mejores  intenciones,  la 
estrechez  fmanciera  impedia  la  puesta  en  practica  de  programas  educativos 
masivos.  En  el  Äfrica  Occidental  francesa,  una  regiön  con  un  nivel  educativo 
superior  a  la  media,  la  tasa  de  matriculaciön  en  la  decada  de  los  treinta  del 
pasado  siglo  era  inferior  al  4  por  100.  Solo  se  fundaron  universidades  en  los 
Imperios  espahol,  britänico  y  frances,  y  en  Indonesia  escuelas  especiales  de 
ingenieria,  derecho  y  medicina  en  la  decada  de  los  veinte.  Los  pocos  que  tenian 


la  oportunidad  de  acudir  a  las  universidades  de  Paris  u  Oxford,  Leiden  o  Lisboa, 
aunque  en  Europa  eran  en  general  bien  recibidos,  al  volver  a  la  patria  colonial  se 
encontraban  de  nuevo  en  el  estatus  inferior  de  los  «nativos». 

Un  asunto  polemico  era  el  de  la  lengua  vehicular  de  la  ensenanza:  £  debia 
usarse  la  lengua  «culta»  de  los  colonizadores  o  alguno  de  los  idiomas  nativos? 
En  las  colonias  francesas,  la  ensenanza  en  frances  podia  facilitar  la 
comunicacion  con  los  nativos  y  era  casi  inevitable  para  su  uso  en  la 
administraciön  publica,  pero  les  abriria  el  acceso  a  ideas  subversivas  y  les 
sugeriria  ideas  peligrosas  sobre  su  equiparaciön  con  los  colonizadores.  Algo 
parecido  se  podria  decir  de  Indonesia  alli  donde  debia  subrayarse 
simbölicamente  el  orden  racista  de  las  castas  prohibiendo  a  los  nativos  el  uso  del 
neerlandes,  aunque  se  les  ensenara  en  las  escuelas  secundarias.  Los  colonos 
pretendian  mantener  a  un  nivel  minimo  la  educacion  de  los  nativos  limitändola  a 
los  idiomas  locales,  lo  que  solia  resolverse  simplemente  por  el  hecho  de  que  solo 
los  misioneros  aprendian  «lenguas  nativas»  para  poder  ensenar  o  capacitar  a  los 
maestros.  Las  formas  de  ensenanza  precoloniales,  tales  como  las  escuelas 
coränicas,  eran  a  veces  reprimidas  (Argelia),  y  a  veces  permitidas  präcticamente 
sin  molestias  (Malasia).  Dondequiera  que  se  propagara  una  educacion  para  la 
poblacion  nativa,  solo  se  pensaba  en  conocimientos  agricolas  präcticos, 
conocimiento  biblico  y  tecnicas  elementales  de  civilizaciön  europea.  La  idea 
bäsica  era  que  el  horizonte  del  nino  rural  se  debia  limitar  a  la  aldea  y  que  debia 
seguir  siendo  asi. 

Tras  el  problema  de  la  lengua  estaba  la  cuestion  del  valor  educativo  de  las 
tradiciones  nativas.  Lrancia  insistia  al  principio  en  la  primacia  del  frances  en  una 
especie  de  chauvinismo  cultural  bajo  la  consigna  de  la  «asimilacion»,  al  menos 
en  teoria,  pero  mäs  tarde  planteö  repetidamente  diversas  formas  mixtas.  Los 
liceos  de  Hanoi  y  Saigon,  donde  estudiaban  junto  a  los  franceses  una  minoria  de 
vietnamitas,  permitian  incluso  que  el  latin  y  el  griego  fueran  reemplazados  por  el 
chino  cläsico.  A  principios  del  siglo  XIX  tuvo  lugar  en  la  India  un  gran  debate 
entre  los  amigos  romänticos  de  la  cultura  local  -los  «orientalistas»-,  y  el  grupo 
de  los  «anglicistas»  influidos  por  el  utilitarismo  antirromäntico.  El  hecho  de  que 
en  la  educacion  superior  y  como  medio  de  comunicacion  publica  se  impusiera  el 
ingles  expresaba  sin  duda  la  hegemonia  cultural  europea,  pero  no  era  solo  el 
resultado  de  un  Diktat  colonialista:  entre  los  indios  reinaba  una  creciente 
necesidad  de  participacion  en  la  formaciön  cultural  europea,  y  no  solo  como 
requisito  previo  para  una  carrera  en  la  funciön  publica.  Hacia  finales  del  siglo 
XIX  esa  fuerte  demanda  contribuyo  a  fomentar  una  prospera  ensenanza  privada 


en  las  grandes  ciudades. 

En  Filipinas  los  conquistadores  estadounidenses  respondieron  al  poderoso  afän 
de  formacion  superior  con  ambiciosos  programas  educativos.  Pese  a  la  habitual 
precauciön  distanciada  de  los  amos  coloniales,  se  esperaba  vincular  con  Estados 
Unidos  no  solo  a  la  elite,  sino  tambien  a  la  gran  mayoria  de  la  poblaciön  nativa 
mediante  la  asimilaciön  cultural.  Ninguna  otra  potencia  colonial  asumiö  tan 
energicamente  la  educaciön  populär  como  Estados  Unidos.  En  1939  podia  hablar 
ingles  una  cuarta  parte  de  la  poblaciön  filipina,  mientras  que  en  Indonesia,  donde 
desde  los  primeros  anos  del  siglo  XX  se  habian  realizado  esfuerzos  educativos 
no  despreciables,  la  tasa  de  lectores  en  neerlandes  en  1930  solo  alcanzaba  el  0,32 
por  100  de  la  poblaciön  total[14].  En  Äfrica  se  constatan  ejemplos  tempranos  de 
afän  formativo,  por  ejemplo  en  el  pueblo  fanti  en  la  Costa  de  Oro  [Ghana],  que 
ya  antes  de  la  ocupaciön  colonial  habia  desarrollado  planes  para  un  sistema  de 
educaciön  publica  de  estilo  occidental[15],  El  saber  europeo  y  las  instancias  de 
su  difusiön  ejercian  tambien  cierta  atracciön  sobre  pequenos  grupos  fuera  de 
Europa  -por  ejemplo  en  el  cerrado  Japön-,  que  no  se  explican  directamente  por 
una  relaciön  de  dominaciön.  En  el  ultimo  periodo  colonial  se  moströ  asi  el 
desajuste  entre  las  expectativas  educativas  y  los  limitados  medios,  tanto 
cuantitativos  como  cualitativos,  para  su  satisfacciön,  como  una  razön  adicional 
de  descontento  con  el  sistema  colonial. 

El  colonialismo  desarrollado  trajo  consigo  sin  excepciön  en  el  terreno  de  la 
formacion  un  desprecio  por  las  culturas  indigenas,  por  las  que  los  misioneros  y 
otros  maestros  mostraban  generalmente  poco  interes.  El  famoso  reproche  de  que 
a  los  jövenes  argelinos  y  vietnamitas  se  les  hacia  aprender  lecciones  sin  sentido 
sobre  «nuestros  antepasados  los  galos»,  debe  valorarse  sin  embargo  en  su 
ambivalencia.  Se  puede  entender  como  acusaciön  contra  un  intolerante 
imperialismo  cultural,  pero  tambien  -y  asi  era  originalmente  concebido-  como 
una  pretensiön  de  no  exigir  demasiado  de  la  limitada  capacidad  de  interpretaciön 
de  las  «razas  inferiores».  La  batalla  por  su  propia  historia,  su  representaciön 
literaria  y  su  ensenanza  en  el  aula  solo  se  pudo  emprender  en  general,  en  Asia  y 
Äfrica,  despues  de  la  independencia,  sometida  a  la  tensiön  entre  la  resistencia 
contra  la  arrogancia  de  los  portavoces  culturales  del  colonialismo  y  la 
construcciön  de  mitos  histöricos  nacionales  con  intenciön  en  parte  terapeutica  y 
en  parte  manipuladora.  El  intento  de  dar  a  las  naciones  emergentes  un  nücleo 
identitario  histörico  no  puede  evitar  nunca  del  todo  los  tintes  de  artificialidad, 
como  muestra  abundantemente  la  historia  de  las  naciones  europeas  durante  el 
siglo  XIX. 


El  problema  de  la  Iengua  era  tambien  para  la  mayoria  de  la  gente  algo  mäs 
pröximo  y  pollticamente  mäs  explosivo  que  la  atribuciön  de  sentido  histörico.  La 
polltica  de  la  Iengua  era  utilizada  deliberadamente  como  confmnaciön  de  la 
identidad.  Era  tanto  mäs  importante  cuanto  mäs  fragmentado  en  el  sentido 
regional  y  social  fuera  el  paisaje  lingüistico  circundante  (algunos  idiomas 
asiäticos  estaban  «feudalmente»  jerarquizados).  Con  el  apoyo  de  la  potencia 
colonial  americana  se  introdujo  ya  en  1939  en  Filipinas,  un  archipielago  etnica  y 
lingüisticamente  muy  complejo,  el  tagalo  regional  como  idioma  nacional[16]: 
una  anticipaciön  de  la  polltica  que  se  iba  a  seguir  en  algunos  otros  paises 
despues  de  la  independencia.  Bajo  la  administraciön  francesa,  mucho  menos 
generosa,  se  emprendiö  en  Vietnam,  alrededor  de  1920,  el  proyecto  politico- 
cultural  de  normalizar  y  modernizar  la  Iengua  coloquial  empleada  por  mäs  de 
cuatro  quintas  partes  de  la  poblaciön,  proyecto  en  el  que  coincidian  nacionalistas 
y  «colaboradores»  y  que  allanaba  el  camino  para  alcanzar  el  el  consenso  de  la 
Naciön[17].  Alli  donde,  como  en  la  India  y  en  muchas  partes  de  Äfrica,  no  habia 
ninguna  Iengua  que  fuera  entendida  por  la  mayoria  de  la  poblaciön,  hasta  los 
activistas  nacionalistas  se  aferraron  al  idioma  de  los  gobernantes  coloniales.  El 
uso  universal  del  ingles  fue  la  base  para  la  coordinaciön  de  la  lucha  por  la 
independencia  india  en  todo  el  subcontinente.  Permitia  «que  dos  indios  se 
entendieran  en  una  Iengua  que  ninguno  de  los  dos  aborrece»[18], 

La  cultura  colonial  y  tambien  la  poscolonial  sufrian  la  tensiön  entre  la 
reafirmaciön  de  lo  propio  y  la  seducciön  de  lo  extranjero.  Aunque  el 
colonialismo  hubiera  querido  destruir  las  antiguas  tradiciones  o  las  hubiera 
desplazado  del  equilibrio,  restablecieron  su  oferta  cultural  al  cabo  de  dos  o  tres 
generaciones.  Mientras  que  en  el  Nuevo  Mundo  apenas  quedaba  espacio  para  la 
expresiön  literaria  en  idiomas  indigenas  junto  al  espanol,  el  portugues,  el  ingles 
y  el  frances,  en  Asia  y  luego  en  Äfrica  se  produjo  un  doble  proceso  de 
apropiaciön  de  la  Iengua  importada  y  de  resignificaciön  de  las  posibilidades  de 
expresiön  heredadas  de  la  tradiciön,  a  veces  encarnadas  en  la  misma  persona. 
Asi,  el  gran  poeta  bengali  Rabindranath  Tagore,  que  recibiö  el  Premio  Nobel  de 
Literatura  en  1913,  tradujo  muchas  de  sus  obras  al  ingles;  su  famosa  novela  The 
Home  and  the  World  (1910)  se  publicö  bajo  ese  titulo  seis  anos  antes  que  la 
versiön  original  en  bengali.  El  escritor  mäs  conocido  en  Kenia,  Ngugi  wa 
Thiong’o  (nacido  en  1938),  escribe  sus  obras  en  ingles,  asi  como  en  kikuyu  y 
suahili.  Otros  autores,  especialmente  los  indios  y  africanos,  se  han  decidido 
claramente  por  el  ingles  o  el  frances  y  han  creado  literatura  mundial  en  esos 
idiomas.  Salman  Rushdie  no  ve  ningün  sentido  en  el  debate  poscolonial  sobre 


los  pros  y  contras  del  uso  del  ingles  en  la  India:  «Lo  que  sucede,  en  mi  opiniön, 
es  que  la  gente  que  fue  colonizada  en  otro  tiempo  en  la  lengua  [inglesa],  hoy  dla 
le  dan  nueva  forma,  la  adaptan  a  sus  propösitos  y  la  tratan  cada  vez  con  mäs 
calma  [...].  A  los  ninos  de  la  India  independiente  el  ingles  no  les  parece 
irrecuperablemente  contaminado  por  su  procedencia;  lo  utilizan  como  una 
lengua  india,  como  un  instrumento  de  trabajo  que  denen  a  su  disposicion»[19]. 


[1]  V.  S.  Naipaul,  The  Overcrowded  Barracoon  and  Other  Articles,  Londres,  1972,  p.  37. 

[2]  N.  Wachtel,  The  Vision  of  the  Vanquished:  The  Spanish  Conquest  ofPeru  through  Indian  Eyes,  1530- 
1570,  Hassocs,  Sussex,  1977,  p.  85. 

[3]  Vease  D.  Lombard,  Le  carrefour  javanais:  Essai  d’histoire  globale,  vol.  1,  Paris,  1990,  pp.  79-81. 

[4]  Vease  J.  L.  Phelan,  The  Hispanization  of  the  Philippines:  Spanish  Aims  and  Filipino  Responses, 
1565-1700,  Madison  (WI),  1967. 

[5]  Vease  A.  Porter,  Religion  versus  Empire?  British  Protestant  Missionaries  and  Overseas  Expansion, 
1700-1914,  Manchester,  2004,  pp.  139-163. 

[6]  Vease  N.  Etherington  (ed.),  Missions  and  Empire,  Oxford,  2005. 

[7]  W.  Reinhard,  Geschichte  der  europäischen  Expansion,  op.  cit.,  vol.  4,  pp.  204  y  ss. 

[8]  A.  v.  Humboldt,  Lateinamerika  am  Vorabend  der  Unabhängigkeitsrevolution.  Eine  Anthologie  von 
Impressionen  und  Urteilen,  ed.  por  M.  Faak,  Berlin,  1982,  p.  143. 

[9]  Dazu  S.  Gruzinski,  La  colonisation  de  l’imaginaire:  societes  indigenes  et  occidentalisation  dans  le 
Mexique  espagnol,  XVI-XVIIT  siecles,  Paris,  1988. 

[10]  H.  v.  Stientencron,  en  H.  Küng  y  H.  v.  Stientencron,  Christentum  und  Weltreligionen:  Hinduismus, 
Gütersloh,  1991,  p.  26.  Sobre  la  fluidez  de  las  formas  religiosas  en  la  India  vease  S.  Bayly,  Saints, 
Goddesses  and  Kings:  Muslims  and  Christians  in  South  Indian  Society,  1700-1900,  Cambridge,  1990. 

[11]  Vease  D.  Rothermund,  «Nationalismus  und  sozialer  Wandel  in  der  Dritten  Welt:  Zwölf  Thesen»,  en 
O.  Dann  (ed.),  Nationalismus  und  sozialer  Wandel,  Hamburgo,  1978,  pp.  193-195. 

[12]  Vease,  por  ejemplo,  J.  M.  Gullick,  Malay  Society  in  the  Late  Nineteenth  Century:  The  Beginnings  oj 
Change,  Singapur,  1987,  p.  296. 

[13]  Las  paradojas  de  la  educacion  colonial  se  muestran  en  L.  Zastoupil,  «Englische  Erziehung  und 
indische  Modernität»,  en  Geschichte  und  Gesellschaft  28  (2002),  pp.  5-32. 

[14]  M.  C.  Ricklefs,  A  Historv  of  Modern  Indonesia  since  c.  1200,  Basingstoke,  2008,  p.  193. 

[15]  Vease  C.  Adiek,  Die  Universalisierung  der  modernen  Schule.  Eine  theoretische  Problemskizze  zur 
Erklärung  der  Verbreitung  der  modernen  Schule  in  den  letzten  200  Jahren  mit  Fallstudien  aus  Westafrika, 
Paderborn,  1992,  pp.  181  y  ss. 

[16]  Vease  R.  Wendt,  «Sprachenvielfalt  und  Nationalsprache  auf  den  Philippinen  während  Kolonialzeit 
und  Unabhängigkeit»,  en  D.  Hellmann-Rajanay agam  y  D.  Rothermund  (ed.),  Nationalstaat  und 
Sprachkonflikte  in  Süd-  und  Südostasien,  Stuttgart,  1992,  p.  201. 

[17]  Vease  D.  G.  Marr,  Vietnamese  Tradition  on  Trial,  1920-1945,  Berkeley,  1981,  pp.  137  y  ss. 

[18]  S.  Rushdie,  «“Commonwealth  Literature”  Does  not  Exist»,  en  S.  Rushdie,  Imaginary  Homelands: 
Essays  and  Criticism  1981-1991,  Londres,  1992,  p.  65. 

[19]  Ibid.,  p.  64. 


IX.  PEN S AMIENTO  COLONIALISTA  Y  CULTURA  COLONIAL 


A  diferencia  de  otros  «ismos»,  el  colonialismo  es  dificil  de  entender  como  idea 
y  programa.  Desde  el  gran  debate  americano  de  la  escolästica  tardla  espanola, 
todos  los  colonialismos  han  producido  diversas  visiones  imperiales  y  doctrinas 
justificativas.  Sin  embargo,  rara  vez  han  sido  reconocidas  como  argumentos 
convincentes;  su  eficacia  en  la  practica  era  limitada  y  muy  dependiente  del 
contextoJJJ.  Conceptos  bien  conocidos  como  el  «indirect  rule»  britänico  y  la 
« assimilation »  francesa  nunca  llegaron  a  cumplir  las  esperanzas  de  sus 
creadores;  se  mantuvieron  como  utopias  de  un  colonialismo  bien  ordenado.  Mas 
sensato  que  buscar  «teorias»  contemporäneas  seria  apuntar  mäs  lejos  y 
preguntarse  por  los  tipos  de  mentalidad  relacionados  con  la  situacion  colonial. 
La  investigaciön  mäs  reciente  habla  con  gusto  de  un  «discurso  colonial»  y  de 
una  «cultura  colonial»  que  rastrea  en  una  amplia  gama  de  fuentes. 


ELEMENTOS  BÄSICOS  DEL  PEN S AMIENTO  COLONIALISTA 

Solo  corriendo  el  riesgo  de  una  extrema  simplificaciön  se  pueden  superar 
espacios,  tiempos  y  actitudes  culturales  nacionales  para  llegar  a  generalizaciones 
sobre  la  cosmovision  de  los  portadores  de  la  colonizacion  y  de  la  dominacion 
colonial.  Se  detectan  dos  dificultades  adicionales:  por  un  lado,  no  todos  los 
«blancos»  de  una  colonia  eran  tambien  por  serlo  amos  coloniales:  el  escritor 
tunecino  Albert  Memmi  sehalo  en  1957,  en  un  influyente  estudio,  que  no  todos 
los  «colonizadores»  se  convirtieron  tambien  en  «colonialistas»;  habia 
«colonizadores  bienintencionados»  que  trataban  de  evitar  las  situaciones  de 
abuso  de  poder  mäs  brutales  o  que  incluso  combatieron  el  sistema  colonial[2]. 
Un  ejemplo  es  el  escritor  George  Orwell,  que  de  joven  fue  oficial  de  policia  en 
Birmania,  entre  1922  y  1927,  relatando  luego  sus  experiencias  en  varios  textos 
que  criticaban  el  colonialismo  (veanse  «Los  dias  de  Birmania»,  «Matar  un 
elefante»  y  «Un  ahorcamiento»).  Por  otro  se  debe  constatar,  con  el  poeta  Aime 
Cesaire  y  el  psicoanalista  Oscar  Mannoni,  un  importante  aspecto  psicolögico  de 
la  situacion  colonial:  la  idea  de  que  en  una  relaciön  amo-siervo  caracterizada  por 
la  diferencia  etnica,  tambien  el  amo  y  el  ama  sufren  deformaciones  de  su 
personalidad  y  se  «deshumanizan»[3],  Bajo  esa  luz  habria  que  leer  determinadas 


declaraciones  de  colonizadores,  no  solo  como  ideolögicas,  sino  tambien  como 
sociopatologicas. 

Independientemente  de  tales  diferenciaciones,  se  pueden  identificar  tres 
elementos  bäsicos  del  pensamiento  colonial,  especialmente  en  su  forma  tardia:  la 
idea  de  la  ajenidad  irreconciliable,  la  creencia  en  los  bienes  superiores  de  la 
colonizacion  y  la  utopia  de  la  administraciön  purificadora. 

1)  Contraimägenes  antropolögicas :  la  construcciön  de  la  «otredad»  inferior. 
En  el  centro  del  pensamiento  colonial  se  mantiene  la  idea  de  que  los  habitantes 
de  las  regiones  extraeuropeas  son  fundamentalmente  diferentes  de  los  europeos; 
su  distinta  dotacion  de  dones  mentales  y  fisicos  no  les  permite  alcanzar  los 
mismos  logros  culturales  y  hazanas  heroicas  que  solo  la  Europa  moderna  puede 
exhibir.  Esa  pauta  bäsica  de  una  supuesta  diferencia  fundamental  podria  contarse 
de  otra  manera:  teolögicamente  como  depravacion  pagana,  tecnologicamente 
como  inferioridad  en  el  control  de  la  naturaleza,  ecolögicamente  como  huella 
determinista  de  un  häbitat  tropical  que  debilita  la  constitucion  humana, 
biolögicamente  como  reduccion  de  unas  caracteristicas  de  raza  presuntamente 
invariables.  Las  ideas  respectivamente  dominantes  seguian  aproximadamente  ese 
orden.  El  racismo  era  pues  la  ultima  y  mäs  resistente  Version  del  axioma 
diferencial.  Al  menos  durante  las  tres  o  cuatro  decadas  anteriores  a  la  Primera 
Guerra  Mundial  era  considerado  incuestionable  por  europeos  y  estadounidenses 
de  casi  todas  las  creencias  politicas. 

De  todos  modos,  no  estä  nada  claro  lo  que  se  deba  entender  por  «racismo»  en 
su  evoluciön  conceptual  y  como  juicio  cientifico.  El  nücleo  del  pensamiento 
multirracial  fue  formulado  en  1900  con  gran  aprobaciön  por  el  famoso  anticuario 
liberal  y  humanista  ingles  Gilbert  Murray:  «En  el  mundo  hay  una  jerarquia  de 
razas.  [...]  Las  naciones  que  mäs  consumen,  que  plantean  mayores  demandas  y 
reciben  mayores  ingresos  guiarän  y  dominarän  a  las  demäs,  y  los  trabajos  mäs 
humildes  serän  realizados  a  la  larga  por  las  razas  inferiores  [ the  lower  breeds  of 
men].  Los  que  gozamos  del  color  de  piel  dominante  podemos  considerar  esto 
como  algo  obvio»[4],  La  declaraciön  de  Murray  corresponde  tambien  en  ese 
sentido  al  centro  del  pensamiento  racista,  cuando  establece  para  casi  todo  el 
racismo  excepto  el  antisemitismo  un  vinculo  indeleble  con  la  explotaciön  del 
trabajo[5], 

Aunque  tales  verdades  aparentes,  que  parecian  respaldadas  por  la  biologia  y  la 
antropologia,  encontraban  aclamaciön  general,  eso  no  significa  en  modo  alguno 
que  todos  los  colonialistas  extrajeran  de  ellas  consecuencias  agresivas  para  los 


seres  humanos  a  los  que  aludlan.  Si  se  busca  un  denominador  mäs  comün  para  el 
pensamiento  colonialista  que  abarque  tambien  a  su  fase  mäs  tardla,  posterior  a 
1920,  cuando  el  determinismo  biologico  mäs  desahogado  habia  desaparecido 
präcticamente  del  pensamiento  cientifico,  cabe  mencionar  la  idea,  todavia  muy 
extendida,  de  que  existe  un  «caräcter»  africano,  oriental,  indio  (o  de  cualquier 
otra  unidad  colectiva  que  se  quiera)  que  descalifica  una  equiparaciön  plena  de 
los  no  europeos  con  los  europeos. 

La  psicologia  amateur  de  los  amos  coloniales,  aplicada  cotidianamente  de 
forma  rutinaria  y  siguiendo  el  mecanismo  de  la  «profecia  autocumplida»,  se 
basaba  en  tales  generalizaciones  caracterolögicas:  los  «nativos»  son  perezosos, 
picaros,  crueles,  ingenuos,  inmorales,  hipocritas,  incapaces  del  pensamiento 
abstracto,  impulsivos,  etc.£6].  Pero  tambien  la  ciencia  seria  operaba  con 
contraposiciones  valorativas.  Lo  que  se  ha  llamado  «orientalismo»  se  debe  a  una 
perversiön  distanciadora:  «Oriente»  es  en  todos  los  aspectos  la  antitesis  de 
Europa:  estätico,  ahistörico,  incapaz  de  autorreflexiön,  inapropiado  como  objeto 
de  la  historia  y  de  la  investigaciön,  etc  .£7].  Tambien  la  influyente  teoria,  al 
menos  durante  un  tiempo,  de  la  «economia  dual»,  segün  la  cual  en  una  economia 
colonial  coexistian  dos  sectores,  uno  tradicional  y  de  mera  subsistencia  y  otro 
moderno,  dinämico,  volcado  en  la  exportaciön  bajo  direccion  extranjera,  partia 
en  sus  primeras  formulaciones  de  supuestos  antropolögicos  y  economicos 
simples  sobre  el  comportamiento  de  los  productores  nativos:  el  asiätico  no  era  un 
«homo  economicus»,  por  lo  que  debia  ser  obligado,  a  su  pesar,  a  someterse  a  su 
laboriosa  suerte. 

2)  Fe  en  el  mensaje  y  deber  de  tutela.  Quien  depende  de  la  naturaleza  o  es 
inmaduro  -esto  se  deduce  obligatoriamente  del  axioma  de  la  diferencia-  debe 
ser  guiado.  Tal  guia  debe  corresponder  automäticamente,  atendiendo  al  orden 
jerärquico  de  las  razas  y  las  civilizaciones,  a  las  superiores  situadas  por  encima. 
La  legitimacion  del  dominio  colonial  prevaleciente  en  el  colonialismo  de  los 
siglos  XIX  y  XX  hasta  la  idea  de  los  mandatos  de  la  Liga  de  las  Naciones  no  se 
basaba  en  reclamaciones  de  los  conquistadores  a  un  supuesto  derecho  senorial, 
sino  en  la  pretensiön  de  cumplir  una  misiön  histörica  mundial  como  liberadores 
de  la  tirania  y  de  la  oscuridad  espiritual[8].  Se  invocaba  el  doble  deber  moral, 
por  una  parte  de  transmitir  a  los  habitantes  de  los  tröpicos  las  bendiciones  de  la 
civilizaciön  Occidental,  y  por  otra  de  activar  las  fuerzas  productivas  «en 
barbecho»  en  Ultramar  para  el  beneficio  general  de  la  economia  mundial.  Lord 
Lugard  formulö  en  1922  esta  famosa  teoria  del  «doble  mandato»,  tutela  de  los 


paises  desarrollados,  esto  es,  de  las  «razas  superiores»,  como  las  llamaba  no  solo 
Lugard,  sobre  todas  las  regiones  necesarias:  pollticamente,  porque  los  africanos 
todavla  eran  incapaces  de  gobernarse  a  sl  mismos  y  los  asiäticos  deblan  ser 
liberados  lentamente  de  sus  tradiciones  despöticas;  econömicamente,  ya  que 
primero  deberlan  ensenarse  la  etica  del  trabajo  y  la  racionalidad  del  mercado;  y 
culturalmente,  ya  que  no  se  podrlan  liberar  por  su  propia  reflexiön  de  sus  malos 
häbitos  usuales,  sus  creencias  «supersticiosas»  y  sus  vicios  morales. 

La  relaciön  entre  colonizados  y  colonizadores  no  era,  por  tanto,  de  explotaciön, 
sino  de  complementariedad:  cada  parte  necesitaba  a  la  otra.  Se  insistla  una  y  otra 
vez  en  la  «responsabilidad»  que  atanla  a  la  minorla  en  posiciones  superiores  de 
la  humanidad  frente  a  la  mayoria  subdesarrollada,  en  posiciones  inferiores  («la 
carga  del  hombre  blanco»).  El  dominio  colonial  era  enaltecido  como  don  y  acto 
de  gracia  de  la  civilizaciön,  como  una  especie  de  intervenciön  humanitaria  a 
largo  plazo.  La  tarea  era  tan  enorme  que  no  cabia  pensar  en  un  cumplimiento 
räpido.  Por  eso,  hasta  la  vispera  de  la  descolonizaciön,  los  representantes 
europeos  mäs  liberales  de  un  colonialismo  benefico,  educador,  sucumbian  a  una 
ilusiön  de  permanencia.  Esa  ilusiön  era,  por  cierto,  relativamente  reciente.  Al 
menos  hasta  mediados  del  siglo  XIX  gran  parte  de  las  elites  politicas  de  los 
paises  colonizadores  no  esperaban  mantener  un  dominio  de  larga  duraciön  sobre 
los  sübditos  coloniales. 

3)  Utopia  de  la  negaciön  de  la  politica.  La  justificaciön  ideolögica  del 
proyecto  colonial  por  la  misiön  civilizadora  comenzö  con  la  conquista  iberica, 
alcanzo  su  culminaciön  moderna  entre  1880  y  1914,  poco  mäs  o  menos,  y  pasö, 
despues  de  la  Primera  Guerra  Mundial,  a  su  fase  tardia  depurada  en  la  que  ya  no 
se  trataba  tanto  de  «tutela»  sino  de  «fideicomiso»,  en  la  que  algunos  teoricos 
coloniales  sonaban  incluso  con  una  sintesis  cultural  entre  Oriente  y  Occidente. 
Lo  que  permanecio  invariable  a  lo  largo  del  tiempo  fue  la  utopia  de  la 
administraciön  libre  de  politica.  Los  europeos  creian  que  habian  encontrado  un 
«caos»  al  que  debian  imponer  un  orden.  Ese  orden  nunca  estaba  asegurado  por 
completo;  la  anarquia  doblegada  y  la  impulsividad  nunca  estaban  fiablemente 
conjuntadas.  Los  colonos  y  altos  burocratas  coloniales  siempre  estaban  imbuidos 
del  temor  al  caos:  un  momento  de  debilidad  podria  alentar  a  los  tutelados  mäs 
pendencieros  y  provocar  su  «levantamiento»[9] . 

La  renovaciön  organizativa  y  la  reconfiguraciön  de  las  colonias  aparecio  al 
principio  como  tarea  sanitaria  de  supresiön  de  abusos,  mäs  tarde  como  un 
desafio  al  arte  de  la  la  geometria  burocrätica,  libre  del  tumulto  de  los  partidos  y 


los  representantes  de  diversos  intereses.  Esto  fue  particularmente  cierto  en  las 
colonias  de  dominaciön,  mientras  que  en  las  colonias  de  asentamiento  de 
colonos  la  rivalidad  entre  estos  y  los  nativos  reducla  el  margen  de  maniobra 
administrativa.  Ese  fue  uno  de  los  secretos  del  exito  de  los  grandes  procönsules 
europeos  que  -como  dijo  lord  Cromer,  la  mäxima  autoridad  en  Egipto  entre 
1883  y  1906-,  «tendlan  a  despolitizar  la  polltica  y  a  reducir  todas  las  cuestiones 
humanas  a  problemas  de  la  administraciön  ordinaria»[10].  Cromer  describla 
repetidamente  en  su  libro  Modern  Egypt  (1908)  -la  exposiciön  mäs  acabada  del 
pensamiento  colonial  britänico  en  relaciön  con  su  gran  Imperio-,  el  gobierno  de 
Egipto  como  el  funcionamiento  de  una  «mäquina»,  que  solo  se  mantenia 
operativa  por  la  voluntad  imperial.  Por  eso  el  Estado  colonial  trataba  con 
irritaciön  y  reluctancia  los  intentos  inofensivos  y  sinceros  de  introducir  las 
formas  politicas  occidentales.  Nada  debia  perturbar  la  paz  de  la  administraciön 
eficiente.  Por  el  contrario,  en  los  testimonios  de  los  colonizados  aparecian 
constantemente  quejas  sobre  «la  aplastante  carga  de  aburrimicnto»[l  1]  en 
sociedades  a  las  que  estaba  vedado  el  retorno  a  formas  politicas  precoloniales  y 
al  mismo  tiempo  el  acceso  a  la  polltica  moderna.  La  liberaciön  de  esa  parälisis 
representaba  para  muchos  el  mayor  atractivo  de  los  movimientos  nacionales. 


«SABER  COLONIAL» 

El  pensamiento  colonialista  podia  expresarse  de  modos  diferentes, 
dependiendo  del  contexto  y  el  medio.  En  las  colonias  solia  mostrarse  muy 
distinto  que  en  las  «metröpolis»,  y  en  las  colonias  de  asentamiento  muy  diferente 
que  en  las  de  dominaciön.  Dos  de  sus  manifestaciones  mäs  importantes  eran  los 
sistemas  de  saber  colonial  y  las  formas  de  polltica  simbölica. 

Las  colonias  eran  lugares  de  producciön  asi  como  de  aplicaciön  de 
conocimientos  especificos.  Desde  el  descubrimiento  y  colonizaciön  de  America, 
los  procesos  de  expansiön  colonial  fueron  cambiando  el  horizonte  de  lo  que  los 
amos  coloniales  podian  conocer  y  pensar.  Cultivos  hasta  entonces  desconocidos 
-y  la  experiencia  correspondiente-  se  extendieron  gradualmente  por  todo  el 
mundo;  el  conocimiento  de  territorios,  climas,  especies  de  animales,  pueblos  y 
culturas  extranjeros  fue  llegando  a  todas  las  cortes  y  centros  academicos 
europeos.  Sobre  todo  para  las  ciencias  empiricas  recien  constituidas  en  el  siglo 
XIX,  las  colonias  ofrecian  nuevos  campos  de  investigaciön  y 
experimentacion[  1 2] .  En  algunas  disciplinas  y  subdisciplinas  -como  la 


etnologia,  la  antropologia,  la  geografia,  el  derecho  colonial  o  la  medicina 
tropical-  esos  vinculos  histöricos  son  particularmente  significativos.  Pero 
tambien  otros,  sobre  todo  disciplinas  ligadas  con  los  objetos  como  la  arqueologia 
o  la  botänica,  se  habrian  desarrollado  de  modo  muy  diferente  sin  el  colonialismo. 

Pero  lo  que  se  entiende  por  «saber  colonial»  no  son  ünicamente  las 
circunstancias  de  su  producciön,  sino  tambien  los  usos  que  lo  caracterizan[13]. 
Tales  saberes  fluyen  en  la  practica  de  la  conquista  y  la  dominacion  colonial.  La 
ocupaciön  europea  y  la  colonizaciön  parcial  del  continente  africano  no  habrian 
sido  posibles  sin  los  avances  en  la  lucha  contra  la  malaria.  La  sabiduria  colonial 
no  era  por  tanto  un  conocimiento  principalmente  teörico,  sino  sobre  todo  una 
guia  para  la  acciön,  imprescindible  para  la  politica  de  dominio  y  los  dispositivos 
juridicos,  establecimiento  de  fronteras  y  formas  de  poblamiento;  podia  llegar, 
por  ejemplo  en  las  reglas  indumentarias,  hasta  la  vida  cotidiana. 

En  ese  contexto  reunia  un  conjunto  de  datos  y  formas  de  pensar,  que  era 
utilizado  para  someter,  organizar  y  codificar  los  territorios,  poblaciones  y 
culturas  colonizados.  El  orden  y  denominaciön  comenzaron  incluso  antes  que  la 
propia  colonizaciön:  «Situando  regiones  sobre  un  mapa  del  pais  y  registrando 
vocabularios  locales  en  listas,  los  descubridores  establecieron  los  primeros  y  mäs 
profundos  fundamentos  del  poder  colonial»[14].  En  particular,  en  contextos  de 
dominio  «indirecto»,  la  clasificaciön  de  las  poblaciones  colonizadas  tenia  efectos 
fundamentales  para  la  organizaciön  del  Estado  colonial  y  el  reclutamiento  de 
colaboradores.  Un  ejemplo  es  el  sistema  de  castas,  considerado  durante  mucho 
tiempo  por  los  administradores  coloniales  britänicos  como  la  clave  para  entender 
-y  dominar-  la  sociedad  india.  Del  mismo  modo,  la  identificaciön  y  codificaciön 
de  las  «tribus»  y  «grupos  etnicos»  era  bäsica  para  la  practica  administrativa 
colonial  en  Africa.  La  historia  de  los  colonialismos  es  rica  en  otros  ejemplos, 
como  la  contraposiciön  de  los  «ärabes»  del  Norte  de  Africa  con  los  «bereberes», 
o  la  büsqueda  de  «pueblos  guerreros»  (martial  races),  en  las  que  la  practica  del 
dominio  se  orientaba  por  clasificaciones  estereotipadas  de  los  pueblos 
sometidos,  induciendolos  en  cierta  medida  a  llevar  cierto  modo  de  vida.  La 
reducciön  de  sociedades  complejas  a  unos  pocos  criterios  regulatorios  y  su 
aplicaciön  administrativa  es  tambien  la  razön  para  que  categorias  supuestamente 
«autenticas»  como  las  «castas»  y  «tribus»  sean  descritas  hoy  dia  exageradamente 
como  «invenciones»  totalmente  ficticias. 

La  critica  poscolonial  de  esos  saberes  y  esas  categorias  ha  puesto  de  relieve  su 
coherencia  y  asertividad,  asi  como  una  estrecha  complicidad  entre  el 
conocimiento  y  la  dominacion  colonial.  El  colonialismo  es  para  algunos  autores 


como  el  cortejo  triunfal  de  un  «mundo-como-exposici6n»[15].  como  un  proyecto 
de  reestructuraciön  cognitiva  y  de  sometimiento  de  continentes  enteros  y  de  los 
propios  colonizados,  irremisiblemente  entregados,  incluso  en  su  resistencia.  Y  de 
hecho  el  pensamiento  colonial  no  se  limita  a  los  colonizadores.  Los  estereotipos 
y  categorias  perceptivas  que  los  europeos  crearon  de  la  gente  de  otras 
civilizaciones,  encuentran  a  menudo  acceso,  a  traves  de  la  educaciön,  la  practica 
administrativa,  la  costumbre,  la  falta  de  alternativas  y  una  especie  de 
identificaciön  con  el  agresor,  en  sus  propios  häbitos  mentales.  Muchos  indios 
aceptan,  por  ejemplo,  el  prejuicio  britänico  de  que  eran  «debiles»  por  naturaleza, 
o  de  que  buscaban  mediante  esfuerzos  particularmente  energicos,  por  ejemplo  en 
el  deporte,  una  especie  de  compensaciön[  1 6] .  A  la  disposiciön  mental  bäsica  de 
cada  pueblo  colonizado  corresponderia  una  sensaciön  de  inadecuaciön, 
particularmente  notoria  en  el  mundo  colonial  en  aquel  ambiente  occidentalizado 
donde  esfuerzos  heroicos  por  dominar  la  cultura  europea  no  llevaban  a  un 
reconocimiento  pleno  por  los  miembros  de  la  «imperial  race». 

Sin  embargo,  las  relaciones  entre  el  saber  y  la  dominaciön  colonial  eran  mäs 
complejas  de  lo  que  sugiere  un  modelo  de  complicidad  simple.  Hay  que 
mencionar  al  menos  cinco  aspectos:  primero,  el  saber  estaba  integrado  en  todo 
un  conjunto  de  mecanismos  de  poder;  la  importancia  en  el  del  saber  dependia  del 
contexto  y  la  fase  de  dominaciön  colonial.  En  segundo  lugar,  las  formas  de 
conocimiento  formadas  y  utilizadas  en  contextos  coloniales  no  eran  en  modo 
alguno  simples  creaciones  de  formas  importadas  de  pensamiento;  mäs  bien  se 
trataba  principalmente  de  una  complicada  interacciön  de  epistemologias  locales 
e  importadas,  de  las  que  a  menudo  surgia  algo  completamente  nuevo.  Las 
provisiones  de  sabiduria  de  las  autoridades  coloniales  a  menudo  resultaban  ser 
incoherentes,  ambiguas  e  incompletas,  y  por  tanto  solo  relativamente  ütiles.  En 
tercer  lugar,  surgian  categorias  de  saber  «colonial»  de  la  interacciön  entre 
diferentes  agentes,  que  a  menudo  tenian  diferentes  intereses[17];  los  colonizados 
desempenaban  con  frecuencia  ahi  -como  informantes,  traductores, 
«intermediarios»-  un  papel  considerable.  En  cuarto  lugar,  el  saber,  tambien  el 
colonial,  «circulaba».  Estaba  incorporado  en  circulos  internacionales  de 
conocimiento  e  intercambio,  que  no  se  limitaban  a  las  relaciones  entre  la  colonia 
y  la  metröpoli. 

En  quinto  lugar,  el  saber  producido  y  empleado  en  el  contexto  colonial  no  era 
necesariamente  procolonialista.  La  etnologia  alemana,  que  en  1900  se  tenia  en 
toda  Europa  como  modelica,  se  basaba  en  una  tradiciön  liberal,  humanista,  que 
ofrecia  un  marco  para  la  critica  del  racismo  y  el  colonialismo[18].  Por  encima  de 


todo,  los  colonizados  se  servlan  no  obstante  en  su  critica  y  el  diseno 
programätico  del  movimiento  nacionalista  de  nuevas  categorias  y  sistemas  de 
clasificaciön.  En  contraposiciön  al  pensamiento  colonialista  se  alzaban  no  solo 
tradiciones  nativas  fortalecidas,  resucitadas  o  inventadas,  sino  tambien  las  ideas 
filosoficas,  jurldicas  y  esteticas  europeas  que  el  colonialismo  no  podla  eliminar. 


POLfTICA  DE  SIMBOLOS  EN  LAS  COLONIAS 

Ninguna  dominacion  colonial  carecia  de  simbolos,  pero  en  ninguna  parte  fue 
tan  pronunciada  su  presencia  simbolica  como  en  Argelia,  donde  las  tropas 
francesas  en  retirada  en  1962  intentaron  dejar  numerosos  monumentos  en  honor 
de  Francia.  La  politica  simbolica  constituia  siempre,  en  cualquier  caso,  un 
elemento  integrante  de  la  fonnaciön  de  todo  el  Estado  y  la  sociedad  colonial:  los 
simbolos  eran  un  recurso  importante  que  servia  para  proyectar  el  orden  colonial 
y  las  relaciones  imperiales  -a  menudo  abstractas-  en  el  horizonte  de 
experiencias  de  los  contemporäneos[19].  Como  medios  de  integracion  los 
simbolos  politicos  debian  cumplir  diversas  funciones:  en  primer  lugar,  situar  la 
colonia  dentro  del  amplio  imperio  colonial  y  en  particular  representar  su  vinculo 
con  la  metropoli;  segundo,  expresar  y  legitimar  la  estructura  y  las  jerarquias 
internas  de  la  sociedad  colonial  recien  creada;  en  tercer  lugar,  especialmente  en 
el  caso  de  los  mayores  grupos  de  colonos,  integrar  sus  componentes  a  menudo 
heterogeneos  y  expresar  su  relacion  generalmente  complicada  con  la  «madre 
patria».  Para  ello  habia  un  amplio  espectro  de  medios  simbölicos  que  se  podian 
utilizar,  desde  los  mäs  püblicos  como  ciertos  estilos  arquitectönicos, 
monumentos  y  ceremonias,  hasta  otros  mäs  sutiles  como  el  cambio  de 
denominacion  de  los  espacios  colonizados. 

Los  campos  y  escenas  experimentales  centrales  de  la  politica  simbolica 
colonial  eran  las  ciudades.  Ahi  se  encontraban  los  centros  de  poder  estatales  y 
los  principales  espacios  de  interacciön  de  las  sociedades  coloniales  «plurales»,  y 
a  eilas  correspondia  especialmente  la  atencion  de  los  amos  coloniales[20].  Su 
planta,  su  arquitectura,  la  disposicion  de  los  edificios  representativos,  la  ereccion 
de  monumentos  y  la  asignaciön  de  nombres  de  calles  les  daba  -deliberada  o 
involuntariamente-  una  impronta  simbolica  especifica.  Las  ciudades 
hispanoamericanas  como  Ciudad  de  Mexico  o  Lima,  con  su  paisaje  distintivo, 
centros  profusamente  remodelados  como  Argei,  Hanoi  o  Calcuta,  o  amplias 
urbanizaciones  de  nueva  creacion  como  Dakar  o  Nueva  Delhi  eran 


principalmente  simbolos  de  la  dominaciön  colonial.  Tambien  los  conflictos  de 
simbolos  y  los  cambios  de  formas  simbölicas  se  solian  producir  en  primer  lugar 
en  las  ciudades. 

Que  formas  adoptaba  la  politica  simbölica  en  una  situaciön  colonial 
determinada  dependia  de  diversas  variables:  la  estructura  y  präcticas  de 
dominaciön,  la  relaciön  de  fuerzas  en  el  Estado  colonial,  la  composiciön  y  la 
importancia  de  la  colonia,  los  sistemas  simbölicos  de  las  culturas  colonizadas  y 
la  cultura  politica  y  la  politica  colonial  de  la  metröpoli.  Ideotipicamente  se 
pueden  distinguir  tres  estrategias  bäsicas:  1)  la  movilizaciön  de  (supuestos) 
simbolos  y  «tradiciones»  locales;  2)  la  proliferaciön  de  simbolismos  de  la 
metröpoli;  y  3)  la  glorificaciön  de  la  respectiva  historia  colonial.  Todas  las 
estrategias  bäsicas  se  combinaban,  ya  fuera  en  forma  mixta  o  alternativamente, 
dependiendo  del  destinatario  y  el  contexto.  La  primera  estrategia  se  daba  en 
casos  en  que  los  representantes  e  instituciones  del  Estado  colonial  vestian  una 
especie  de  atuendo  «indigena».  En  ciudades  como  Bombay,  Argei  o  Hanoi  se 
llevaron  a  cabo  experimentos  arquitectönicos  que  utilizaban  lenguajes  formales 
locales  al  menos  en  la  decoraciön.  Su  empleo  mäs  amplio  se  dio  en  la  lndia 
britänica,  donde  el  monarca  britänico  y  sus  representantes  locales  acabaron 
presentändose  desde  la  coronaciön  de  la  reina  Victoria  como  emperatriz  de  la 
lndia  (1877)  como  herederos  directos  del  Gran  Mogol[21].  En  la  Corte  de  Delhi 
(Durbar)  tenian  lugar  monumentales  representaciones  de  audiencias  imperiales  - 
con  gran  pompa  y  mascarada  orientalista-  que  escenificaban  la  imagen  britänica 
de  un  orden  politico  y  social  feudal  en  la  lndia  bajo  el  dominio  britänico,  que 
desde  1858  llevaba  el  nombre  de  raj. 

La  estrategia  contraria  consistia  en  la  traslaciön,  difusiön  y  a  menudo 
adaptaciön  creadora  de  simbolos  procedentes  de  la  metröpoli[22].  La  «madre 
patria»  se  hacia  presente  en  Ultramar  mediante  banderas,  simbolos  estatales, 
retratos  de  los  monarcas  o  presidentes,  fiestas,  edificios  religiosos,  estilos 
arquitectönicos  «nacionales»,  etc.  En  el  caso  de  la  migraciön  de  colonos,  esa 
propagaciön  era  a  menudo  involuntaria.  En  muchos  casos,  sin  embargo,  se 
basaba  en  una  adopciön  e  imitaciön  deliberada  que  podia  elevarse  hasta  la 
sobrecompensaciön.  Al  igual  que  el  de  la  lndia,  cabe  mencionar  a  este  respecto 
el  caso  de  Argelia,  que  (a  partir  de  1871)  era  considerada  como  parte  integrante 
del  territorio  nacional  frances.  Los  simbolos  republicanos  (como  el  busto  de 
Marianne),  la  fiesta  nacional  del  14  de  julio  y  la  conmemoraciön  de  la  Segunda 
Guerra  Mundial  se  celebraban  alli  con  un  fervor  que  solo  podia  compararse  con 
el  de  los  departamentos  franceses. 


Una  tercera  estrategia  se  ponia  en  marcha  a  menudo  despues  de  una  primera 
fase  de  consolidaciön,  cuando  el  Estado  colonial  pretendia  asegurar  con  ella  su 
propia  historia  y  «tradiciön».  Actos  y  actores  de  su  creaciön  y  desarrollo 
aparecian  en  el  centro  de  una  politica  conmemorativa  heroica,  que  en  su  mayoria 
giraba  en  torno  de  las  batallas  y  representantes  de  los  ejercitos  coloniales, 
recreando  tambien  las  figuras  de  importantes  gobernadores.  En  las  colonias  de 
asentamiento  se  anadia  a  esas  formas  conmemorativas  del  Estado  militar  un 
culto  a  los  «pioneros»  que  transformaba  el  surgimiento  de  la  dominaciön 
colonial  en  un  acto  heroico  de  la  empresa  civilizadora. 

Los  simbolos  coloniales  eran  simbolos  de  poder;  al  mismo  tiempo,  abrian 
espacios  de  interacciön  que  tambien  ofrecian  oportunidades  de  apropiaciön  y 
resistencia.  Las  nuevas  creaciones  «criollas»  en  Norte  y  Sudamerica  tambien 
servian  de  demarcaciön  con  respecto  a  las  metröpolis  de  origen;  el  disfraz  de 
indios  de  los  activistas  del  Boston  Tea  Party  (16  de  diciembre  de  1773)  es  un 
ejemplo  destacado.  Tambien  los  colonizados  sabian  como  manipular  los 
lenguajes  simbölicos.  Reinterpretaciön  de  los  simbolos  oficiales,  acciones  de 
boicot  y  destrucciön  escenificada  de  simbolos  eran  a  menudo  elementos  clave  en 
la  lucha  por  la  hegemonia  cultural  y  en  la  construcciön  de  un  simbolismo 
nacional  propio. 


COLONIALISMO  Y  CULTURA  METROPOLITANA 

El  colonialismo  no  dejö  ünicamente  su  huella  en  los  paises  colonizados; 
tambien  las  metröpolis  se  vieron  alteradas  por  el.  Las  dimensiones  y  formas  de 
tales  efectos  retroactivos  variaban  considerablemente:  se  pueden  incluir  entre 
ellos  «pesos  pesados»  histöricos  como  las  riquezas  latinoamericanas  que 
fmanciaron  las  guerras  europeas,  asi  como  las  huellas  digitales,  desarrolladas  en 
la  Bengala  colonial  como  tecnica  de  identificaciön.  Despues  de  que  una 
perspectiva  nacional  histörica  estrecha  las  haya  ignorado  durante  mucho  tiempo, 
las  variadas  reacciones  sobre  las  metröpolis  de  las  posesiones  coloniales 
despiertan  un  interes  especial  entre  los  investigadores[23].  que  atienden  a  las 
relaciones  econömicas  y  comerciales,  la  demografia,  la  movilidad  y  migraciön, 
la  estructura  y  los  movimientos  sociales,  la  politica,  las  präcticas  administrativas 
y  de  dominaciön,  la  ciencia,  la  medicina  y  la  ensenanza. 

Pero  la  investigaciön  no  ha  dedicado  a  ningün  campo  tanta  atenciön  como  a  la 
presencia  de  mundos  coloniales  (imaginarios)  en  las  culturas  metropolitanas. 


Bajo  el  termino  «cultura  colonial»  se  incluian,  en  los  Ultimos  anos,  muchos  de 
los  elementos  sobre  los  que  las  posesiones  coloniales  y  el  pensamiento 
colonialista  se  expresaban  en  la  alta  cultura  y  en  la  populär:  desde  la  poesia,  los 
relatos  de  viajes,  prensa,  publicidad,  pintura,  radio  y  eine  hasta  el  teatro,  cabarets 
y  music  halte,  arquitectura,  monumentos,  ceremonias,  museos  y  exposiciones, 
fotograflas,  postales  y  sellos  de  correos[24]. 

A  la  posesiön  colonial  no  le  seguia  automäticamente  la  cultura  colonial,  cuyas 
formas,  magnitud  e  intensidad  estaban  ligadas  en  distintas  proporciones 
politicas,  tecnicas  y  de  medios  histöricos,  que  tenian  mäs  que  ver  con  la  historia 
de  la  cultura  metropolitana  que  con  las  propias  colonias:  el  flujo  de 
comunicaciön  y  movilidad  entre  colonia  y  metröpoli;  la  estructura,  la 
importancia  y  los  medios  de  comunicaciön  püblicos,  el  colonialismo  y  la  cultura 
metropolitana,  sobre  todo  una  cultura  populär  y  del  entretenimiento  en 
expansiön,  y  la  voluntad  muy  extendida  de  las  autoridades  püblicas  y  los  grupos 
de  presiön  privados  (como  las  asociaciones  misioneras  y  las  empresas 
comerciales),  de  tratar  con  indiferencia,  escepticismo  o  critica  la  Propaganda 
colonial[25].  Esto  explica  que  los  historiadores  no  se  ocupen  de  los  primeros 
intentos  de  cultura  colonial  con  influencia  de  masas  hasta  finales  del  siglo 
XVIII,  y  se  concentren  en  el  Alto  Imperialismo  y  el  periodo  de  entreguerras 
como  su  punto  culminante  absoluto.  Cierto  es  que  los  imperios  de  principios  de 
la  Era  Moderna  tambien  fueron  objeto  de  la  vida  cultural  europea,  por  ejemplo 
de  la  pintura  y  los  discursos  teolögicos[26]:  pero  esas  manifestaciones  se 
limitaron  en  gran  medida  a  los  circulos  cortesanos  y  academicos,  de  modo  que 
las  posesiones  coloniales  no  tenian  por  que  generar  obligatoriamente  una  cultura 
colonial.  Por  el  contrario,  se  encontraron  mäs  tarde  elementos  de  cultura  colonial 
en  paises  sin  colonias  (como  Suiza),  y  por  tanto  cultura  colonial  sin  posesiones 
coloniales. 

La  cultura  colonial  constituyö  menos  una  forma  cultural  sui  generis  que  un 
aspecto  de  la  vida  cultural  metropolitana  entre  otros.  Especialmente  en  el  siglo 
XIX  y  principios  del  XX  formaba  parte  de  los  desarrollos  bäsicos  de  la  actividad 
cultural  publica.  El  colonialismo  tenia  un  lugar  fljo  en  la  museologia  que  se  iba 
diferenciando  y  profesionalizando[27].  Desde  la  era  de  los  descubrimientos 
habia  artefactos,  animales  y  tambien  restos  humanos  de  Ultramar  entre  las 
curiosidades  y  colecciones  reunidas  por  los  principes.  De  ellas  surgieron  a 
finales  del  siglo  XIX  los  museos  püblicos  de  etnologia,  que  se  llenaron  a  toda 
velocidad  de  objetos  etnogräflcos  procedentes  de  las  Americas,  Äfrica,  Asia  y 
Oceania.  El  saqueo  sistemätico  en  el  marco  de  «expediciones  punitivas»  o 


conquistas  -como  la  campana  en  Egipto  de  Bonaparte  (1798-1801),  la 
destrucciön  franco-britänica  del  Palacio  de  Verano  de  Beijing  (1860)  o  la 
expediciön  britänica  a  Benin  (1897)-  dieron  lugar  a  importantes  colecciones. 
Los  productos  culturales  de  los  pueblos  colonizados  se  convirtieron  en  objetos 
de  un  mercado  del  arte  internacional,  que  no  respetaba  estrictamente  las 
fronteras  imperiales.  Asi  se  llenaron  los  museos  etnolögicos  alemanes  hacia 
1900  a  pesar  de  su  tardio  y  limitado  imperio  colonial. 

A  diferencia  de  las  colecciones  etnogräficas,  las  exposiciones  coloniales  y 
mundiales  eran  de  corta  duraciön.  Desde  la  Exposiciön  Universal  de  Londres  en 
1851  disfrutaron  de  gran  popularidad  no  solo  en  Europa  y  sus  imperios 
coloniales,  sino  tambien  en  Estados  Unidos,  America  Latina  y  Japön,  la  principal 
potencia  colonial  no  Occidental  de  la  epoca[28],  Ofrecian  como  entretenimiento 
espectäculos  de  ingenieria  y  arquitectura,  industria  y  artesania,  competencia 
nacional  y  parques  de  atracciones.  Los  temas  y  secciones  coloniales  ganaron 
popularidad  a  finales  del  siglo  XIX.  Las  exposiciones  coloniales  se  fueron 
convirtiendo  asi  en  un  (sub)genero  que  exponia  los  componentes  de  uno  o  varios 
imperios  con  mucho  color  y  exotismo  local.  Sus  productos  competian,  los  logros 
de  las  potencias  coloniales  eran  alabados  y  se  establecian  contactos  comerciales 
y  academicos. 

Una  de  sus  muestras  mäs  caracteristicas  eran  los  zoolögicos  humanos,  en  los 
que  se  exponia  a  gente  como  representantes  de  los  pueblos  «salvajes»  (no 
siempre  colonizados![29].  Si  a  principios  de  la  Era  Moderna  ya  se  habian 
exhibido  ejemplares  aislados  secuestrados  en  las  expediciones  a  Ultramar,  la 
exposiciön  de  gente  «insölita»  se  habia  convertido  desde  mediados  del  siglo  XIX 
en  un  espectäculo  voyeurista  y  un  lucrativo  negocio.  Algunos  empresarios 
realizaban  giras  durante  meses  con  ellos.  Como  ejemplares  culturales  y 
«raciales»  de  la  alteridad  les  acompanaban  a  menudo  tallas  o  pinturas  exöticas, 
bailes  populäres  u  obras  de  artesania,  enmarcadas  en  una  decoraciön  apropiada 
-«pueblos  nativos»,  ambientes  urbanos  como  la  populär  «calle  de  El  Cairo»  o 
casas  de  te  como  el  Pabellön  de  Taiwan  japones-;  aquellas  exposiciones 
coloniales  constituian  una  forma  particularmente  tangible  de  popularizaciön  del 
colonialismo  en  las  metröpolis.  Algunas  de  ellos  -especialmente  las 
exposiciones  de  Wembley  en  1924-1925  y  de  Paris  en  1931-  podian  recibir 
millones  de  visitantes  curiosos. 

Sin  embargo,  no  deben  exagerarse  las  influencias  coloniales  en  las  metröpolis. 
No  todos  los  aspectos  de  la  sociedad  britänica  o  francesa  del  siglo  XIX  estän 
asociados  con  los  imperios  coloniales  y  las  imägenes  cuasi-coloniales  tampoco 


eran  un  producto  automätico  del  colonialismo.  Contra  la  tendencia  a  discernir 
precipitadamente  «identidades  colectivas»  y  contenidos  inconscientemente 
consensuales  de  naciones  enteras,  deben  tenerse  en  cuenta  los  autenticos 
mecanismos  y  canales  de  influencia[30].  Las  repercusiones  de  las  colonias  -en  el 
campo  cultural  y  en  otros-  eran  variadas  y  vacilantes:  las  colonias  de  un  imperio 
colonial  podian  afectar  de  manera  diferente  a  sus  metropolis;  sus  efectos  podian 
cambiar  con  el  tiempo  y  ganar  o  perder  intensidad;  variaban  segün  el  ämbito  del 
que  se  tratase.  Por  otra  parte,  las  posesiones  coloniales  podian  percibirse  en  la 
metröpoli  de  modo  muy  diferente  dependiendo  de  la  clase,  religiön,  genero, 
generacion,  afiliacion  politica  y  trasfondo  biogräfico. 

Los  limites  de  la  impronta  cultural  colonial  no  se  muestran,  por  ultimo,  en  que 
sigan  dependiendo  en  su  totalidad  de  la  actividad  de  los  grupos  de  presiön 
activos.  Despues  de  la  descolonizacion  no  fue  necesaria  una  «politica  de  olvido» 
sistemätica  para  borrar  la  presencia  del  colonialismo  en  la  vida  publica  de  las 
metropolis,  desterritorializändola  como  una  epoca  ahora  percibida  como  molesta 
y  «terminada».  En  general  bastaba  que  las  agencias  gubernamentales  y  los 
grupos  de  intereses  privados  pusieran  fin  a  sus  actividades  de  Propaganda  y 
dejaran  agotarse  el  legado.  Sin  embargo,  el  colonialismo  habia  dejado  huellas 
duraderas  -tangibles  e  intangibles-  en  el  legado  metropolitano,  sobrevivieron  a 
la  descolonizacion.  Ahora  sirven  mäs  bien  como  punto  de  partida  para  el  estudio 
critico  del  pasado  colonial:  testimonios  de  la  pompa  imperialista  y  lugares  de 
violencia  colonial  son  redescubiertos  y  reapropiados  como  lugares 
conmemorativos,  reestructurändolos  como  museos  etnogräficos.  La  transiciön  de 
instrumentos  de  Propaganda  a  medios  de  la  conciencia  histörica  critica  es  tal  vez 
el  ultimo  giro  ironico  en  una  historia  tan  rica  en  consecuencias  involuntarias. 


[1]  Vease,  por  ejemplo,  A.  L.  Conklin,  A  Mission  to  Civilize:  The  Repuhlican  Idea  of  Empire  in  France 
and  West  Africa,  1895-1930,  Stanford,  1997. 

[2]  Vease  A.  Memmi,  Portrait  du  colonise,  nueva  edicion  Paris,  1973,  p.  49. 

[3]  Dos  textos  clave  del  anticolonialismo,  el  de  Cesaire  Discours  sur  le  colonialisme  y  el  de  Mannoni 
Psychologie  de  la  colonisation,  publicados  en  1950. 

[4]  Cit.  segün  M.  Banton,  Racial  Theories,  Cambridge,  1987,  p.  VII. 

[5]  Vease  tambien  R.  Ross,  «Reflections  on  a  Theme»,  en  R.  Ross  (ed.),  Racism  and  Colonialism,  La 
Haya,  1982,  pp.  7  y  ss. 

[6]  Vease  «Studie  über  Südostasien»  en  S.  H.  Alatas,  The  Myth  of  the  Lazy  Native,  Londres,  1977, 
especialmente  pp.  1 12  y  ss. 

[7]  E.  W.  Said,  Orientalismus,  Francfort,  2009  [ed.  cast.:  Orientalismo,  Libertarias,  Al  Quibla,  Madrid, 
1990], 

[8]  Vease  R.  Girardet,  L’idee  coloniale  en  France  de  1871  ä  1962,  nueva  edicion,  Paris  [1979],  pp.  136- 


138. 

[9]  Sobre  la  mentalidad  paranoide  de  las  minorlas  de  colonos  asentados,  vease  Kennedy,  Islands  of  White 
(86),  pp.  128-148. 

[10]  P.  J.  Vatikiotis,  The  Historv  ofEgypt:  From  Muhammad  Ali  to  Sadat,  Londres,  1991,  p.  174.  Vease 
tambien  R.  Owen,  Lord  Cromer:  Victorian  Imperialist,  Edwardian  Proconsul,  Oxford,  2004. 

[11]  N.  C.  Chaudhuri,  Thy  Hand,  Great  Anarch!  India:  1921-1952,  Londres,  1987,  p.  13. 

[12]  Un  campo  de  investigacion  complejo  que  abordan,  por  ejemplo,  D.  Bleichmar  et  al.  (eds.),  Science 
in  the  Spanish  and  Portuguese  Empires,  1500-1800,  Stanford,  2009;  B.  Stuchtey  (ed.),  Science  across  the 
European  Empires  1800-1950,  Oxford,  2005. 

[13]  De  esa  literatura  controvertida  mencionaremos  aqui  ünicamente  B.  S.  Cohn,  Colonialism  and  Its 
Forms  of  Knowledge:  The  British  in  India,  Princeton,  1996;  N.  B.  Dirks,  Castes  ofMind:  Colonialism  and 
the  Making  of  Modern  India,  Princeton,  2001;  P.  M.  E.  Lorcin,  Imperial  Identities:  Stereotyping,  Prejudice 
and Race  in  Colonial  Algeria,  Londres,  1995. 

[14]  J.  Fabian,  Language  and  Colonial  Power:  The  Appropriation  of  Swahili  in  the  Former  Belgian 
Congo,  1880-1938,  Cambridge,  1986,  p.  24. 

[15]  T.  Mitchell,  Colonising  Egvpt,  Cambridge,  1988,  por  ejemplo  p.  29. 

[16]  Vease  J.  E.  Walsh,  Growing  Up  in  British  India:  Indian  Autobiograph  er s  on  Childhood  and 
Education  under  the  Raj,  Nueva  York,  1983,  pp.  60  y  ss. 

[17]  Vease,  por  ejemplo,  E.  Sibeud,  Une  Science  imperiale  pour  l’Afrique?  La  construction  des  savoirs 
africanistes  en  France,  1878-1930,  Paris,  2002;  sobre  «intermediarios  culturales»,  S.  Schaffer  (ed.),  The 
Brokered  World:  Go-betweens  and  Global  Intelligence,  1770-1820,  Sagamore  Beach  (MA),  2009. 

[18]  Vease  H.  G.  Penny,  Objects  of  Culture:  Ethnologe  and  Ethnographie  Museums  in  Imperial 
Gennany,  Chapel  Hill  (NC),  2002. 

[19]  Para  una  mirada  sobre  el  caso  britänico,  vease  J.  Osterhammel,  «Symbolpolitik  und  imperiale 
Integration.  Das  Britische  Empire  im  19.  und  20.  Jahrhundert»,  en  B.  Giesen  et  al.  (eds.),  Die  Wirklichkeit 
der  Symbole,  Konstanz,  2004,  pp.  395-421. 

[20]  Sobre  el  caso  frances,  G.  Wright,  The  Politics  of  Design  in  French  Colonial  Urbanism,  Chicago, 
1991. 

[21]  Sobre  la  India,  Cohn,  Representing  Authority;  D.  Cannadine,  Ornamentalem:  How  the  British  Saw 
Th eir  Empire,  Londres,  2001,  pp.  41-57,  85-120. 

[22]  Sobre  tales  transferencias  y  su  dinämica  propia,  vease  J.  C.  Jansen,  «Celebrating  the  “Nation”  in  a 
Colonial  Context:  “Bastille  Day”  and  the  Contested  Public  Space  in  Algeria  (1880s-1930s)»,  en  Journal  oj 
Modern  Historv  85  (2013),  pp.  36-68. 

[23]  Sobre  el  caso  britänico,  este  es  un  asunto  especialmente  discutido.  Vease,  por  ejemplo,  B.  Porter, 
The  Absent-Minded  Imperialists:  Empire,  Society  and  Culture  in  Britain,  Oxford,  2004;  C.  Hall  y  S.  Rose 
(eds ,),At  Home  with  the  Empire:  Metropolitan  Culture  and  the  Imperial  World,  Cambridge,  2006. 

[24]  Panorämicas  generales  se  encuentran  en  C.  Hall  (ed.),  Cultures  of  Empire:  Colonizers  in  Britain  and 
the  Empire.  A  Reader,  Manchester,  2000;  P.  Blanchard  y  S.  Lemaire  (eds.),  Culture  coloniale:  la  France 
conquise  par  son  Empire,  1871-1931,  Paris,  2003;  R.  Aldrich,  Vestiges  of  the  Colonial  Empire  in  France, 
Basingstoke,  2005. 

[25]  Cläsicos  sobre  la  Propaganda  colonial  son  C.-R.  Ageron,  France  coloniale  ou  parti  colonial?,  Paris, 
1978;  J.  M.  MacKenzie,  Propaganda  and  Empire:  The  Manipulation  of  British  Public  Opinion,  1880-1960, 
Manchester,  1985. 

[26]  Abundante  material  en  J.  M.  Massing  (ed.),  The  Image  of  the  Black  in  Western  Art.  vol.  3,  2.“  parte: 
Europe  and  the  World  Beyond,  Cambridge  (MA),  2011. 

[27]  Vease,  por  ejemplo,  A.  E.  Coombes,  Reinventing  Africa:  Museums,  Material  Culture  and  Populär 
Imagination  in  Late  Victorian  and  Edwardian  England,  New  Haven,  1992;  A.  J.  M.  Henare,  Museums, 
Anthropology  and  Imperial  Exchange,  Cambridge,  2005;  Aldrich,  Vestiges,  pp.  245-290. 

[28]  Vease  al  respecto,  por  ejemplo,  P.  Greenhalgh,  Emphemeral  Vistas:  The  «Expositions  universelles», 
Great  Exhibitions  and  World’s  Fairs,  1851-1939,  Manchester,  1988;  A.  C.  T.  Geppert,  Fleeting  Cities: 


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Westen.  Japans  Zeitalter  der  Ausstellungen  1854-1941,  Francfort,  2011. 

[29]  Vease  A.  Dreesbach,  Gezähmte  Wilde.  Die  Zurschaustellung  «exotischer»  Menschen  in  Deutschland 
1870-1940,  Fräncfort,  2005. 

[30]  Para  un  enfoque  diferenciado  sobre  el  caso  britänico,  vease  A.  S.  Thompson,  The  Empire  Strikes 
Back?  The  Impact  of  Imperialism  on  Britain  from  the  Mid-Nineteenth  Century,  Harlow,  2005. 


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